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Federica Barbaranelli: “La verdadera élite está en lo que hacemos sentir a las personas”

Con más de 104.000 seguidores en Instagram, Federica Barbaranelli ha convertido su forma de mirar la belleza, la casa y la vida en un universo propio

Federica Barbaranelli
Federica Barbaranelli

Federica Barbaranelli es escritora, fundadora de Federica & Co y una de esas mujeres difíciles de encasillar. Su universo mezcla cocina, mesa, decoración, antigüedades, viajes, campo, hospitalidad y una manera muy personal de entender la belleza. Es cercana, habla rápido, se ríe de sí misma, vive enamorada de Bruce Springsteen, salta de un recuerdo a otro y convierte cualquier conversación en una confesión vital.

En su trayectoria hay tiendas, objetos, jardines, viajes, un libro, una enfermedad, una recuperación y una forma de mirar el mundo que tiene mucho de instinto. Federica & Co nació como un lugar donde vender “todo lo que nos gusta” y terminó convertido en una prolongación de su manera de vivir. Ahora, en una etapa más serena y acompañada, Barbaranelli mira hacia atrás con la idea de que lo importante no era vender cosas, sino hacer sentir a las personas.

Federica Barbaranelli

Para quienes todavía no te conocen, ¿cómo te presentarías? ¿Quién es Federica Barbaranelli y qué es Federica & Co?

Federica & Co es una prolongación de mí. Es como mi hija. Nació en 2001 y ha ido evolucionando conmigo. Siempre hemos sido un concept store, aunque al principio empezamos con más moda. Luego volví rápidamente a lo que de verdad me apasionaba: los muebles, las antigüedades, los objetos, los platos, las mantas… todo lo que tiene alma.

Siempre he sido una amante del producto. Yo quería que cuando alguien mirara una cosa que tenía en casa, esa cosa durara y se acordara de mí. Y eso, con casi todo lo que he vendido, ha ocurrido. Esa es la magia.

¿Cómo definirías la esencia de tu trabajo?

Creo que mi trabajo tiene que ver con crear cosas que te hagan soñar, pero que estén al alcance de todos los corazones. Para mí la belleza no debería ser distante ni inaccesible. Puede gustarte un Porsche y también un Panda; un reloj especial y también un Swatch. Lo importante es que la puerta esté siempre abierta, porque todo el mundo tiene derecho a sentir.

Para mí, la verdadera élite está en las emociones; en cómo te relacionas con el mundo y en lo que haces sentir a las personas. Eso, al final, es brillar.

Federica Barbaranelli

¿Ha sido ese siempre el hilo conductor de Federica & Co, hacer sentir?

Sí. La gente no recuerda solo lo que compró, sino cómo se sintió. Personas a las que vendí algo hace años, gente que vino a mis cursos, a mis experiencias, a una boda en Hermosilla o que me compró un mueble, todavía me recuerdan cómo las traté y qué les hice sentir.

Hay clientas que han pasado por distintas etapas de mi vida, mujeres de 60 o 70 años que para mí son diosas, y también generaciones enteras de madres, abuelas, hijas y nietas. Pero yo nunca he sido una fábrica de vender. Nunca lo he vivido así.

¿Cómo nació exactamente Federica & Co?

Nació en 2001. Yo acababa de volver de París y conocí a Elsa, que fue mi socia y es la madre de mis ahijadas. Nos encontramos en Madrid en un momento vital muy concreto para las dos.

Mi madre tenía una tienda preciosa, Objetística, llena de cosas maravillosas, y allí caía todo el mundo. Elsa y yo nos conocimos un 15 de septiembre y enseguida nos hicimos muy amigas. Nos preguntamos: “¿Qué vamos a hacer?”. Y dijimos: “Montamos una tienda”. “¿Una tienda de qué?”. Y contestamos: “De todo lo que nos gusta”.

Esa era la idea… vender lo que nos diera la gana y traer a Madrid cosas que no existían.

Ese comienzo tiene algo casi cinematográfico. ¿Cómo fue el arranque?

Fue muy intuitivo. El 22 de septiembre salimos a pasear bajo la lluvia y encontramos un local. A la semana siguiente nos subimos a un avión rumbo a Nueva York.

