La búsqueda de desaparecidos, amenazada por nuevos desbordes en Nepal y el Tibet

Un lago formado tras el colapso glaciar comienza a desbordarse mientras Nepal y el Tíbet buscan a alrededor de 1.500 desaparecidos

Trishuli Bazar (Nepal), 26/08/2026.- Villagers wade through flooded streets following a flash flood in Trishuli Bazar, Nuwakot district, Nepal, 26 August 2026. Several people were killed and multiple others were reported missing after a massive flash flood swept through Rasuwa and Nuwakot districts causing widespread destruction to settlements and infrastructure, according to local authorities. (Inundaciones) EFE/EPA/NARENDRA SHRESTHA
Habitantes caminan por calles anegadas tras una rieda en Trishuli Bazar, distrito de Nuwakot, Nepal.
EFE/EPA/NARENDRA SHRESTHA

Los equipos de rescate afrontan una carrera cada vez más peligrosa en Nepal y el Tíbet. Dos días después de la gigantesca riada que arrasó pueblos, carreteras y pasos fronterizos en el Himalaya, una nueva amenaza obliga a interrumpir parcialmente las operaciones: el agua acumulada detrás de los escombros dejados por el desastre ha comenzado a desbordarse.

El balance provisional alcanza ya 472 muertos entre Nepal y el Tíbet: 469 confirmados por la Policía nepalí y otros tres contabilizados por las autoridades chinas. Al mismo tiempo, alrededor de 1.500 personas continúan sin localizar en ambos lados de la frontera, aunque las cifras todavía están sujetas a revisión.

La situación resulta especialmente crítica porque entre los desaparecidos hay cientos de ciudadanos extranjeros. España mantiene a cuatro nacionales sin localizar mientras los servicios consulares trabajan con las autoridades locales para tratar de averiguar su paradero.

Un nuevo desbordamiento obliga a detener los rescates

El principal peligro se encuentra ahora aguas arriba del paso fronterizo de Gyirong, una de las conexiones terrestres entre Nepal y el Tíbet. El gigantesco flujo de materiales provocado por la catástrofe bloqueó parcialmente un cauce y formó una presa natural de barro, rocas y hielo.

Durante este viernes, el agua acumulada comenzó a superar esa barrera. El embalse improvisado contiene ya más de 2,5 millones de metros cúbicos, frente a los entre 1,5 y 2 millones estimados apenas un día antes.

Las autoridades chinas ordenaron retirar a los rescatistas y vehículos hacia áreas seguras ante el riesgo de una rotura repentina, nuevos corrimientos de tierras o avalanchas. En Nepal, las operaciones también fueron suspendidas temporalmente mientras se vigilaba el comportamiento del río.

Los residentes de las zonas bajas recibieron instrucciones para alejarse de las riberas y buscar terrenos elevados.

El riesgo puede aumentar durante los próximos días

La búsqueda de desaparecidos, amenazada por nuevos desbordes en Nepal y el Tibet

La amenaza todavía no ha desaparecido. Los especialistas enviados por China han realizado inspecciones aéreas y modelos tridimensionales para estudiar la estabilidad de la presa natural.

El problema es que las precipitaciones continúan debilitando las laderas alrededor de una zona que ya ha quedado profundamente alterada por el desprendimiento. Las estimaciones chinas apuntan a que otros tres millones de metros cúbicos de agua podrían alcanzar el lago durante los próximos tres días.

Eso explica la cautela extrema de los equipos que buscan desaparecidos en el Tíbet y Nepal. Entrar en determinados valles o cauces no supone únicamente trabajar entre toneladas de barro y edificios destruidos: existe el riesgo de que una nueva avenida alcance las mismas zonas donde se encuentran los rescatistas.

Una catástrofe provocada probablemente por un colapso glaciar

Las primeras investigaciones comienzan también a aclarar el origen de la tragedia.

El Servicio Geológico de Estados Unidos considera que la inundación fue probablemente desencadenada por el colapso de una masa glaciar en el entorno del Parque Nacional de Langtang, cerca de la frontera china.

El desprendimiento generó una gigantesca mezcla de hielo, rocas, agua y sedimentos que descendió por el sistema fluvial del Himalaya. El flujo llegó a recorrer cerca de 100 kilómetros y afectó gravemente a poblaciones situadas aguas abajo.

Entre las infraestructuras dañadas figura el paso de Gyirong, convertido en uno de los lugares más devastados del desastre. Carreteras, puentes, instalaciones energéticas y edificios quedaron enterrados o directamente arrastrados por la corriente.

Alrededor de 1.500 personas continúan desaparecidas

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El recuento resulta todavía extremadamente complejo. Las autoridades de Nepal contabilizan centenares de personas sin localizar, mientras China mantiene otras 558 desaparecidas en el condado tibetano de Gyirong.

Entre ellas existen cientos de extranjeros. Muchos eran turistas, montañeros o peregrinos que atravesaban esta ruta para dirigirse hacia enclaves religiosos y naturales del Tíbet, incluido el monte Kailash.

La falta de un registro transfronterizo completamente unificado dificulta determinar si alguna persona puede aparecer inicialmente en más de una relación de desaparecidos. Por eso el balance debe considerarse todavía provisional.

India, Estados Unidos, Australia, Canadá, Reino Unido y numerosos países europeos trabajan para localizar a sus ciudadanos.

Cuatro españoles siguen sin ser localizados

Entre las personas cuyo paradero sigue siendo desconocido se encuentran cuatro ciudadanos españoles.

El ministro de Asuntos Exteriores, José Manuel Albares, confirmó que por ahora no constan españoles fallecidos, pero sí esas cuatro personas pendientes de localización.

El Consulado Honorario de España en Nepal, la Embajada en Nueva Delhi y el Consulado General en Pekín se encuentran movilizados. Exteriores ha pedido además a quienes sepan de españoles que estuvieran viajando por la región que contacten con los servicios consulares.

La búsqueda entra en su fase más delicada

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Las próximas horas serán decisivas. Maquinaria pesada, helicópteros, perros de búsqueda y miles de efectivos continúan trabajando en Nepal y el Tíbet, pero las condiciones sobre el terreno dificultan cualquier operación.

El barro cubre extensas superficies, numerosos accesos han desaparecido y algunas localidades permanecen aisladas. A esas dificultades se suma ahora una amenaza que cambia constantemente: el agua que continúa acumulándose en los valles puede provocar nuevas inundaciones precisamente sobre los lugares donde se buscan supervivientes.

Dos días después de la catástrofe, la prioridad continúa siendo encontrar a los desaparecidos. Pero los equipos de emergencia deben hacerlo mientras vigilan las montañas y los ríos, conscientes de que el mismo paisaje que buscan entre los escombros todavía puede volver a transformarse.

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