Entrevista

Teresa Zapeta, la voz maya que unió a las mujeres indígenas del mundo

La directora del Foro Internacional de Mujeres Indígenas (FIMI) denuncia el machismo, el racismo y la violencia en y contra los pueblos originarios

líder indígena
Teresa Zapeta, directora ejecutiva de FIMI
Cortesía T. Zapeta

Teresa Zapeta nació en una comunidad rural de Guatemala y vivió allí hasta los once años. Durante la guerra, el Ejército atacó a sus padres por ejercer como líderes y autoridades comunitarias. La familia se desplazó de forma forzada a la ciudad capital, donde Zapeta reside desde entonces. Varios familiares murieron durante el conflicto armado.

“Perder nuestra casa, el contacto comunitario y toda la comunidad organizativa” fue, en sus palabras, una cara de ese desplazamiento. La otra fue “la oportunidad de acceder a los servicios de educación”, explica a Artículo14 Zapeta, quien se graduó en Comunicación Social a los 38 años tras compaginar estudios y trabajo, como ocurre, según ella, con “la mayoría de los jóvenes en Guatemala”. Más tarde cursó una maestría en políticas públicas. Desde los 20 años retomó su vínculo con el movimiento indígena, una conexión que mantiene hasta hoy como directora ejecutiva del Foro Internacional de Mujeres Indígenas (FIMI).

Una lucha que conecta continentes

“De pronto cuando estás en la lucha muy local crees que estás solo”, relata Zapeta sobre los inicios de su activismo. Los espacios internacionales permitieron descubrir “que hay otros pueblos, que hay otras luchas”. Mujeres indígenas de África, Asia, América Latina y el norte global comenzaron a encontrarse y a construir espacios comunes. “Nos atraviesa la misma situación y los mismos desafíos”, afirma, e incluso “los mismos conocimientos ancestrales”, lo que para ella confirma que “realmente somos pueblos milenarios”.

Teresa Zapeta
La líderesa indígena Teresa Zapeta, durante la entrevista con Artículo14
E. S. S.

La dirigente maya insiste en la terminología. “Siempre tratamos de rectificar cuando alguien dice a los grupos étnicos, las comunidades o si las minorías, y nosotros decimos: no, somos pueblos”. Ese reconocimiento otorga “el derecho al ejercicio, el derecho de acceder a la tierra, los territorios, nuestras identidades”, mientras que “ser un grupo te limita a este ejercicio de derechos colectivos”.

El machismo dentro de las comunidades indígenas

“A pesar de que hay comunidades y pueblos indígenas que su estructura organizativa está basada en el patriarcado, muchas de ellas a lo largo de los años han sido influenciadas por el machismo, el patriarcado y el colonialismo“, indica Zapeta. La falta de oportunidades “ha hecho de que los hombres son los que han logrado salir más adelante”, lamenta.

Zapeta ilustra esta desigualdad con la historia de sus propios padres: “Mi papá sabe leer y escribir, solo eso, eso fue lo que aprendió. Pero en cambio a mi mamá le negaron ese derecho”. Según relata, el abuelo materno se negó a que su hija fuera a la escuela porque “ahí se aprenden cosas malas”, mientras sí permitió que los hermanos varones aprendieran a leer y escribir. “Eso es como un indicador del machismo”, concluye.

La violencia es otro elemento común entre los pueblos indígenas. “Las violencias, en plural, lo decimos porque está la violencia que genera el racismo, la violencia de género, la violencia económica”, detalla Zapeta, quien añade el reconocimiento reciente de “la violencia ambiental” por el impacto de los químicos de la agroindustria en “la salud sexual y reproductiva, salud materna” de las mujeres. Sobre el vínculo con el territorio, sostiene: “Está basado en principios y valores, en conocimientos. Eso es algo que también nos une y nos identifica”.

La esterilizaciones forzosas

En Dinamarca, la primera ministra danesa, Mette Frederiksen, ha pedido perdón por fin a las mujeres inuit. En Perú, ha llegado al poder Keiko Fujimori, la hija del ideólogo de la mayor campaña de esterilizaciones forzosas (contra las mujeres indígenas) en el país. Al abordar las políticas de esterilización forzada y separación familiar aplicadas contra mujeres indígenas en distintos países, Zapeta identifica un patrón común: “La finalidad era la misma: el exterminio, los genocidios en nuestros países”. Frente a ello, reivindica “la resiliencia, la resistencia, pero también la unidad” de los pueblos indígenas.

Sobre la actual preocupación global por la “policrisis”, Zapeta lamenta que “para los pueblos indígenas, para las mujeres, no son nuevas las crisis. Lo que ha pasado es que han estado como en silencio, han tenido menos cobertura. Ahora la crisis está impactando a todos los estratos sociales, entonces sí importa la crisis”, contextualiza. Frente a este escenario, defiende “establecer nuevas alianzas” y “hacer propuestas de sobrevivencia”.

26 años de historia

Las bases de FIMI surgieron en la Conferencia de Pekín de 1995, cuando un centenar de mujeres indígenas se reconocieron entre sí entre las tres mil asistentes. “Por primera vez se juntan y hacen una declaración de las mujeres indígenas en Pekín que es muy vigente”, recuerda Zapeta. La organización se formalizó en el año 2000 y cumplió 25 años en 2025, con cuatro programas: incidencia, la Escuela Global de Liderazgo, el fondo AINI -palabra quechua que significa “solidaridad y reciprocidad”- e investigación.

FIMI
Una de las reuniones del Fondo Internacional de Mujeres Indígenas (FIMI)
FIMI

“Somos el único fondo de mujeres indígenas a nivel global”, afirma Zapeta, quien denuncia los estereotipos sobre la falta de capacidad o infraestructura de estos movimientos: “Hemos demostrado que sí hay capacidad, hay infraestructura, hay organización”. Su propuesta es clara: “El financiamiento para mujeres indígenas esté en manos de las mujeres indígenas y no de intermediarios”. Sobre el camino recorrido, concluye: “No es una tarea fácil, pero creemos que poco a poco se va agrietando el poder”.