Primer vuelo con azafatas

Una vida a bordo de Iberia: de volar 36 horas con tres escalas a cruzar el Atlántico en 12 horas sin paradas

Hace 80 años, un vuelo de Iberia contó por primera vez con azafatas, una profesión inicialmente reservada a mujeres de familias acomodadas que se ha democratizado y flexibilizado con el tiempo

Primeros años de la profesión de azafatas de vuelo
Primeros años de la profesión de azafatas de vuelo en Iberia.

Fue hace 80 años cuando, por primera vez un vuelo de Iberia contó con tripulantes de cabina de pasajeros (TCP), más conocidas como azafatas. Una profesión que ha cambiado profundamente a lo largo de los años: desde el primer viaje a Buenos Aires, que duró unas 36 horas con tres escalas, hasta los vuelos más actuales, que permiten cubrir la misma ruta en 12 horas y son directos.

En ese vuelo a la capital argentina, la gran novedad fue la presencia de cuatro pioneras que atendieron a los pasajeros por primera vez: Pilar Mascías, Marichín Ruiz, María José Ugarte y Ana Marsans. Ellas son las mujeres con las que nació la profesión de tripulantes de cabina de pasajeros, que hoy suma unos 4.062 profesionales en Iberia, de los que el 67% son mujeres y el 33%, hombres.

En aquel viaje, que duró 36 horas con escalas en Villa Cisneros (Sáhara Occidental), Natal y Río de Janeiro; las funciones de las azafatas eran, entre otras, transmitir tranquilidad y repartir un menú que incluía pollo frito, tortilla, huevo duro y bombones.

No fue hasta un año después, en 1947, cuando se incorporó el primer hombre tripulante de cabina de pasajeros, Fernando Castillo, a la compañía.

Durante estos años, a la evolución de la profesión le ha acompañado uno de los elementos más característicos de las azafatas de vuelo: el uniforme. De los primeros vestidos blancos con “tela de paracaídas” hasta los últimos trajes, diseñados por la catalana Teresa Helbig. En 80 años, la indumentaria de los TCP ha pasado por los talleres de Adolfo Domínguez, Alfredo Caral, Elio Berhanyer, Manuel Pertegaz y Pedro Rodríguez.

Imagen de una tripulante de cabina con el primer uniforme fabricado con tela de paracaídas.

De una profesión reservada a las clases altas a su democratización

En sus comienzos, el requisito principal para ser contratada como azafata de vuelo era saber idiomas, principalmente inglés, por lo que solamente podían acceder a la profesión aquellas mujeres cuyas familias podían permitirse que estudiaran.

Con el paso del tiempo, fueron cada vez más las mujeres que lograban acceder a la profesión. Fue hace 40 y 41 años, respectivamente, Carolina Viñe y Marta Padreny desembarcaron en Iberia como TCP. Este mes, ambas terminan su viaje profesional.

Carolina Viñe (d) y Marta Padreny (i)
Carolina Viñe (d) y Marta Padreny (i)

Tras su último vuelo a Nueva York, y con su última puesta del uniforme que la ha acompañado en esta última etapa, Padreny asegura que “volvería a hacer este trabajo. La balanza es positiva completamente”.

A Viñe le quedan todavía unas semanas para colgar para siempre el uniforme. Entretanto, recuerda la independencia que le ha aportado la profesión a su vida: “Este trabajo te enseña a ser muy independiente; para mí supuso la ilusión de mi vida al poder independizarme e irme de casa”.

Las nuevas generaciones escalan más rápido

Entre las principales diferencias que destacan del trabajo cuando ellas empezaron respecto al que realizan ahora las nuevas generaciones que se incorporan a la compañía, ambas señalan la rapidez con la que los jóvenes comienzan a hacer vuelos de largo radio (transatlánticos).

Y es que, tanto Marta como Carolina pasaron los primeros 12 años de su carrera laboral en vuelos de corto radio (nacionales y europeos), mientras señalan que los jóvenes que llegan pasan a hacer vuelos transatlánticos pasado el primer año.

Nueva generación de TCP’s junto a Paco Rueda, Sobrecargo y Director TCP Iberia

También apuntan a los cambios en la formación. “Cuando nosotras nos hicimos azafatas, el curso lo pagaba la compañía, y ahora son escuelas privadas”, señala Marta, quien añade que “las generaciones nuevas vienen ya de otras compañías, por lo que la profesión ya la tienen”.

