Brasil afronta este domingo la primera vuelta de unas elecciones presidenciales dominadas por dos nombres y, sobre todo, por el rechazo que ambos generan en una parte importante del electorado. La contienda enfrenta al actual presidente, Luiz Inácio Lula da Silva, con Flávio Bolsonaro, hijo del expresidente Jair Bolsonaro, en un escenario de fuerte polarización y escaso entusiasmo.
Daniela Kresch, periodista brasileña afincada en Jerusalén y ex corresponsal de medios como GloboNews o Radio France Internationale, destacó durante una videoconferencia con Artículo 14 que solo una minoría votará movida por una adhesión plena a Lula o a Bolsonaro. La mayoría lo hará para impedir que el adversario llegue al poder: unos porque no soportan que Lula continúe en la Presidencia y otros porque no quieren que la familia Bolsonaro regrese al Gobierno.

El coste de la vida, el endeudamiento de las familias, la inseguridad y la corrupción se encuentran entre las principales preocupaciones de los brasileños. La campaña también ha quedado atravesada por la percepción de que no existe una tercera vía capaz de romper el duelo entre la izquierda de Lula y la derecha de Bolsonaro. En este contexto, Kresch advierte de que el resultado de la segunda vuelta es completamente incierto y que Brasil podría experimentar un giro significativo en su política económica y la diplomacia exterior dependiendo de quién se imponga.
-¿Cuáles son los principales factores que determinarán el resultado de esta primera vuelta? ¿Puede crecer o perder alguno de los dos grandes candidatos?
-La contienda está entre Lula y Flávio Bolsonaro. No hay ningún otro candidato que pueda acercarse a los niveles de esos dos. Lo terrible es que la gente no está votando por quien quiere, sino contra quien no quiere. Creo que solo un número muy pequeño de personas votará porque cree realmente en ellos. La mayoría votará porque ya no aguanta más a Lula como presidente o porque no quiere, de ninguna manera, que Bolsonaro o su familia vuelvan a la Presidencia.
-¿Cuáles son los temas que más preocupan a la población?
-En el terreno socioeconómico, el principal problema es el coste de la vida. En Brasil las cosas siempre son difíciles, pero ahora preocupa especialmente la inflación de los alimentos. Hay además una cuestión nueva: el endeudamiento de las familias provocado por las apuestas y el juego en línea. Las llamadas bets empezaron a crecer con mucha fuerza hace tres o cuatro años y muchas personas ya no tienen dinero para otras cosas porque destinan buena parte de sus ingresos a apostar desde el teléfono.

Lula aprobó hace pocos días una ley contra las bets, pero mucha gente considera que lo hizo demasiado tarde y únicamente porque estamos antes de las elecciones. El endeudamiento de las familias es ahora muy grande por culpa del juego.
-También mencionas la seguridad pública como una preocupación central.
-Sí. La inseguridad urbana continúa y está cada vez peor. Las personas ya no pueden caminar tranquilamente por la calle con el teléfono móvil y son frecuentes los robos en los automóviles.

También está la lucha contra el crimen organizado. La familia Bolsonaro viajó a Estados Unidos para pedir que Donald Trump declarase terroristas a los grupos criminales brasileños, y Trump aceptó esa petición. Lula considera terrible que alguien tenga que ir a Estados Unidos para intentar resolver un problema interno de Brasil. Son organizaciones criminales muy poderosas, pero no necesariamente grupos terroristas. Esa discusión también forma parte de la campaña y muestra hasta qué punto la seguridad se ha convertido en un asunto político.
-¿Cómo viven los brasileños esta campaña? ¿Hay desafección o la polarización moviliza a la población?
-Estas son las elecciones que se celebran desde el regreso de la democracia en Brasil, en 1989, que generan menos interés. En Brasil el voto es obligatorio, pero la gente puede justificar que no ha votado y pagar una cantidad pequeña, de aproximadamente un dólar. Muchos ciudadanos no están interesados en acudir a las urnas.

Hay dos candidatos que llevan mucho tiempo en la política. Lula ya tiene 80 años y Bolsonaro tuvo un Gobierno muy cuestionado. Los brasileños se preguntan por qué no existe una tercera vía, una opción de centro o alguien procedente del mundo empresarial que pueda ofrecer una alternativa. La polarización es terrible porque obliga a elegir entre la izquierda y la derecha más extremas.
-¿La corrupción está influyendo más que en anteriores campañas?
-Sí. Brasil siempre ha tenido problemas de corrupción, pero normalmente no era un asunto tan importante durante la campaña electoral. En estas elecciones sí lo es porque ha habido un caso muy grande, el caso Máster, que ha afectado a personas de ambos lados.

Los brasileños sienten que todas las autoridades están implicadas. Incluso Alexandre de Moraes, presidente del Tribunal Superior Electoral y una figura muy importante para los seguidores de Lula, ha quedado relacionado con el escándalo a través de su esposa, que habría recibido millones de reales del empresario implicado.
-Se da por hecho que Lula y Flávio Bolsonaro pasarán a la segunda vuelta. ¿Hacia dónde se dirigirán los votos de los demás candidatos?
-Nadie lo sabe. Es increíble, porque ahora, para la primera vuelta, los dos están prácticamente igualados. Lula aparece ligeramente por encima, alrededor del 38 o el 39%, y Flávio Bolsonaro se sitúa en torno al 36 o el 38%, según las últimas encuestas.

En la segunda vuelta tampoco está claro qué harán las personas que hayan votado a los candidatos que queden en tercer o cuarto lugar. Los seguidores de Lula dirán que Lula va a ganar y los del otro lado dirán que Bolsonaro está en mejores condiciones. Pero la realidad es que nadie sabe qué ocurrirá. Las encuestas no siempre aciertan.
-¿Qué supondría para Brasil una victoria de Flávio Bolsonaro?
-En política exterior supondría un cambio muy grande. Lula apuesta por los BRICS y mantiene una relación próxima con Rusia e Irán. También afirma que Israel está cometiendo un genocidio, un asunto que se ha convertido en un elemento importante de la campaña. Flávio Bolsonaro se alejaría de esa posición y se acercaría más a Donald Trump y a Estados Unidos, como hizo su padre. La elección marcaría, por tanto, el bloque al que Brasil quiere pertenecer: el del sur global o el de Trump y Estados Unidos.

