Belleza

Luna González (Eolux): “El cabello empieza a entenderse como una extensión del skincare”

La fundadora de EOLUX irrumpe en el sector beauty con una nueva forma de entender el secado: más eficiente, más consciente y centrada en la salud capilar

Luna González, fundadora de Eolux
Luna González, fundadora de Eolux
Luna González tenía claro que el cuidado del cabello necesitaba dar un paso más allá del acabado inmediato. Desde una inquietud muy personal, crear “el secador que me gustaría tener a mí”, la emprendedora detectó una carencia en el mercado. Existían tecnologías capaces de secar más rápido, mejorar el acabado y reducir el daño térmico, pero rara vez convivían en una misma herramienta de forma coherente.
De esa observación nace su marca, Eolux, un proyecto Made in Spain que propone convertir el secado en una rutina de cuidado y que conecta con una nueva conversación beauty en la que el cabello se entiende cada vez más como una extensión del skincare. Charlamos con ella.
En un mercado beauty tan saturado, donde constantemente nacen nuevas marcas, ¿qué necesidad real creías que no estaba bien cubierta?

Creé la marca como un proyecto personal, casi como “el secador que me gustaría tener a mí”. Fui eligiendo una a una todas las cosas que para mí eran importantes en una herramienta de pelo, sin pensar demasiado en el mercado. Cuando empecé a enseñárselo a gente, me di cuenta de algo curioso, no era solo cosa mía. Había dado en puntos que mucha gente también echaba en falta. Y lo más interesante es que no había “inventado” nada. Todas esas características ya existían de forma aislada, pero por alguna razón la industria no las estaba reuniendo en una sola herramienta, bien ejecutadas. EOLUX nace precisamente de ahí: de identificar ese gap entre lo que ya es posible y lo que realmente se está ofreciendo.

¿Por qué crees que el cabello se ha convertido ahora en una de las grandes conversaciones dentro de la belleza?

Creo que lo que está pasando es que la gente empieza a entender el cuidado capilar casi como una extensión del skincare. Durante mucho tiempo, el cabello se ha tratado desde lo superficial: mientras se vea bonito, todo va bien. Pero el boom del skincare ha cambiado esa mentalidad. Ha educado al consumidor a pensar en salud, en constancia y en lo que hay detrás del resultado, no solo en el resultado en sí. Ahora se entiende que un pelo bonito no es casualidad, es consecuencia de cómo lo cuidas. Y que no es solo lo externo, productos o acabado, sino también lo interno: la fibra, el daño acumulado, la forma en la que lo tratas en tu rutina diaria. Esa misma exigencia y nivel de criterio que se aplica a la piel, ahora se está trasladando al cabello. Y por eso se ha convertido en una conversación mucho más relevante.

 

Hoy hablamos mucho de rutinas, de autocuidado y de belleza consciente, pero también vivimos con demasiada prisa. ¿Cómo conviven, en tu opinión, esa búsqueda de bienestar con la exigencia de eficacia inmediata?

Soy Generación Z y sería mentira decir que puedo usar un producto o una herramienta sin ver un resultado inmediato, solo con la promesa de que “a largo plazo funcionará”. Creo que hoy ambas cosas tienen que convivir. Buscamos bienestar y cuidado, pero también necesitamos ver resultados desde el primer uso (…) No debería ser una elección entre “efecto instantáneo” o “beneficio a largo plazo”. Un buen producto tiene que darte ambas cosas.

La tecnología ha entrado de lleno en el universo beauty, pero no siempre está claro si responde a una mejora real o a una narrativa de innovación. ¿Dónde dirías que está hoy la diferencia entre una tendencia y un avance de verdad?

Creo que la diferencia está en si la tecnología cambia realmente la experiencia del usuario o si solo cambia la forma en la que se comunica el producto. En beauty, muchas veces la innovación se queda en la narrativa: nuevos términos, nuevos claims, pero sin un impacto claro en el uso real o en el resultado. Eso, al final, es una tendencia. Un avance de verdad, en cambio, es cuando lo notas sin que nadie te lo tenga que explicar. También creo que el consumidor actual está afinando mucho ese criterio. Ya no basta con sonar innovador, tiene que haber coherencia entre lo que se promete y lo que pasa en la realidad. Para mí, la tecnología en beauty tiene sentido cuando no es el protagonista del discurso, sino el motor silencioso que hace que todo funcione mejor.

