Opinión

Así ha sido el I Encuentro por los Derechos Digitales

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Esta semana ha tenido lugar en Barcelona un evento pionero que ha reunido a más de 3.000 personas, entre profesionales y ciudadanía, para reflexionar sobre el estado del entorno digital, analizar de qué manera nos afecta y plantear las acciones necesarias para mejorarlo.

El evento, organizado por el Gobierno de España y Mobile World Capital, ha contado con filósofas, juristas, politólogos, periodistas, tecnólogas, creadores y jóvenes, con nombres tan potentes como Yaël Eisenstat, ex directora de Facebook y actual asesora política de estrategia digital, Cory Doctorow, periodista y autor del libro ‘Mierdificación’, Frances Haugen, la ingeniera que destapó los abusos de Facebook o Giuliano Da Empoli, ex asesor político y autor de ‘La hora de los depredadores’.

Cuando hablamos de derechos digitales, nos referimos a “mantener los mismos derechos que hemos conseguido en el mundo físico a través de las democracias, en el mundo digital” así resumía María González Veracruz, Secretaria de Estado de Digitalización e Inteligencia Artificial, el título del encuentro. Añadiendo que “dentro de unos años veremos escandaloso lo que hoy algunos se cuestionan, como lo era fumar dentro de las aulas o conducir sin cinturón de seguridad”.

Un espacio digital nocivo

Todos los participantes, sin excepción, coincidieron en el diagnóstico: las herramientas tecnológicas son muy útiles, pero, tal y como están planteadas ahora, tienen demasiados efectos negativos, tanto para las personas como para el buen funcionamiento de la sociedad. La desinformación se consume mucho más rápido que la información, porque preferimos aquello que no cuestiona nuestras creencias previas. La falta de privacidad provoca que las plataformas y los asistentes de IA recopilen toda nuestra información para venderla a terceros y enviarnos contenidos específicos. La inteligencia artificial con apariencia humana nos hace creer que tenemos conexiones afectivas cuando no es cierto. Y empieza a confirmarse que nuestras facultades cognitivas están mermando, como la memoria, la capacidad para conectar conceptos o la creatividad.

Es importante prestar atención a las páginas por las que navegamos para evitar caer en fraudes.

La responsabilidad es de los dueños de las plataformas

Los hombres, con nombres y apellidos, que dirigen los espacios donde pasamos la mayor parte de nuestro tiempo, han declarado abiertamente que quieren que en Internet reine la ley de la selva. A nivel individual tenemos poco margen de maniobra: tratar de protegernos, poner límites y educar. Que se amplifique la postura crítica ante el abuso de las grandes tecnológicas a través de campañas y relatos audiovisuales es una manera de concienciar. Pero la acción principal debe recaer en quienes poseen las plataformas y controlan su funcionamiento. A ese nivel de poder e influencia, solo pueden actuar los estados con sus leyes. También se mencionó la posición estratégica de los anunciantes que pueden hacer presión exigiendo prácticas más éticas y transparentes a los canales digitales.

Europa como modelo basado en los derechos

Aunque el diagnóstico está claro, aún hay falta de movilización por el miedo a los castigos que impone EEUU en forma de sanciones económicas o, incluso, impidiendo la entrada a su país. La catedrática de Derecho y Organizaciones Internacionales, Anu Bradford, dibujó el escenario mundial en el que Europa tiene la oportunidad de situarse al lado de los derechos de las personas, frente a un EEUU depredador, al que solo la importa el beneficio económico, y a China, que ha entendido el enorme poder del entorno digital y censura la mayoría de los contenidos. En Europa ya tenemos leyes diseñadas como la DSA (Ley de Servicios Digitales) y la DMA (Ley de Mercados Digitales), lo que hace falta es implementarlas de verdad.

Es alentador saber que en todos los países hay posturas críticas sobre lo que está pasando en el entorno digital y que se plantan ante el abuso de los monopolios tecnológicos. Mientras los distintos países avanzan en la aplicación de las normativas, lo que sí puede hacer la ciudadanía es ejercer su poder mediante el voto: apoyando a quien prioriza el bienestar de las personas por encima del enriquecimiento económico de unos pocos.

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