Yo había vivido mucho en Nueva York y conocía a Patricia Field, la estilista de Sexo en Nueva York. La había conocido años antes, cuando entré en su tienda atraída por el vintage, y terminamos creando una relación. Así que, en aquel viaje, también pasamos por allí.

Empezamos con ropa, pero enseguida aparecieron sartenes, una máquina de cappuccino, chocolates, piezas vintage de París, cuadros… Todo sin una gran planificación, simplemente siguiendo la intuición. En veinte días montamos Federica & Co.

Federica Barbaranelli

Incluso el nombre parece tener algo de historia

En el avión nos reíamos porque queríamos llamarlo Federica & Co Love Story. Nos hacía una ilusión que te mueres poder vender lo que nos gustaba, traerlo a Madrid y que fueran cosas que aquí no existían.

¿Erais, de alguna manera, prescriptoras antes de que existiera esa palabra?

Bueno, por así decirlo, yo creo que éramos cazadoras de producto. Cazadoras de producto desde siempre. Traíamos cosas que no había en Madrid. En cuanto veíamos que alguien copiaba o traía lo mismo, dábamos la vuelta a la marca y buscábamos otra cosa.

Fuimos de las primeras en tener Golden Goose. También traje a España Zadig & Voltaire. Me pasé meses llamando a la puerta porque quería vender sus vaqueros y su cashmere. Al final conseguí una reunión en París, hice una propuesta para Madrid, encontré un local y abrimos. El primer mes vendimos muchísimo.

¿Por qué dejaste la moda más pura para acercarte a los muebles, las antigüedades y la casa?

Porque a mí lo que me apasiona es el producto. Los muebles, las antigüedades, los platos, las mantas… Es verdad que he comprado marcas que fabricaban en China, porque casi todo acaba teniendo algo fabricado allí, pero siempre he intentado que hubiera un sentido. Que lo que tengas en casa, dure, que te acompañe y que te emocione. Para mí eso es lo importante.

Además de fundadora de Federica & Co, ahora también eres autora de Alma a cien. ¿El libro tiene que ver con ese despertar vital del que hablas?

No exactamente. Alma a cien es otra cosa, pero sí conecta con una parte muy profunda de mí. Yo siempre he tenido alma de artista. Con cinco años decía que quería ser escritora, cocinera y cineasta. En mi casa me decían: “Vas a morirte de hambre”, y yo pensaba: “Pero si yo soy artista”. Nunca me vi sentada todo el día en una oficina. Siempre he estado muy ligada a la belleza, a la naturaleza, al campo y a lo sensorial. Desde pequeña he sido así.

Alma a cien es una novela romántica sobre Alma y Arturo, dos jóvenes al borde de la vida adulta que viven una historia de amor intensa, casi al límite. Ambientada en el Madrid de hace 25 años, también habla de heridas familiares, fragilidad emocional y de lo que cuesta sanar cuando se ama “a cien”.

¿La escritura conecta con esa parte más sensorial tuya?

Sí. Yo he sido siempre muy despegada de la vida terrenal y muy apegada a la vida sensorial. Muy de campo, muy de naturaleza, muy viva. Siempre he sido cero ambiciosa en el sentido convencional, pero muy intensa, muy espontánea.

Eso me ha traído problemas también, porque decir lo que piensas y ser tú misma no siempre es fácil. Pero algo que antes me hacía sentir pequeña, ahora me refuerza.

En redes sociales parece que estés siempre en todas partes, pero afirmas que no te encanta la vida social. ¿Cómo lo vives?

Soy un bicho raro. Voy a muy pocas cosas. Me gusta poco exponerme, tengo mucha vida interior. Me cuesta salir de la cueva, aunque luego soy muy social con mi gente.

Durante mucho tiempo he ido de sobrada pensando: “No me hace falta, a mí me llama todo el mundo”. Pero es verdad que, en este mundo, cuanto más te ven, más se acuerdan de ti. Ha sido así siempre. Las actrices en Los Ángeles tenían que salir para que las vieran, las contrataran y las tuvieran presentes. Esto funciona igual. Aun así, a mí me cuesta.

¿Esa necesidad de protegerte tiene que ver con tu recuperación y con lo que has aprendido de ti en ese proceso?