Así, Carolina recuerda cómo era proceso de selección cuando ingresaron: “Cuando entramos, Iberia hacía el filtro con pruebas previas (de nado, exámenes de inglés oral y escrito, cultura general…) y finalmente se quedaba con unas 200 personas. Después hacía un curso y ahí ya se quedaba con los definitivos”.

Cambios retributivos a lo largo de los años

El marco retributivo también ha experimentado una gran transformación desde los años 80 hasta la actualidad. Marta comenta que al inicio de su carrera “el sueldo era bastante mejor” en términos relativos; y apunta que “la estructura contractual para las nuevas promociones ha cambiado significativamente”. En este sentido, Carolina explica que “antes había 7 niveles laborales y ahora hay 12″, y precisa que “ahora tardan mucho hasta que llegan al máximo, porque van a pasar mucho tiempo en niveles intermedios”.

Sobre esta diferencia retributiva entre veteranas y jóvenes incorporaciones, Marta reconoce que económicamente “se quedan muy atrás”, y añade que “es un reflejo de lo que está pasando en el país”, señalando que “es complejo porque estamos conviviendo, haciendo el mismo trabajo y percibiendo remuneraciones distintas”.

Las sucesivas crisis y conflictos: un antes y un después en la profesión

Las dos veteranas recuerdan también cómo la aviación es una de las primeras industrias en resentirse ante cualquier crisis internacional. Marta detalla acontecimientos clave como los atentados del 11 de septiembre de 2001 (caída de las Torres Gemelas), la Guerra del Golfo y la repercusión en 2013 de la crisis económica: “Los empleados hemos pagado las crisis, por ejemplo, con bajadas de sueldo”. Y explica que, cuando la compañía atravesaba momentos complicados, apelaba a la plantilla, lo que conllevaba recortes salariales y períodos donde volaban muy poco, percibiendo menores ingresos. Después, lo complejo que fue el proceso para recuperar lo que habían pactado perder en los años de la crisis.

Y es que, tanto Marta como Carolina reconocen que los complementos salariales son claves para percibir una buena nómina. Ambas señalan que el salario fijo es no es alto, pero que aumenta con los pluses, a medida que se añaden complementos en función de los vuelos que realizados, trabajo en festivos y fines de semana, entre otros conceptos.

Una profesión óptima para la conciliación

A pesar de los prejuicios que todavía existen sobre las dificultades para conciliar en esta profesión, las dos profesionales destacan que la compañía cuenta con medidas avanzadas que han facilitado la compatibilidad entre su vida laboral y familiar.

De hecho, Marta recuerda que, cuando tuvo a sus hijos, podía acogerse a una reducción de jornada hasta que cumplieran seis años. Posteriormente, Iberia introdujo una nueva medida, denominada ‘anexo 12’, que le permitió prolongar las facilidades para conciliar hasta que su hijo cumplió los 12 años.

La imagen de los TCP está más flexibilizada

La imagen tradicional de las azafatas también ha pasado por un cambio y una mayor flexibilización. Carolina remarca que “ya se ha pasado del cliché de la azafata con moño” y añade que “antes había que mantener un prototipo muy estricto, pero que se habría quedado anticuado para el mundo de hoy en día”.

Imagen de TPC de Iberia.

Así, señalan que esta transformación se apoya también en la diversidad y políticas de igualdad. “Ahora, si eres mujer y no quieres ir maquillada no pasa nada; y si eres un chico y quieres hacerlo, está permitido”. En esa misma línea, Marta argumenta que “ahora hay más espacio para todos, hay que ser coherente con lo que es la sociedad”.

En estos cambios entra el ejemplo personal de Carolina, quien apunta que “hace años no hubiera podido haber llevado este pelo que llevo ahora tan cortito, no estaría bien visto y me hubieran llamado la atención”. Y recuerda el caso de unas compañeras que volaron con trenzas y se las tuvieron que quitar”.

Balance positivo

Ocho décadas después de aquel primer vuelo de 36 horas a Buenos Aires, la profesión de tripulante de cabina ha evolucionado hasta consolidarse como un pilar fundamental de la aviación comercial. Para veteranas como Marta Padreny y Carolina Viñe, que culminan su etapa tras cuatro décadas de servicio en Iberia, su trayectoria refleja la transformación de una industria que ha atravesado crisis internacionales o ajustes hasta avances decisivos en materia de conciliación, igualdad, flexibilidad y diversidad.

A pesar de los cambios en la industria, ambas cierran su viaje con un balance positivo y concluyen que su carrera profesional como tripulantes de cabina les ha permitido construir una trayectoria lo suficientemente sólida hasta su jubilación. Y con la satisfacción de haber dedicado su vida laboral a lo que en su día eligieron.

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