Emprender joven suele romantizarse mucho. En tu caso, ¿qué parte de lanzar una marca ha sido menos glamourosa de lo que imaginabas?

Diría que todo lo que pasa in real life: eventos, congresos, ferias… es mucho menos glamuroso de lo que parece desde fuera. En el día a día puedes llegar a olvidarte de que eres una empresa pequeña. Pero en cuanto aterrizas en ese tipo de entornos, la realidad se hace muy evidente. Ves a marcas con equipos enormes, montajes impecables hechos en tiempo récord, y tú estás ahí con un equipo muy reducido, haciendo de todo. Te toca montar, desmontar, coordinar… muchas veces hasta el último minuto, e incluso pidiendo que te dejen un poco más de tiempo porque no llegas. Es una parte muy poco visible del emprendimiento.

Como mujer al frente de una empresa, ¿sientes que todavía se espera de nosotras una forma concreta de liderar, quizá más conciliadora, más impecable o incluso más demostrativa que en el caso de los hombres?

En muchas de las salas en las que entro, noto que ya hay ciertas expectativas sobre mí, algunas por ser mujer y otras por ser joven. Más que intentar encajar en una forma concreta de liderar, lo que hago es ser muy consciente de dónde estamos hoy. Hay mucho trabajo previo de otras mujeres que han abierto camino para que nosotras podamos estar aquí, y eso también te da perspectiva. En mi caso, además, he crecido viendo a mi madre emprender, así que desde pequeña tuve muy interiorizada una idea: ser yo misma. Y es lo que intento aplicar en cómo lidero. Habrá momentos en los que acierte y otros en los que no, pero prefiero construir desde ahí, desde la autenticidad, en lugar de intentar cumplir con un molde que muchas veces ni siquiera tiene sentido.

Muchas fundadoras hablan de intuición, pero también de exigencia y de miedo a equivocarse. ¿Cómo has aprendido a tomar decisiones en un entorno donde todo parece urgente?

He aprendido que no todo lo que parece urgente lo es de verdad. Hay decisiones que sí son críticas, pero hay muchas otras que “fingen” urgencia para forzarte a decidir rápido. Para mí, la clave ha sido aprender a distinguir entre esas dos. Cuando una decisión es realmente importante, es donde entra la intuición. Ahí suele ser bastante fiable, porque viene de todo lo que ya has visto y aprendido, aunque no siempre seas consciente. Y si te equivocas, muchas veces era imposible saberlo antes. En cambio, cuando es una falsa urgencia, normalmente es una mala señal. Si no frenas ese tipo de urgencia artificial, te vas a equivocar 100%p, porque estás reaccionando, no decidiendo. Al final, una de las cosas más importantes que he aprendido es que no tienes que tomar decisiones en el timing de otros. Decides cuando realmente tienes el contexto necesario para hacerlo bien.

Más allá del negocio, ¿qué te interesa observar hoy como mujer y como consumidora en la industria de la belleza? ¿Qué discursos te parecen agotados y cuáles crees que van a marcar los próximos años?

Me interesa mucho ver cómo la industria se está moviendo hacia el wellness y la longevidad. Al crear EOLUX, ese enfoque ya estaba en su ADN, y me parece positivo que estemos dejando atrás dinámicas más impulsivas o incluso dañinas a largo plazo, que muchas veces respondían más a tendencias que a un cuidado real. También me gusta ver a un consumidor mucho más informado y curioso. Hoy la gente investiga, compara y quiere entender qué hay detrás de cada producto. Es una forma de consumir mucho más consciente, y es algo con lo que me identifico completamente. En cuanto a discursos, creo que la obsesión por los “trends” constantes empieza a agotarse. Durante años se nos ha dicho qué es cool y qué no, casi imponiendo un ritmo difícil de sostener. De cara a los próximos años, creo que van a marcar la diferencia las marcas con una identidad clara: más creatividad, más naturalidad y una personalidad propia, incluso si no encaja con lo esperado.

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