Sí. Fui a un psiquiatra maravilloso que me cambió la vida a nivel mental. Soy una persona supersensible, neurodivergente, con TDA, y me han pasado muchas cosas, algunas muy serias. Durante mucho tiempo no sabía manejar mis emociones.

Lo que estoy aprendiendo ahora es a gestionarme, a tratar mis inseguridades, a sentirme menos pequeña y a manejar la hipersensibilidad. Si naces siendo muy sensible, con una manera muy intensa de ver la vida, y además te pasan cosas que no sabes manejar, creces con marcas en el alma. Luego, de mayor, tienes que aprender a tratarlas, a curarlas y a quererte.

Dejar de beber o dejar ciertas cosas es solo una parte. Lo importante es aprender a vivir de otra manera: cuidarte, priorizarte y querer dar lo mejor de ti.

¿Te expones menos también por eso?

Sí. Yo vivo una vida muy sana. Y mi trabajo muchas veces ocurre de miércoles a sábado, en entornos con champagne, fiesta y mucha exposición. Por eso a veces no voy a ciertos sitios. No porque tenga un problema con nadie, sino porque me protejo. Mi recuperación es más importante.

Federica Barbaranelli

¿Te ayuda contarlo públicamente?

Sí, porque creo que ayuda a mucha gente. En mi grupo hay personas con adicciones muy distintas: juego, tabaco, compras, cerveza… Pero al final todo viene de lo mismo; de querer manejar mejor las emociones y hacerlo mejor. Hay mucha gente aparentemente normal que está intentando sostenerse por dentro. A mí me parece brutal poder hablarlo.

En tu vida también hubo una enfermedad muy seria. ¿Qué ocurrió?

Tuve un melanoma metastático. Me dieron dos meses de vida. En mi caso llevaba tiempo infectando la sangre y tenía metástasis en el cuerpo, así que era muy complicado.

Ahora el tratamiento del melanoma ha evolucionado mucho, pero sigue siendo algo muy serio. Yo lo hablo con naturalidad porque forma parte de mi historia y porque tiene que ver con cómo he aprendido a mirar la vida.

¿Esa forma de mirar la vida explica también tu relación con la naturaleza y el campo?

Sí. He estado siempre muy ligada a la naturaleza. Desde pequeña fui muy despegada de la vida terrenal y muy apegada a la vida sensorial. Me gustaba el campo, lo salvaje, lo espontáneo.

Mi madre decía que yo iba a morir muerta de hambre porque quería ser escritora, cocinera y cineasta. También decía que solo me curaba un príncipe, y yo pensaba: “¿Qué príncipe? Si soy Mowgli”.

¿Qué lugar ocupa Hermosilla y Novales en tu historia?

Hermosilla fue una etapa muy importante. Montamos un jardín precioso con Jaime, mi ex marido. Sin él, yo no habría tenido jamás Federica & Co. Jaime fue fundamental. Fue el alma de esa etapa. Él me acompañó, me sostuvo y Novales fue un proyecto de amor.

Lo que la gente veía por fuera parecía una vida perfecta, pero era una vida imperfecta, como todas. Yo intentaba hacer belleza y magia para la gente, y también quería que él se sintiera orgulloso de mí. Por eso Novales tiene para mí un punto muy bonito y muy profundo.

Hablas de él con mucho cariño

Le adoro. También adoro a mi familia política. Cuando un matrimonio se rompe, solo el matrimonio sabe lo que ha ocurrido. Nosotros nos quisimos muchísimo, lo luchamos muchísimo y nos acompañamos en una etapa muy importante. Luego cada uno evoluciona de una manera distinta y la vida hace lo suyo. Pero para mí el perdón, la admiración y el cariño son fundamentales para sanar.

Después de todo ese recorrido, ¿en qué momento estás ahora?

Este año viene muy diferente. Por fin tengo un equipo que me gestiona y una persona maravillosa como project manager, Tati.

Federica & Co sigue siendo una prolongación de mí, pero ahora siento que empieza una etapa nueva, más acompañada, más estructurada y con la misma esencia: hacer soñar, pero desde un lugar cercano, emocional y verdadero.

 

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