¿Qué tienen en común Rosalía, Ester Expósito, Dua Lipa o la cantante gaditana Judeline? Que en los últimos meses, todas han vestido alguna prenda de Susmies. La marca de Laia Triquell y Marina Gaspar se ha convertido en todo un artefacto viral, desde una idea que surgió en 2019 durante un viaje de voluntariado en Nepal entre las dos amigas y entonces estudiantes de Publicidad y Relaciones Públicas en Barcelona.
Ambas emprendieron entonces una faceta aun nicho, centrada en la artesanía de joyas y complementos (“empezamos en el garaje”, explican desde la marca), para después centrarse casi exclusivamente en lo que hoy compone su leit motiv: sets y prendas tan coloridas como atemporales; desde tops multiposición, a vestidos fluidos de espalda al aire, pasando por conjuntos de crop tops, pantalones capri y estilo bombacho o faldas midi.
Todo un hype a base del buen rollo y “el espíritu mediterráneo” que desprenden sus fundadoras catalanas que, con cada nueva línea, representan una nueva necesidad nueva a sus fans. No en vano, el feed de Susmies (en el que atesoran más de 472.000 seguidores en Instagram) es su mejor carta de presentación. Allí se juntan los nuevos drops con algunas instantáneas bts (behind the scenes) como tablones de inspiración o referencias de sus campañas con imágenes de las celebs ya mencionadas, que son sus mejores embajadoras, así como ellas mismas.
Sin tienda física, buena parte del éxito actual de la marca reside, precisamente, en este lado aspiracional y buena performance digital, pero también en saber suplir (y anticiparse a) la demanda de su mercado. Algo que, tal y como explica, Victoria Labastida podría definirse en un ADN de “piezas muy versátiles y multiposición”. “De hecho, nuestros vestidos se llevan para la playa y también para una boda. Depende totalmente de cómo los combines”, dice la responsable de comunicación de la marca.
Quizá por eso reconocen no ajustarse demasiado “al calendario de la moda” y basarse, por el momento, en una temporalidad, que pasa por y para la demanda. Por ejemplo, su último drop (el pasado mes de febrero) ya adelantaba la base a esta línea más estival, incluido el vestido que llevó Rosalía y que era una evolución de un modelo anterior de 2025.

Así, entre moodboards de inspiración, DMs transoceánicos y reuniones semanales (“donde analizamos cada tendencia”, según relatan), Susmies cuenta ya con un equipo 15 personas trabajando en su oficina de Barcelona. Los últimos datos públicos [de febrero del pasado año] apuntan a una facturación en el de unos cuatro millones de euros. Motivos que hacen necesaria una planificación especialmente estratégica, también a nivel de producción y especialmente de cara a aprovechar los recursos así como paliar el encarecimiento actual de los materiales. Aunque varía según la temporada, Labastida explica que, en este momento, la producción de Susmies “fluctúa entre Turquía y España”, especialmente en esta temporada. “Aunque, por ejemplo, las piezas de invierno como las bufandas de mohair se producen en Ezcaray”, dice la responsable de comunicación. “El objetivo, al final, es ofrecer cada vez mas calidad en cada producto”.
Mientras que la mayoría de sus piezas de joyería mantienen la base de latón con baño de sus inicios, con piezas que han multiplicado sus versiones en colores y funcionalidades (en diseños tan embellecidos como utilitarios), su carácter actual se ha ido haciendo cada vez más presente progresivamente en el resto de sus complementos; en este caso, manteniendo efímeramente su base de cuero pero sumando materiales más accesibles (como el canvas) en esta colección de verano, tanto en diseños lisos como en sus ya distintivos dots; “inevitablemente, algunas clientas buscan precisamente identificarse con la esencia de la marca”, explica Labastida.
Hace apenas un año que llevaron a cabo un “potente” rebranding, con el objetivo de “intentar profesionalizar más la marca”. Esto influye en el enfoque visual pero también en el planteamiento de la marca ante retos como el de las tallas, que también han variado en función de su más reciente demanda. “Debido a que trabajamos con materiales como lycra y algodón, que se adaptan fácilmente al cuerpo, hemos intentando no limitarnos al tallaje”, detalla Labastida. No obstante, mientras que en los inicios solo manejaban el one size (o talla única) ahora abrazan un espectro entre cuatro medidas: “la XS/S y la M/L”. “Tenemos esa flexiblidad porque lo que a una S le puede quedar bien quizá a otra no”, explica la responsable de PR y eventos.
Al final, de un top “se pueden sacar tres”, apuntan. Precisamente, es el caso de Isabella, uno de sus modelos estrella, que recientemente ha lucido Dua Lipa. “Le mandamos el rojo y le gustó tanto que nos lo pidió en todos los colores”, recuerda. Aunque buena parte de las celebs de este país ya son fieles seguidoras de la marca, Labastida reconoce que su clientela es muy internacional, así como con buena parte de “expats”. No en vano, hace dos años que venden a EEUU y Australia, donde su éxito es tan viral que los vídeos de sus clientes han pasado a ser una neófita inspiración. Incluso, tal y como apuntan, “un reciente vídeo de Australia en Tik Tok” les ha descubierto una nueva forma de llevar uno de sus propios tops.
Entre sus próximos objetivos, está el de centrarse en el mundo de las pop ups y eventos de imagen en el continente americano, “especialmente Nueva York y Los Ángeles”, explica Labastida, mientras su último evento en Madrid sigue llenándose aun a primera hora de la tarde.

