El 8 de mayo de 2025, la Plaza de San Pedro escuchó por primera vez el nombre de León XIV. Un año después, el pontificado del primer Papa estadounidense aparece ya definido por algunas constantes muy claras: la insistencia en la paz, una defensa radical de la dignidad humana frente a los nacionalismos y una idea de la misión católica ligada menos al poder que a la presencia en las periferias del mundo.
Doce meses después de aquel “Habemus Papam”, León XIV ha construido un liderazgo menos carismático y expansivo que el de Francisco, pero profundamente pastoral y diplomático. Su primer año ha estado marcado por viajes a zonas de tensión, llamadas constantes a la reconciliación y una preocupación reiterada por los migrantes, la guerra y las fracturas sociales.
Desde el inicio de su pontificado, León XIV ha repetido una idea casi obsesiva: “La misión es de Jesús”. Esa frase, pronunciada en distintos encuentros con misioneros y agentes pastorales, resume buena parte de su visión eclesial. El Papa ha evitado grandes reformulaciones doctrinales y ha preferido insistir en una Iglesia presente, humilde y cercana.

Su primer gran documento, la exhortación apostólica Dilexi te, centrada en el amor hacia los pobres y la responsabilidad hacia los más vulnerables, confirmó esa dirección pastoral. A ello se sumaron cartas apostólicas y motu proprios centrados en la organización interna de la Iglesia, la educación y la unidad eclesial. Entre ellos destacó In unitate fidei, publicado con motivo del 1700 aniversario del Concilio de Nicea.
Pero si algo ha definido estos primeros doce meses han sido sus constantes llamamientos a la paz. Según datos difundidos por medios vaticanos, León XIV ha realizado más de 400 referencias públicas a la necesidad de una reconciliación “desarmada y conciliadora”. En una de sus intervenciones más citadas, denunció a los “señores de la guerra” que convierten el poder “en un ídolo mudo, ciego y sordo”. Su mensaje para la Jornada Mundial de la Paz insistía en lo que es ya una de las grandes frases de su pontificado: “una paz desarmada y desarmante”.
Esa preocupación atravesó especialmente sus viajes apostólicos. Su primera salida internacional, en noviembre de 2025, lo llevó a Turquía y Líbano, en un recorrido profundamente simbólico. Allí conmemoró el aniversario del Concilio de Nicea junto al patriarca ortodoxo Bartolomé I y visitó Beirut cinco años después de la explosión que devastó la ciudad. El viaje estuvo marcado por el diálogo interreligioso y por mensajes continuos sobre convivencia y reconstrucción.

En abril de 2026 llegó el viaje que probablemente mejor define el tono de este pontificado: diez días por Argelia, Camerún, Angola y Guinea Ecuatorial. León XIV visitó hospitales, orfanatos, universidades católicas y centros de acogida, además de insistir en la denuncia de la corrupción, el colonialismo económico y la “economía de exclusión”. En Camerún pidió explícitamente paz para las regiones anglófonas en conflicto y defendió el diálogo político frente a la violencia.
La cuestión migratoria se ha convertido también en una de las grandes líneas de su pontificado. El próximo viaje a España, previsto del 6 al 12 de junio, volverá a poner ese eje en primer plano. El Papa visitará centros de acogida de migrantes en Canarias y Tenerife, además de reunirse con personas sin hogar y presos. Será además el primer pontífice que intervenga en una sesión conjunta del Congreso y el Senado españoles.

Precisamente sus posiciones sobre migración, diplomacia y guerra han provocado choques cada vez más visibles con Donald Trump. León XIV ha criticado en distintas ocasiones las amenazas bélicas y los discursos excluyentes. Esta misma semana respondió públicamente a las críticas del expresidente estadounidense asegurando: “Si alguien quiere criticarme por anunciar el Evangelio, que lo haga con la verdad”.
La tensión alcanzó tal nivel que el secretario de Estado estadounidense, Marco Rubio, viajó al Vaticano para intentar recomponer las relaciones bilaterales. Durante ese encuentro, el Papa reiteró su defensa de la diplomacia, el derecho internacional y el rechazo a la guerra.
En paralelo, León XIV ha desarrollado una intensa actividad pastoral: 82 homilías, 93 mensajes oficiales, decenas de audiencias generales y tres bendiciones Urbi et Orbi. También ha reforzado su presencia digital, con millones de seguidores en redes sociales y una estrategia comunicativa muy orientada a los jóvenes.
A un año de su elección, el pontificado de León XIV parece haber encontrado ya su tono propio. Menos centrado en los grandes gestos mediáticos que en una diplomacia constante y una presencia pastoral silenciosa, el Papa ha convertido la misión, la escucha y la paz en el núcleo de un pontificado que intenta responder a un mundo cada vez más crispado desde una idea sencilla pero insistente: construir puentes donde otros levantan fronteras.
