Peggy Flanagan lucía sonriente y convencida durante los actos políticos celebrados este verano en el estado de Minesota. Su nombre, junto al de otras tres candidatas indígenas, está sonando con fuerza de cara a las elecciones de medio mandato de Estados Unidos dentro de un mes, el 3 de noviembre, que podrían suponer una revolución para la política indígena femenina.
En Nueva México, la ex secretaria de interior Deb Haaland, aspira a convertirse en la próxima gobernadora del estado tras ganar las primarias del Partido Demócrata en junio. En Alaska, Mary Peltola, que en el pasado se convirtió en la primera candidata indígena en ser elegida al Congreso, podría volver a Washington, aunque compite en una de las regiones más reñidas. Por otra parte, Sharice Davids aspira a revalidar otro mandato en el congreso.
I’m working to restore the ACA tax credits that make quality, affordable healthcare a reality for every Kansan. pic.twitter.com/R7jkhl5by1
— Rep. Sharice Davids (@RepDavids) August 15, 2026
Cuatro mujeres nativas
Durante generaciones, la representación de los pueblos indígenas -especialmente mujeres- ha sido marginal. “Ver a cuatro mujeres nativas avanzar hacia las elecciones generales supone un momento histórico y un cambio poderoso sobre quien toma las riendas y sobre que voces son escuchadas”, destacó el medio Indigenous House.
Desde la fundación de Estados Unidos, los pueblos indígenas fueron excluidos del sistema político. No fue hasta la Ley de Ciudadanía India de 1924 (Indian Citizenship Act) que se concedió la ciudadanía federal a todos los nativos americanos nacidos en el país. Sin embargo, esta ley no garantizó automáticamente el derecho al voto, ya que la Constitución dejaba a los estados la facultad de determinar quién podía votar. En Arizona, Nuevo México, Dakota del Sur o Utah no se les otorgó el derecho a voto hasta décadas más tarde.
En 2008, la ONU decretó que las mujeres indígenas enfrentan una “discriminación múltiple” por sexo, raza/etnia, lengua, cultura, religión y clase social cuando intentan hacerse hueco en la vida política regional o nacional. El Center for American Women and Politics (CAWP) documenta que las mujeres nativas enfrentan un “techo de cristal” en sus aspiraciones políticas, con críticas que cuestionan su identidad tribal y estereotipos sobre su idoneidad para cargos.
Pese a que las cuatro candidaturas de mujeres indígenas representan un avance significativo, siguen afrontando una carencia de redes políticas de apoyo y financiación. Al depender de donaciones pequeñas para impulsar sus perfiles, tienen que trabajar mucho más que otros candidatos para darse a conocer. Su representación histórica mínima no se corresponde a su tamaño: tuvieron una sola congresista pese a que las mujeres indígenas representan el 1,5% de la población de Estados Unidos.

Ciudadana de la reserva indígena de White Earth Nation (Minessota), Peggy Flanagan resultó triunfadora en la nominación del Partido Demócrata para el Senado. Si gana en las midterms, se convertiría en la primera mujer indígena en ocupar un asiento en la cámara baja, junto a la otra aspirante Mary Peltola. Es representante del ala progresista de su partido, y pretende elevar al debate público asuntos como los salarios desiguales o la pandemia de violencia machista que afrontan las mujeres indígenas.
“Nuestra democracia funciona mejor cuando refleja fielmente a las personas a las que busca representar, por lo que tener a una mujer nativa americana en el Senado de los Estados Unidos es bueno para nuestra democracia”, dijo Flanagan en una entrevista con The 19th. Y agregó: “Ser una mujer ojibwe no es algo que me pongo y me quito. Soy una mujer nativa todos los días”.

Mary Peltola ya tiene experiencia en el Congreso, y ahora aspira desde su estado de Alaska a conquistar el Senado. En las filas demócratas prestan especial atención a su candidatura, que podría contribuir a decantar la balanza en la cámara baja. Sharice Davids, ciudadana de Ho-Chunk Nation, ya hizo historia en 2018, al convertirse en una de las dos primeras políticas indígenas que entraron al Congreso. Su reelección contribuiría a consolidar la voz indígena en la institución.
Por su parte, la veterana Deb Haaland, oriunda de la localidad de Laguna y ex secretaria de interior de EE UU, aspira a ser la próxima gobernadora de Nueva México. Si logra su objetivo, se convertiría en la primera mujer indígena en gobernar un estado, lo que supondría un nuevo hito. Para lograr impulsar sus perfiles, comunidades indígenas se están organizando en internet para fomentar una alta participación, bajo la premisa de que “cada voto ayuda a definir quién se sienta en la mesa”.
I’m running for Governor of New Mexico.
In Congress and as Secretary of the Interior, I’ve fought for our state. I helped New Mexico
businesses open their doors, secured clean energy jobs, and worked to bring water and infrastructure projects to rural communities.Now, it's… pic.twitter.com/By4IgYinDr
— Deb Haaland (@DebHaalandNM) February 11, 2025
Flanagan, la candidata más visible de las cuatro, mostró recientemente preocupación por los recortes aprobados por la Administración Trump de programas que benefician a tribus nativas, especialmente por los despidos de personal educativo en 175 instituciones. “Lo mínimo que deberíamos esperar es que el gobierno federal respete los derechos derivados de los tratados y la soberanía tribal. Nunca antes lo hemos hecho como gobierno federal, pero quizás ayude que la voz de una mujer indígena en el Senado de Estados Unidos pueda llevar a cabo ese trabajo”, consideró.

