25 años después del 11-S, ¿cuáles han sido los peores atentados de la historia?

Los ataques terroristas con más víctimas desde el siglo XX, desde el 11-S y Qahtaniya hasta Mogadiscio, Beslán y Lockerbie

TORRES GEMELAS
Imagen de archivo que muestra las Torres Gemelas en llamas después del atentado del 11-S en Nueva York.
EFE

Han pasado exactamente 25 años desde que dos aviones se estrellaron contra las Torres Gemelas de Nueva York y las imágenes del World Trade Center envuelto en humo quedaron incorporadas para siempre a la memoria colectiva. Aquel 11 de septiembre de 2001 cambió Estados Unidos, transformó la seguridad aérea, desencadenó dos décadas de intervenciones militares y convirtió la amenaza terrorista en una de las grandes preocupaciones internacionales del comienzo del siglo XXI.

Un cuarto de siglo después, el 11-S continúa encabezando por una distancia enorme la clasificación de los peores atentados de la historia. Murieron 2.977 personas, sin contar a los 19 terroristas de Al Qaeda. Ningún otro ataque terrorista convencional se ha aproximado desde entonces a semejante cifra.

Elaborar una clasificación de los peores atentados de la historia, sin embargo, obliga a establecer algunos límites. En conflictos como los de Irak, Siria o Nigeria existen ejecuciones masivas y matanzas cometidas por organizaciones terroristas que en ocasiones superan las cifras de algunos de estos ataques. Esta lista se centra en acciones terroristas concretas o coordinadas contra objetivos determinados y ordenadas por número de víctimas mortales, dejando fuera las grandes masacres desarrolladas durante operaciones militares o conquistas territoriales.

El 11-S: 2.977 muertos y un mundo que cambió para siempre

25 años después del 11-S, ¿cuáles han sido los peores atentados de la historia?

Ninguno de los peores atentados de la historia alcanza la dimensión del perpetrado por Al Qaeda el 11 de septiembre de 2001. Diecinueve terroristas secuestraron cuatro aviones comerciales: dos fueron estrellados contra las Torres Gemelas de Nueva York, otro impactó contra el Pentágono y un cuarto cayó en Pensilvania después de que pasajeros y tripulantes trataran de recuperar el control.

El National September 11 Memorial & Museum cifra en 2.977 las personas asesinadas: 2.753 en Nueva York, 184 en el Pentágono y 40 pasajeros y miembros de la tripulación del vuelo 93. Las víctimas procedían de más de 90 países. El atentado produjo además miles de heridos y dejó un legado sanitario que continúa 25 años después entre bomberos, policías, trabajadores y residentes expuestos al polvo tóxico de la Zona Cero.

Pero su trascendencia fue mucho más allá del número de muertos. El 11-S provocó la invasión estadounidense de Afganistán, alteró las políticas de seguridad e inteligencia, transformó por completo los controles aeroportuarios y condicionó durante décadas la política exterior occidental. Por eso, entre los peores atentados de la historia, ninguno ha tenido unas consecuencias geopolíticas comparables.

Qahtaniya y Mogadiscio: las tragedias que quedaron lejos de Occidente

El segundo lugar de esta clasificación conduce hasta Irak. El 14 de agosto de 2007, cuatro terroristas suicidas hicieron estallar vehículos cargados de explosivos en las localidades de Qahtaniya y Jazeera, habitadas mayoritariamente por yazidíes. La Comisión de Estados Unidos para la Libertad Religiosa Internacional contabilizó 796 civiles muertos y 1.562 heridos.

Los ataques destruyeron buena parte de ambas poblaciones y dejaron a más de un millar de familias sin hogar. Aunque ninguna organización asumió formalmente la autoría, las sospechas se dirigieron hacia Al Qaeda en Irak. Por número de víctimas, Qahtaniya ocupa una posición estremecedora entre los peores atentados de la historia, pese a haber quedado mucho menos presente en la memoria occidental que otros ataques con un balance considerablemente menor.

Una década después, el 14 de octubre de 2017, Somalia sufrió otra de las mayores matanzas terroristas registradas. Un camión cargado con explosivos detonó en una concurrida intersección de Mogadiscio, cerca del hotel Safari. El Global Terrorism Index elevó posteriormente el balance a 588 muertos. El ataque fue atribuido a Al Shabaab y se convirtió en el atentado más mortífero registrado aquel año en todo el mundo.

La enorme explosión destruyó edificios, vehículos y comercios y desbordó por completo los servicios sanitarios de la capital somalí. Mogadiscio ocupa así el tercer puesto entre los peores atentados de la historia, con una cifra que permite comprender hasta qué punto el impacto del terrorismo internacional se ha concentrado durante las últimas décadas fuera de Europa y Norteamérica.

Beslán, Air India y Karrada: tres ataques por encima de los 300 muertos

El cuarto lugar corresponde a una tragedia cuyo recuerdo sigue siendo especialmente doloroso en Rusia. El 1 de septiembre de 2004, un grupo armado tomó como rehenes a más de un millar de personas en la Escuela Número Uno de Beslán, en Osetia del Norte. El secuestro se prolongó durante tres días y terminó de manera caótica después de explosiones, disparos y la intervención de las fuerzas rusas.

Murieron más de 330 personas —habitualmente se utiliza la cifra de 334—, entre ellas alrededor de 180 niños. La presencia de centenares de menores convirtió Beslán en una de las imágenes más terribles del terrorismo del siglo XXI. Años después, el Tribunal Europeo de Derechos Humanos cuestionaría también aspectos de la respuesta de las autoridades rusas.

