Desafiando las advertencias del Papa León XIV, un grupo de católicos tradicionalistas rebeldes con el Vaticano nombró este miércoles a cuatro obispos, en un movimiento que ha generado la mayor crisis interna en el seno de la Iglesia Católica Romana desde el consagramiento del líder religioso en mayo de 2025.
El grupo de la fraternidad sacerdotal de San Pío X siguió adelante con la ceremonia, pese a las exigencias del Papa, que reclamó “desistir de vuestro acto intencionado” por considerarlo un “pecado de extrema gravedad”. Oficiales del Vaticano avanzaron que los obispos serán excomulgados automáticamente en caso de no anularse el acto, una advertencia que no logró detener la ceremonia.
El nombramiento supuso una escalada en los 56 años de tensión que caracterizan la relación de esta fraternidad con la Iglesia Católica, que empezaron su enfrentamiento con el Vaticano a partir de 1970 en protesta por los movimientos para modernizar la institución eclesiástica.
Lefebvre y la ruptura con Roma
San Pío X es una sociedad sacerdotal católica fundada por monseñor Marcel Lefebvre, con el objetivo principal de formar sacerdotes y promover la fe católica, especialmente mediante la Misa tradicional y la enseñanza doctrinal. Tiene presencia internacional y desarrolla actividades como parroquias, escuelas, retiros espirituales y obras de caridad. Nació en Suiza y se constituyó originalmente en Friburgo el 1 de noviembre de 1970.
Su conflicto con el Vaticano nace de su rechazo a varias reformas del Concilio Vaticano II, sobre todo en liturgia y doctrina, y se agravó en 1988 cuando el monseñor Marcel Lefebvre consagró obispos sin permiso papal, lo que provocó excomuniones y una ruptura con Roma. Aunque después hubo gestos parciales de acercamiento y el Vaticano ha intentado mantener un diálogo, la relación sigue tensa porque la Fraternidad insiste en preservar la tradición y la Santa Sede considera problemáticas sus acciones fuera de la comunión plena.
Para León XIV, que desde el inicio de su pontificado buscó fórmulas para reducir las tensiones internas, el reto es enorme. Desde su toma de posesión, buscó agradar a sectores aperturistas permitiendo nombrar a curas mujeres, pero también dio concesiones a los sectores conservadores, con el retorno a dar misas exclusivamente en latín.
Dos idiomas diferentes
“El mayor sacrificio que Dios puede pedirnos es el de ser tratados como rebeldes mientras queremos servir a la iglesia como una madre en la dificultad, abrumada, sufriendo”, declaró tras el acto Davide Pagliarani, el director general de la sociedad. Y agregó: “básicamente, hablamos dos idiomas diferentes”, ya que alega que ellos hablan de “la fe en toda su sencillez”. El lenguaje de la Iglesia Católica, añadió, es “el lenguaje de la inclusión, el diálogo y el acompañamiento”.
La homilía fue en francés, pero la mayor parte de la ceremonia se celebró en latín. La decisión sobre el idioma concuerda con el rechazo de la congregación a las decisiones modernizadoras del Concilio Vaticano II, celebrado en la década de 1960. A pesar de la oposición del Vaticano, el grupo informó que unos 17.000 fieles asistieron a la ceremonia en Écône, un pequeño pueblo suizo situado a los pies de los Alpes, donde la congregación instaló su primer seminario en 1970.
El tamaño de la sociedad
Stephen Bullivant, profesor de teología en la Universidad de St. Mary (institución católica de Londres), afirmó al New York Times que la ceremonia era un reflejo del “debate polarizado que se está produciendo dentro de la Iglesia en torno al Concilio Vaticano II, la dirección actual de la Iglesia Católica, todos los problemas de la secularización y el declive del sacerdocio”.
Para algunos católicos, la ceremonia celebrada por la sociedad rebelde les recordó al evento de hace cuatro décadas, cuando se consagraron también cuatro obispos. A pesar de la excomunión de los obispos, el grupo siguió creciendo. Según sus propias estadísticas, la sociedad cuenta actualmente con 751 sacerdotes, casi 400 monjas y monjes y 264 seminaristas. Dirige escuelas e iglesias en 77 países, incluidas unas 100 iglesias en los Estados Unidos. Participantes de decenas de países asistieron a la consagración del miércoles en Suiza.
