La agonía consume a Nepal, que todavía intenta asimilar la magnitud de la tragedia mientras los rescatistas trabajan a contrarreloj para localizar a más de 1.000 desaparecidos en las riadas masivas que inundaron de agua y barro la región del país cercana al Tíbet. Este jueves, se contabilizaron ya 360 víctimas mortales, pero es previsible que las cifras vayan en aumento en los próximos días.
Durante la jornada del jueves, los helicópteros de rescate no dejaron de sobrevolar las zonas mas afectadas en búsqueda de personas desaparecidos. Algunos supervivientes, tras ser rescatados, rompieron en llantos al aterrizar en lugar seguro. “Todos murieron, solo yo sobreviví”, relató un residente de Timure al New York Times tras ser localizado.
Este hombre explicó como un trueno y una ráfaga de viento iluminaron el cielo, antes de que una ola de agua turbia de color marrón arrasara su casa, llevándose consigo a su esposa y a sus dos hijas. Según las estimaciones de los científicos, las riadas descontroladas se produjeron tras un enorme desprendimiento de rocas que coincidió con el colapso de un glaciar en lo alto de las montañas el miércoles por la mañana.
Las imágenes que se están difundiendo sobre la tragedia dan fe de la magnitud del desastre natural. En cuestión de minutos, y con una velocidad y fuerza inéditas, el barro llegó incluso a engullir autopistas enteras. Los supervivientes describieron inundaciones que arrasaron casas y arrojaron a la gente fuera de los edificios, tratando de buscar un lugar seguro para refugiarse.
Tanto las autoridades como organizaciones humanitarias tratan todavía de calcular los daños humanos y materiales, sobre todo respecto a las cifras de personas desaparecidas. “Es uno de los desastres naturales más duros que experimentamos en nuestra historia reciente”, consideró Shisir Khanal, el ministro de exteriores de Nepal. Se estima que entre los desaparecidos hay más de 500 turistas extranjeros, de los cuales 288 son de la India, así como de Estados Unidos, Australia, Reino Unido, Canadá o Malasia.
En la vecina China, país donde la información que se ofrece al exterior está mucho más controlada, se estima que 558 personas están desaparecidas, incluidos 260 extranjeros. El ministerio de exteriores chino informó que 100 ciudadanos de su país están también entre los desaparecidos en Nepal.
El desastre provocó cortes de energía e interrumpió las comunicaciones en una región ya de por sí remota, dificultando todavía más las labores de socorro. La inundación destruyó decenas de puentes y unos 40 kilómetros de carreteras, según informó el gobierno de Nepal.
La Federación Internacional de Sociedades de la Cruz Roja y de la Media Luna Roja declaró que las zonas más afectadas eran de “extrema dificultad para acceder”. Muchos suministros vitales se estaban distribuyendo por helicóptero. La ONU, citando a las autoridades nepalíes, indicaron que unas 10.000 familias necesitaban “ayuda inmediata”. No obstante, el reto es mayúsculo, dado que los grandes daños a puentes y carreteras dificultan mucho el acceso a las localidades más aisladas.
Los testimonios de los supervivientes recogidos en los medios coinciden en destacar la extrema velocidad en que ocurrió el desastre natural. Rajan Khatri, de 41 años, un agente de policía de Syabrubesi, uno de los pueblos más afectados por las inundaciones ubicado junto al río, dijo que recibió una llamada alrededor de las 9:10 de la mañana. Era de un amigo que le advertía de que una crecida repentina de grandes proporciones se dirigía río abajo.
Al colgar el teléfono, una tromba de agua arrasó la comisaría. “Uno de mis oficiales superiores y yo estábamos juntos cuando la ola golpeó. Yo salí despedido, pero él tuvo mala suerte y quedó sepultado o arrastrado por la corriente”, contó desde un hospital en Katmandú. Y agregó: “no puedo explicar la magnitud de las olas. Engulleron edificios de varios metros de altura en cuestión de segundos. No era solo agua. Era una combinación de rocas, arena y lodo espeso”. De siete policías, solo tres fueron encontrados en vida.
Smriti Ojha, de 17 años, se preparaba para ir a la escuela en Trishuli, en el distrito de Nuwakot, Nepal, cuando sintió un temblor repentino. Al principio, pensó que era un terremoto, similar al de 2015 que destruyó la casa de su familia. Salió corriendo de la casa alquilada donde vive con sus amigos. Justo al salir, vio olas enormes.
“Todos en la casa lograron salir antes de que fuera demasiado tarde, pero no pudimos salvar nada”, dijo desde su cama de hospital, donde recibía tratamiento por un corte en el pie derecho. Su familia directa, que vive a más de ocho kilómetros de la zona devastada, está a salvo, pero cuatro de sus parientes están desaparecidos. “Fue terrorífico. No puedo creer que todo haya desaparecido ante mis ojos”, aseveró. “La devastación se ve por todas partes”, agregó Tula Bahadur BK, una médica en Rasuwa. Y lamentó: “los asentamientos junto al río han sido arrasados por completo. Cinco de mis familiares están desaparecidos”.
Los primeros informes de las autoridades nepalíes sugerían que un terremoto en la zona podría haber provocado el derrumbe de la sección inferior de un glaciar, desencadenando así las inundaciones repentinas. Sin embargo, el Servicio Geológico de Estados Unidos señaló que el sismo, registrado inicialmente como de magnitud 4,4, fue en realidad la energía sísmica generada por el colapso repentino de rocas y hielo glaciares, seguido de un enorme alud de escombros.

