María Eugenia estaba dentro de su apartamento en Caracas cuando el suelo comenzó a moverse. En apenas unos segundos, todo aquello que hasta entonces parecía estable dejó de serlo. Las paredes, los objetos y el propio edificio comenzaron a sacudirse mientras ella trataba de comprender qué estaba ocurriendo. Su primera reacción no fue racional ni calculada. Fue miedo.
“Pensé que iba a morir. Estaba en mi casa, en el apartamento. Se lo juro por mi vida que pensé que iba a morir”, ha relatado la joven de 30 años a Artículo14 después de sobrevivir a los terremotos en Venezuela que han golpeado Caracas y varios estados del país.
María Eugenia logró abandonar la vivienda, pero horas después todavía no podía desprenderse de la sensación de peligro. “Corrí como nunca. Estoy en shock, no paro de llorar, aún no siento las piernas”, explica. “Cuando pasé por la piscina, creí que se me venía encima”, detalla, aún completamente en shock.
Una huida marcada por el miedo durante los terremotos en Venezuela
Me han pasado este vídeo del Aeropuerto de Maiquetia. dios mío… pic.twitter.com/sSH0yboQVP
— Said Rahal (@srahalh) June 24, 2026
Su testimonio resume la experiencia de miles de habitantes de la capital venezolana, sorprendidos por dos terremotos de gran magnitud registrados con menos de un minuto de diferencia. El Servicio Geológico de Estados Unidos situó los movimientos cerca de Morón, al oeste de Caracas, con magnitudes de 7,2 y 7,5.
Las sacudidas provocaron el balanceo de edificios, derrumbes y escenas de pánico en diferentes sectores de la ciudad. Muchos vecinos bajaron a la calle sin tiempo para recoger pertenencias, mientras otros permanecieron durante horas frente a sus viviendas ante el temor de que las estructuras hubieran sufrido daños.
María Eugenia recuerda únicamente la necesidad de salir cuanto antes. No sabía cuánto duraría el movimiento ni si el edificio podría resistir. En esos instantes, la distancia hasta la calle parecía mucho mayor de lo habitual.
Su reacción posterior muestra también el impacto que puede permanecer cuando el temblor ya ha terminado. El llanto, la debilidad en las piernas y la sensación de que la amenaza continúa son respuestas frecuentes después de haber vivido una situación extrema.
“La gente está durmiendo en la calle”
Una parte de la población de Caracas decidió pasar la noche fuera de sus casas. Algunas personas temían las réplicas; otras no podían comprobar con seguridad el estado de sus edificios o habían observado grietas, desprendimientos y daños en las fachadas.
“La gente está durmiendo en la calle”, cuenta María Eugenia. La imagen describe una ciudad convertida provisionalmente en refugio: familias reunidas en aceras, plazas y espacios abiertos, pendientes de los teléfonos y de cualquier nueva sacudida.
Las autoridades pidieron a los ciudadanos que evitaran entrar en inmuebles dañados y que mantuvieran libres las calles para facilitar el paso de ambulancias, bomberos y equipos de rescate. Las clases fueron suspendidas y algunos centros comenzaron a utilizarse como puntos de acogida.
Los terremotos en Venezuela también causaron cortes de electricidad, interrupciones en las comunicaciones y problemas en varios servicios esenciales. Esa falta de información aumentó la incertidumbre de quienes buscaban a familiares o trataban de conocer la situación de otros barrios.
Una nueva réplica durante la conversación
🇻🇪 | 7,1 | URGENTE: Momentos durante el terremoto que sacudió Venezuela la tarde del miércoles. pic.twitter.com/gKZwNrVudf
— Alerta News 24 (@AlertaNews24) June 24, 2026
El miedo no terminó con los dos grandes movimientos. Mientras hablaba con Artículo14, María Eugenia alertó de una nueva sacudida: “Acaba de volver a temblar”.
La frase muestra hasta qué punto la emergencia continuaba abierta. Después de los terremotos principales se registraron cerca de una veintena de réplicas, algunas perceptibles por la población y suficientes para obligar a miles de personas a revivir el momento inicial.
Cada nuevo movimiento devuelve la duda sobre la seguridad de los edificios. Incluso una réplica de menor intensidad puede provocar desprendimientos en estructuras que ya hayan quedado debilitadas por los primeros seísmos.
Los organismos de emergencia han pedido mantener la calma, permanecer alejados de fachadas, muros y postes, y no regresar a viviendas con daños evidentes hasta que sean revisadas por personal especializado.
Caracas busca supervivientes entre los escombros

En distintos puntos de la capital se han registrado derrumbes y daños importantes. Equipos de Protección Civil, bomberos, policías municipales y ciudadanos trabajan para localizar a personas atrapadas y retirar los restos de los edificios colapsados.
El alcalde del municipio de Chacao, Gustavo Duque, informó durante las primeras horas del rescate de más de veinte personas con vida. También solicitó maquinaria y herramientas a empresas constructoras para poder acceder a zonas cubiertas por escombros.
El alcance definitivo de la tragedia sigue sin estar cerrado. Las primeras informaciones sitúan el balance provisional en al menos 32 fallecidos y alrededor de 700 heridos, aunque La Guaira aparece como la zona de mayor preocupación por el número de edificios destruidos y las dificultades de comunicación.
El aeropuerto internacional Simón Bolívar de Maiquetía permanece cerrado por los daños sufridos, mientras el Gobierno ha declarado el estado de emergencia y ha movilizado recursos civiles y militares.
El miedo después del terremoto

Las cifras permiten medir la dimensión material de un desastre, pero no explican por completo lo que ocurre dentro de una persona cuando siente que su vivienda puede derrumbarse.
María Eugenia sobrevivió y pudo salir del apartamento. Sin embargo, su relato está construido desde un presente todavía dominado por el temblor: no habla como alguien que recuerda una experiencia pasada, sino como quien continúa atrapada emocionalmente en ella.
“Estoy en shock, no paro de llorar”, repite. La calle ofrece ahora más seguridad que su propia casa, aunque tampoco elimina la posibilidad de nuevas réplicas ni la angustia por las noticias que llegan desde otros sectores.
Su testimonio convierte los terremotos en Venezuela en algo más que una sucesión de magnitudes, epicentros y balances. Durante unos segundos, una estudiante de Caracas creyó que no lograría salir con vida. Horas después, con las piernas todavía temblando, seguía escuchando a una ciudad que no se atrevía a volver a dormir bajo techo.

