
Creé la marca como un proyecto personal, casi como “el secador que me gustaría tener a mí”. Fui eligiendo una a una todas las cosas que para mí eran importantes en una herramienta de pelo, sin pensar demasiado en el mercado. Cuando empecé a enseñárselo a gente, me di cuenta de algo curioso, no era solo cosa mía. Había dado en puntos que mucha gente también echaba en falta. Y lo más interesante es que no había “inventado” nada. Todas esas características ya existían de forma aislada, pero por alguna razón la industria no las estaba reuniendo en una sola herramienta, bien ejecutadas. EOLUX nace precisamente de ahí: de identificar ese gap entre lo que ya es posible y lo que realmente se está ofreciendo.
Creo que lo que está pasando es que la gente empieza a entender el cuidado capilar casi como una extensión del skincare. Durante mucho tiempo, el cabello se ha tratado desde lo superficial: mientras se vea bonito, todo va bien. Pero el boom del skincare ha cambiado esa mentalidad. Ha educado al consumidor a pensar en salud, en constancia y en lo que hay detrás del resultado, no solo en el resultado en sí. Ahora se entiende que un pelo bonito no es casualidad, es consecuencia de cómo lo cuidas. Y que no es solo lo externo, productos o acabado, sino también lo interno: la fibra, el daño acumulado, la forma en la que lo tratas en tu rutina diaria. Esa misma exigencia y nivel de criterio que se aplica a la piel, ahora se está trasladando al cabello. Y por eso se ha convertido en una conversación mucho más relevante.
Hoy hablamos mucho de rutinas, de autocuidado y de belleza consciente, pero también vivimos con demasiada prisa. ¿Cómo conviven, en tu opinión, esa búsqueda de bienestar con la exigencia de eficacia inmediata?
Soy Generación Z y sería mentira decir que puedo usar un producto o una herramienta sin ver un resultado inmediato, solo con la promesa de que “a largo plazo funcionará”. Creo que hoy ambas cosas tienen que convivir. Buscamos bienestar y cuidado, pero también necesitamos ver resultados desde el primer uso (…) No debería ser una elección entre “efecto instantáneo” o “beneficio a largo plazo”. Un buen producto tiene que darte ambas cosas.
Creo que la diferencia está en si la tecnología cambia realmente la experiencia del usuario o si solo cambia la forma en la que se comunica el producto. En beauty, muchas veces la innovación se queda en la narrativa: nuevos términos, nuevos claims, pero sin un impacto claro en el uso real o en el resultado. Eso, al final, es una tendencia. Un avance de verdad, en cambio, es cuando lo notas sin que nadie te lo tenga que explicar. También creo que el consumidor actual está afinando mucho ese criterio. Ya no basta con sonar innovador, tiene que haber coherencia entre lo que se promete y lo que pasa en la realidad. Para mí, la tecnología en beauty tiene sentido cuando no es el protagonista del discurso, sino el motor silencioso que hace que todo funcione mejor.
Diría que todo lo que pasa in real life: eventos, congresos, ferias… es mucho menos glamuroso de lo que parece desde fuera. En el día a día puedes llegar a olvidarte de que eres una empresa pequeña. Pero en cuanto aterrizas en ese tipo de entornos, la realidad se hace muy evidente. Ves a marcas con equipos enormes, montajes impecables hechos en tiempo récord, y tú estás ahí con un equipo muy reducido, haciendo de todo. Te toca montar, desmontar, coordinar… muchas veces hasta el último minuto, e incluso pidiendo que te dejen un poco más de tiempo porque no llegas. Es una parte muy poco visible del emprendimiento.
En muchas de las salas en las que entro, noto que ya hay ciertas expectativas sobre mí, algunas por ser mujer y otras por ser joven. Más que intentar encajar en una forma concreta de liderar, lo que hago es ser muy consciente de dónde estamos hoy. Hay mucho trabajo previo de otras mujeres que han abierto camino para que nosotras podamos estar aquí, y eso también te da perspectiva. En mi caso, además, he crecido viendo a mi madre emprender, así que desde pequeña tuve muy interiorizada una idea: ser yo misma. Y es lo que intento aplicar en cómo lidero. Habrá momentos en los que acierte y otros en los que no, pero prefiero construir desde ahí, desde la autenticidad, en lugar de intentar cumplir con un molde que muchas veces ni siquiera tiene sentido.

He aprendido que no todo lo que parece urgente lo es de verdad. Hay decisiones que sí son críticas, pero hay muchas otras que “fingen” urgencia para forzarte a decidir rápido. Para mí, la clave ha sido aprender a distinguir entre esas dos. Cuando una decisión es realmente importante, es donde entra la intuición. Ahí suele ser bastante fiable, porque viene de todo lo que ya has visto y aprendido, aunque no siempre seas consciente. Y si te equivocas, muchas veces era imposible saberlo antes. En cambio, cuando es una falsa urgencia, normalmente es una mala señal. Si no frenas ese tipo de urgencia artificial, te vas a equivocar 100%p, porque estás reaccionando, no decidiendo. Al final, una de las cosas más importantes que he aprendido es que no tienes que tomar decisiones en el timing de otros. Decides cuando realmente tienes el contexto necesario para hacerlo bien.

Me interesa mucho ver cómo la industria se está moviendo hacia el wellness y la longevidad. Al crear EOLUX, ese enfoque ya estaba en su ADN, y me parece positivo que estemos dejando atrás dinámicas más impulsivas o incluso dañinas a largo plazo, que muchas veces respondían más a tendencias que a un cuidado real. También me gusta ver a un consumidor mucho más informado y curioso. Hoy la gente investiga, compara y quiere entender qué hay detrás de cada producto. Es una forma de consumir mucho más consciente, y es algo con lo que me identifico completamente. En cuanto a discursos, creo que la obsesión por los “trends” constantes empieza a agotarse. Durante años se nos ha dicho qué es cool y qué no, casi imponiendo un ritmo difícil de sostener. De cara a los próximos años, creo que van a marcar la diferencia las marcas con una identidad clara: más creatividad, más naturalidad y una personalidad propia, incluso si no encaja con lo esperado.

