En esta época del verano, lo que muchas personas desean es salir a refrescarse e incluso tomarse unos días para poder ir a la playa y disfrutar del agua, la arena y esa neverita llena de bocadillos deliciosos traídos de casa.
Pero el disfrutar tanto tiempo fuera no viene sin algunos riesgos, particularmente cuando de la comida se trata. Esto debido a que hay alimentos que no son compatibles con el calor o porque no están bajo la refrigeración adecuada.
Pero el deleite no está peleado con una buena alimentación, sino solo es cuestión de prestar atención a la comida que se transporta y consume fuera de casa, según explica Mery Villamizar, nutricionista del Hospital Quirónsalud Marbella. “La combinación de altas temperaturas, exposición al sol y una conservación inadecuada aumenta el riesgo de intoxicaciones alimentarias y malestar digestivo”, advierte la especialista. Elegir correctamente qué llevar en la nevera portátil puede marcar la diferencia entre disfrutar de una jornada perfecta o sufrir problemas gastrointestinales durante las vacaciones.

Prohibidos en la playa
Entre los alimentos que conviene evitar destacan aquellos que se deterioran rápidamente cuando se rompe la cadena de frío o que presentan un mayor riesgo microbiológico.
Uno de los principales ejemplos son las preparaciones con huevo crudo o poco cocinado. “Es recomendable evitar alimentos como la tortilla de patatas poco cuajada o la mayonesa casera cuando van a permanecer varias horas fuera de casa y expuestas al calor”, señala Villamizar.

Los lácteos también requieren especial precaución. Yogures, quesos frescos, natillas o salsas elaboradas con nata pueden estropearse con facilidad si no se mantienen a la temperatura adecuada. La experta recuerda que estos productos son especialmente sensibles a las elevadas temperaturas del verano.
Asimismo, las carnes y pescados insuficientemente cocinados presentan un mayor riesgo de contaminación. Los filetes rusos poco hechos, el marisco crudo o cualquier preparación de origen animal mal cocinada pueden deteriorarse rápidamente durante una jornada de playa.
Por último, Villamizar recomienda limitar las comidas muy copiosas y ultraprocesadas. “Los fritos, rebozados y guisos dificultan la digestión y, combinados con el calor ambiental, aumentan la sensación de pesadez y malestar gastrointestinal”, explica.
Las alternativas más seguras
Afortunadamente, existen numerosas opciones saludables y resistentes al calor que permiten disfrutar de una comida segura junto al mar. Las frutas frescas enteras son una de las mejores elecciones: la sandía, melón, melocotones o cerezas. La nutricionista recomienda transportarlas enteras y cortarlas justo antes de consumirlas para evitar que se oxiden o que atraigan insectos.
Las ensaladas de legumbres también constituyen una alternativa muy completa desde el punto de vista nutricional. “Son platos saciantes y nutritivos, siempre que se mantengan refrigerados hasta el momento de su consumo”, destaca Villamizar. En estos casos, aconseja aliñarlas con aceite de oliva y limón justo antes de comer y evitar las salsas preparadas.
Para quienes desean incluir proteínas, las opciones más seguras son el pollo o el pavo completamente cocinados, así como las conservas de pescado, como el atún al natural.
Las verduras frescas también tienen cabida en el menú playero. Bastones de zanahoria o pepino, junto con un gazpacho casero bien frío, pueden ayudar a combatir el calor y aportar nutrientes esenciales durante la jornada.
Las cuatro reglas de oro
Más allá de la elección de los alimentos, la nutricionista insiste en la importancia de seguir unas pautas básicas de seguridad alimentaria.
La primera es no romper la cadena de frío. “Es recomendable utilizar una nevera rígida o una bolsa isotérmica de calidad, acompañada de suficientes placas de hielo”, añade. Además, aconseja mantenerla siempre protegida del sol.
La segunda regla es extremar la higiene. Lavarse las manos antes de manipular los alimentos o utilizar gel hidroalcohólico cuando no se disponga de agua potable puede evitar numerosas contaminaciones.
El tercer consejo consiste en abrir la nevera únicamente cuando sea necesario y consumir primero los productos más perecederos. De esta forma se minimizan las pérdidas de temperatura y se preserva mejor la seguridad de los alimentos.
Por último, Villamizar recuerda que la hidratación es tan importante como la alimentación. “Durante los días de playa, el agua debe ser la bebida principal. Es recomendable beber de forma regular, incluso antes de sentir sed”, asegura.
Planificar con antelación un menú ligero, fresco y seguro permite disfrutar de la playa sin sobresaltos. Una correcta conservación de los alimentos y unas sencillas medidas de prevención son la mejor garantía para que el verano solo deje buenos recuerdos.

