En el extremo norte de Alemania, muy cerca de la frontera con Dinamarca, la isla de Sylt se ha convertido en uno de los destinos de vacaciones más conocidos del país. Sus largas playas frente al mar del Norte, sus dunas, sus características casas con tejados de paja y una amplia oferta gastronómica atraen cada año a quienes buscan pasar unos días lejos de las grandes ciudades.
Sylt pertenece al archipiélago de las islas Frisias del Norte y tiene una geografía difícil de confundir. Estrecha y alargada, cuenta con unos 40 kilómetros de playas en su costa occidental y está conectada con el continente mediante el Hindenburgdamm, un dique ferroviario por el que circulan tanto trenes de pasajeros como aquellos que permiten transportar vehículos.
La isla lleva décadas asociada a las vacaciones de las clases acomodadas alemanas. Sin embargo, su atractivo va mucho más allá de los establecimientos exclusivos.

De las playas de Kampen a las calles de Westerland
Cada zona de Sylt ofrece una experiencia diferente. Westerland es su principal núcleo urbano y concentra buena parte de los hoteles, restaurantes y comercios. También cuenta con un largo paseo marítimo y acceso directo a una de las playas más frecuentadas de la isla.
Kampen, en cambio, es el nombre que tradicionalmente se relaciona con la faceta más exclusiva de Sylt. Esta pequeña localidad se convirtió durante la segunda mitad del siglo XX en lugar de vacaciones para empresarios, artistas y personalidades conocidas de Alemania. Sus viviendas con tejados de paja y algunos de sus restaurantes y boutiques siguen representando esa imagen sofisticada que acompaña a la isla.
Pero también existen alternativas más tranquilas. En el norte se encuentra List, rodeada de dunas y espacios naturales, mientras que localidades como Keitum conservan algunas de las construcciones tradicionales más características. Allí, las casas frisias, los jardines y las pequeñas calles muestran una cara muy diferente a la del concurrido Westerland.

Sylt también permite recorrer buena parte de su territorio en bicicleta. Una extensa red de rutas conecta los distintos municipios y facilita desplazarse entre playas, pueblos y reservas naturales sin necesidad de utilizar el coche.
Ostras, dunas y el mar del Norte
La gastronomía constituye otro de sus principales atractivos. La isla cuenta con numerosos restaurantes que van desde establecimientos sofisticados hasta pequeños locales junto a la playa. El pescado y el marisco tienen un papel protagonista y Sylt es, además, conocida por el cultivo de ostras en las aguas próximas a List.
El paisaje, sin embargo, continúa siendo su principal reclamo. Sylt forma parte del entorno del mar de Frisia, una zona de enorme valor medioambiental caracterizada por sus mareas y bancos de arena. Las excursiones por las zonas intermareales son una de las actividades habituales, siempre condicionadas por unos cambios de marea que hacen recomendable realizarlas acompañadas por guías especializados.

La isla tampoco es exclusivamente un destino de verano. Fuera de la temporada alta, las temperaturas bajan y el viento del mar del Norte se hace mucho más evidente, pero Sylt conserva visitantes que llegan para caminar por sus playas prácticamente vacías o alojarse durante unos días en alguno de sus hoteles y casas tradicionales.

