La preocupación no es nueva, pero los datos la convierten ya en una demanda social difícil de ignorar. El 93% de los ciudadanos de la Unión Europea considera urgente que las autoridades actúen frente al impacto negativo de las redes sociales en la salud mental de los menores. Es uno de los consensos más sólidos que arroja el último Eurobarómetro Especial 566, dedicado a La Década Digital 2025. Y es, además, uno de los ámbitos donde la diferencia entre hombres y mujeres es más evidente.
Según el estudio, ellas perciben con mayor intensidad los riesgos asociados al uso de internet por parte de niños y adolescentes. El 69% de las mujeres considera “muy urgente” intervenir frente al impacto de las redes sociales en la salud mental infantil, frente al 65% de los hombres. La brecha se repite cuando se analizan otros peligros, como el ciberacoso o el acceso a contenidos inapropiados.
Una alarma compartida, pero desigual
El ciberacoso es visto como una prioridad por el 92% de los europeos. Sin embargo, el grado de urgencia vuelve a separarse por sexo: un 67% de las mujeres reclama una actuación inmediata, frente al 62% de los hombres. Algo similar ocurre con los mecanismos de verificación de edad para restringir contenidos inadecuados. Mientras que el 67% de ellas lo considera “muy urgente”, entre ellos el porcentaje cae hasta el 60%.

Optimismo masculino, cautela femenina
El Eurobarómetro muestra que, en términos generales, los hombres tienden a valorar de forma algo más positiva el impacto de la digitalización. Un 75% considera que los servicios digitales facilitan la vida diaria, frente al 72% de las mujeres. También son ligeramente más optimistas respecto al papel de la tecnología en el acceso a servicios públicos de aquí a 2030.
Esa visión más confiada se traslada a la percepción institucional. El 47% de los hombres cree que la Unión Europea protege bien sus derechos en el entorno digital, frente al 43% de las mujeres.
La lectura que hacen los autores del informe es clara: las mujeres identifican antes los riesgos y son más exigentes con la respuesta pública, especialmente cuando están en juego la infancia y la adolescencia.
La brecha entre la norma y la realidad
La protección de los menores es, de hecho, el único ámbito del informe donde predomina una valoración negativa sobre la aplicación de los principios digitales. Sólo el 42% de los europeos considera que los derechos para garantizar entornos digitales seguros para niños y jóvenes se aplican bien en su país, frente a un 48% que opina lo contrario.

Un debate que vuelve a la agenda política
En este contexto se enmarca el anuncio realizado -por sorpresa y desde Dubai- este martes por el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, sobre su intención de limitar el acceso de los menores de 16 años a las redes sociales. Aunque el debate viene de lejos y se ha planteado en varios países, los datos del Eurobarómetro refuerzan la idea de que existe una base social sólida para avanzar hacia una regulación más estricta.

En Bruselas, fuentes comunitarias reconocen en privado que el consenso ciudadano es amplio, pero admiten también las dificultades técnicas y jurídicas para fijar una edad mínima común y garantizar su cumplimiento efectivo en toda la UE. Los sistemas más efectivos, como los utilizados en Australia, utilizan nuestros datos biométricos y eso choca de lleno con la fuerte regulación europea en materia de protección de datos.
Mientras ese debate avanza, el mensaje de la ciudadanía no pude ser más claro. Europa quiere una transformación digital. Y son, de nuevo, las mujeres quienes lideran esa exigencia de límites claros para proteger a los más jóvenes en el entorno digital.
