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Hotel Santa Catalina: 136 años de historia y muchas razones para quedarse

Santa Catalina, a Royal Hideaway Hotel combina el encanto de un hotel histórico con gastronomía, bienestar al aire libre y una estrecha relación con la ciudad

Hotel Santa Catalina 136 años de historia y muchas razones para quedarse
Un hotel de 1890 que sigue siendo parte de la vida de Las Palmas de Gran Canaria.

Santa Catalina empieza a descubrirse antes de cruzar sus puertas. Los jardines públicos del Parque Doramas invitan a pasear sin prisa y a detenerse ante un edificio que lleva más de un siglo formando parte de Las Palmas de Gran Canaria. Entre la vegetación, su arquitectura despierta la curiosidad por lo que guarda dentro. Es el primer encuentro con un hotel cuya historia está estrechamente ligada a la vida de la ciudad.

Su nombre conserva esa relación con el lugar. El paraje donde se construyó era conocido como la Vega de Santa Catalina, donde se encontraba una ermita del mismo nombre. Cuando el establecimiento abrió en 1890, incorporó una denominación que ya pertenecía a la memoria del entorno.

Desde el exterior se reconoce su carácter histórico. En el interior, esa presencia convive con espacios cómodos y cuidados. Lo clásico aparece en la arquitectura, en los salones y en la atmósfera; la sensación al recorrerlo es la de un hotel que conserva su identidad mientras responde a las necesidades actuales.

La arquitectura del Hotel Santa Catalina es inconfundible
Entre los jardines del parque Doramas, el edificio se reconoce desde lejos.

Una arquitectura con historia

La arquitectura de Santa Catalina ofrece una primera lectura de su trayectoria. Las anécdotas que comparten Manuel Fresno, Elena Vejega y Lucía Sarmiento, del equipo del hotel, permiten completar esa mirada con las visitas y los recuerdos acumulados durante sus 136 años de historia.

Uno de sus espacios lleva el nombre de Miguel Martín-Fernández de la Torre, el arquitecto canario que intervino en la reconstrucción del establecimiento. El salón que lo homenajea recuerda la importancia de su trabajo en la transformación del hotel y en la imagen de la ciudad. Conocer ese pasado da otra dimensión a los interiores, escenarios de encuentros, celebraciones y distintas etapas de la vida de Las Palmas.

El carácter clásico se prolonga en las habitaciones, que conservan ese aroma histórico. La amplitud, la cama de grandes dimensiones y una bañera exenta crean un espacio en el que apetece quedarse. Pero son otros gestos, más pequeños, los que terminan de definir la bienvenida, como tu nombre bordado junto a la almohada.

El Hotel Santa Catalina Royal Hideway, en Gran Canaria
Piscina y tumbonas en la terraza, con la cúpula del edificio al fondo.

Gastronomía con sabor a Canarias

La mesa ocupa un lugar destacado en Santa Catalina. El desayuno invita a comenzar el día con calma, mientras que el domingo encuentra otro ritmo en el Jazz Brunch de la terraza Doramas. La música en directo y la propuesta gastronómica muestran la faceta social del hotel, al que también se llega para pasar unas horas y disfrutar de un encuentro.

Entre sus restaurantes destaca Muxgo, donde el chef Borja Marrero propone descubrir Gran Canaria a través de una cocina vinculada al territorio. El producto local y el aprovechamiento de los recursos forman parte de un proyecto reconocido con una estrella Michelin y una Estrella Verde. Esta temporada, su menú degustación “Lo más profundo de Tejeda: Bajo Tierra” invita a acercarse a los sabores y al paisaje del interior de la isla

La otra gran cita es Poemas by Hermanos Padrón, también distinguido con una estrella Michelin. Su menú degustación merece tiempo para disfrutar de la sucesión de platos y del recorrido completo. La atención llega hasta la presentación del menú impreso, personalizado durante esta visita con el nombre del comensal y un sello.

Muxgo, el restaurante del chef Borja Marrero
Poemas by Hermanos Padrón, restaurante con estrella Michelin.

Antes de la cena, Alis Rooftop ofrece la posibilidad de tomar un cóctel en la azotea y disfrutar de otro ambiente dentro del hotel. Para una comida más informal, 1890 La Bodeguita permite acercarse a sabores como las papas arrugadas con mojo o el cherne. Son propuestas distintas que amplían las formas de disfrutar de Santa Catalina alrededor de la mesa.

Un spa abierto al exterior y a la luz natural

El bienestar encuentra su propio espacio en el hotel. Uno de los aspectos más agradables del spa es su apertura al exterior: el circuito de aguas combina zonas cubiertas con una gran abertura que deja entrar la luz natural y el aire. Esa disposición aporta amplitud y mantiene la conexión con el entorno durante el descanso.

Los masajes y el circuito de aguas permiten dedicar tiempo al bienestar entre los paseos por la ciudad y las propuestas gastronómicas. La arquitectura vuelve a tener aquí un papel importante: la entrada de luz y la relación con el exterior contribuyen a crear un ambiente relajado.

A esta oferta se sumarán próximamente dos actividades: “El lenguaje del rostro”, un taller de masaje facial con productos de Natura Bissé, y un taller floral. Ambas proponen dedicar tiempo al cuidado y a la creatividad, y ampliarán las opciones disponibles para los huéspedes.

Las habitaciones del Santa Catalina A Royal Hideaway Hotel
Madera oscura, cama amplia y el parque al otro lado de la ventana: así son las habitaciones.

Vegueta, una mirada a la historia de la ciudad

Alojarse en Santa Catalina también invita a recorrer Las Palmas de Gran Canaria. Los jardines del Parque Doramas ofrecen un primer paseo, mientras que el barrio de Vegueta permite acercarse al centro histórico y conocer otra faceta del destino.

El recorrido entre la Catedral, la Casa de Colón y el mercado de Vegueta reúne arquitectura, historia y gastronomía. Las calles y los edificios ayudan a comprender el pasado de la ciudad; los puestos del mercado permiten descubrir los productos y sabores de la isla. La visita recuerda también la importancia de Gran Canaria como escala en los viajes de Colón hacia América.

Recorrer Vegueta y regresar a la calma de los jardines permite apreciar mejor el vínculo de Santa Catalina con Las Palmas de Gran Canaria. Sus 136 años de historia encuentran continuidad en lo cotidiano: una conversación en sus salones, una cena o un domingo de jazz en la terraza. Alojarse aquí permite, durante unos días, formar parte de un auténtico emblema de la isla.

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