Antes incluso del 11-S, la aviación comercial ya había conocido uno de los peores atentados de la historia. El 23 de junio de 1985, una bomba colocada en el vuelo 182 de Air India explotó mientras el Boeing 747 atravesaba el Atlántico frente a las costas irlandesas. Murieron las 329 personas que viajaban a bordo, 268 de ellas ciudadanos canadienses según el actual recuento oficial del Gobierno de Canadá.

El atentado contra Air India continúa siendo el ataque terrorista más mortífero de la historia canadiense y el más grave perpetrado contra un único avión. El caso abrió además un prolongado debate sobre los fallos de inteligencia y coordinación que habían permitido que el explosivo llegara hasta la aeronave.

Muy cerca aparece el atentado del barrio de Karrada, en Bagdad. Durante la madrugada del 3 de julio de 2016, mientras numerosas familias realizaban compras antes de la celebración del final del Ramadán, un vehículo cargado de explosivos estalló en una concurrida zona comercial. Estado Islámico reivindicó el ataque.

Las primeras cifras fueron aumentando a medida que los equipos de emergencia recuperaban cadáveres entre los edificios incendiados. Finalmente, el Ministerio de Sanidad iraquí elevó el balance hasta 324 muertos. Fue uno de los ataques más sangrientos sufridos por Irak desde la invasión de 2003 y ocupa el sexto puesto entre los peores atentados de la historia según este criterio.

Al-Rawda, Beirut, Lockerbie y Sri Lanka completan la lista

El 24 de noviembre de 2017, al menos 25 atacantes irrumpieron durante la oración del viernes en la mezquita sufí de Al-Rawda, en el norte del Sinaí egipcio. Tras hacer explotar un artefacto, los terroristas dispararon contra los fieles e incluso contra quienes intentaban escapar. El balance oficial alcanzó los 311 muertos, entre ellos 27 niños. Es el atentado terrorista más mortífero registrado en la historia moderna de Egipto.

El siguiente episodio se remonta al Líbano de 1983. Dos terroristas suicidas atacaron casi simultáneamente los edificios donde se alojaban militares estadounidenses y franceses de la Fuerza Multinacional desplegada en Beirut. Las explosiones provocaron la muerte de 241 militares estadounidenses, 58 franceses y seis civiles: 305 víctimas en total. La magnitud del ataque lo mantiene más de cuatro décadas después entre los peores atentados de la historia.

El 21 de diciembre de 1988 llegó Lockerbie. Una bomba destruyó el vuelo 103 de Pan Am mientras sobrevolaba Escocia rumbo a Nueva York. Las 259 personas que viajaban en el avión murieron y otras once fallecieron en tierra cuando los restos del aparato cayeron sobre la localidad escocesa. Fueron 270 víctimas. El FBI recuerda el caso como el mayor atentado contra estadounidenses hasta el 11-S y Reino Unido lo considera todavía el ataque terrorista más mortífero cometido en su territorio.

La clasificación se completa con los atentados de Pascua de Sri Lanka del 21 de abril de 2019. Una cadena de terroristas suicidas atacó iglesias cristianas y hoteles de lujo en Colombo, Negombo y Batticaloa mientras miles de personas celebraban el Domingo de Resurrección. Las cifras oficiales han experimentado ajustes con el paso de los años, pero el balance consolidado se encuentra alrededor de 269 muertos y más de 500 heridos. Las investigaciones señalaron a una célula islamista local vinculada ideológicamente al Estado Islámico.

Una frontera difícil: cuándo una matanza terrorista deja de considerarse un atentado

25 años después del 11-S, ¿cuáles han sido los peores atentados de la historia?

Existe un episodio que podría alterar por completo esta clasificación de los peores atentados de la historia: la masacre de Camp Speicher. Entre el 12 y al menos el 14 de junio de 2014, Estado Islámico capturó y asesinó en las inmediaciones de Tikrit, Irak, a unos 1.700 soldados, cadetes y voluntarios que habían abandonado la academia militar.

Una investigación de Naciones Unidas concluyó que existen motivos razonables para considerar aquellas ejecuciones parte de una operación desarrollada con intención genocida contra la población chií y susceptible de constituir crímenes contra la humanidad y crímenes de guerra. Algunas clasificaciones la presentan como el segundo acto terrorista más mortífero de la historia. Sin embargo, por tratarse de una ejecución masiva prolongada durante varios días dentro de un conflicto armado, resulta metodológicamente más preciso diferenciarla de un atentado convencional.

Esa distinción ayuda también a comprender por qué cualquier lista de los peores atentados de la historia depende necesariamente de la definición utilizada. Organizaciones como Estado Islámico, Boko Haram o Al Qaeda han cometido masacres durante ofensivas militares cuyas víctimas se cuentan por centenares o miles, pero mezclarlas con explosiones, secuestros aéreos o ataques coordinados contra civiles dificulta cualquier comparación histórica.

Hay algo, sin embargo, que no ofrece dudas. Veinticinco años después, el 11-S permanece en una categoría propia. Sus 2.977 muertos casi cuadruplican las víctimas del ataque de Qahtaniya, el segundo de esta clasificación. Ningún atentado posterior ha alcanzado siquiera una tercera parte de aquel balance. Un cuarto de siglo después de ver caer las Torres Gemelas, las cifras siguen mostrando hasta qué punto aquella mañana de septiembre fue una anomalía incluso dentro de la historia del terrorismo.

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