Por primera vez en la historia política de Japón, una mujer ocupa la oficina del primer ministro. Sanae Takaichi no solo llegó al poder en octubre tras una carrera interna en un Partido Liberal Democrático (PLD) exhausto, sino que decidió jugar fuerte: disolver el Parlamento y convocar elecciones anticipadas con una campaña relámpago, la más corta del Japón de posguerra. La apuesta es personal y política. Y, sobre todo, femenina.
A pocos días de las elecciones anticipadas del domingo, Japón vive algo parecido a un fenómeno de devoción personal hacia su nueva primera ministra. Sanae Takaichi, conservadora y recién llegada al cargo tras la dimisión de Shigeru Ishiba, ha decidido jugar fuerte, convertir una popularidad que supera el 60% en una mayoría parlamentaria más sólida. Su coalición con el Partido de la Innovación de Japón (Ishin) gobierna con una ventaja mínima, apenas un escaño, y la apuesta de disolver y convocar elecciones se entiende como un intento de transformar carisma en mayoría absoluta.
La campaña, además, ha sido un sprint de doce días entre el inicio oficial y la jornada electoral. Además, febrero es un mes atípico para votar en el archipiélago por las nevadas, y este año los temporales han sido especialmente intensos, con al menos 38 fallecidos. Y los retrasos en el envío de papeletas para el voto anticipado y la dificultad de desplazamiento han añadido incertidumbre sobre la participación, un factor que puede decidir si Takaichi se consolida o se enfría.

Vértigo económico
Aun así, los sondeos han alimentado el optimismo del PLD. Una estimación del Nikkei llega a plantear que el partido de la primera ministra podría obtener por sí solo 233 de los 465 escaños en juego. Esto implicaría que el PLD no solo resistiría el desgaste reciente, sino que se reafirmaría con una líder que, por primera vez, encarna el poder en femenino en la cúspide del Estado. Esa imagen de novedad importa: Takaichi es la primera mujer en liderar el PLD y la primera en ocupar la jefatura del Gobierno japonés.
Como informa el Financial Times, en un acto de campaña en Kanagawa, ante unas 3.000 personas, la atmósfera fue más propia de un concierto que de un mitin.
Ese tirón personal, no obstante, convive con dudas de fondo. La campaña gira en gran medida alrededor del coste de vida: inflación persistente en torno al 3% y salarios reales en declive gradual tras décadas de estancamiento o deflación. Takaichi ha prometido aliviar a los hogares con una política fiscal expansiva: desde un gran presupuesto suplementario y paquete de estímulos aprobado a finales del año pasado, hasta la propuesta de presupuestos generales para 2026 de 122,3 billones de yenes (unos 660.000 millones de euros) y la promesa de reducir a cero el impuesto sobre los alimentos durante dos años. Pero el plan ha inquietado a los mercados, se habla de dudas sobre la sostenibilidad, suben los rendimientos de los bonos y el yen se ha depreciado. La popularidad, aquí, se mide también en nerviosismo financiero.

Mapa político
El tablero electoral tampoco está despejado. Ishin, aliado conservador del PLD desde octubre, quiere impulsar una agenda más dura en seguridad y recortar el número de parlamentarios. Y, enfrente, emerge un reto nuevo: la Alianza Reformista Centrista, formada por el opositor Partido Democrático Constitucional (PDC) y el budista Komeito. La unión es significativa porque Komeito fue socio del PLD durante casi tres décadas, pero rompió con el partido gobernante tras la elección de Takaichi como líder.
Con 172 escaños entre ambos antes de estos comicios, su objetivo es disputarle el control de muchos de los 289 distritos uninominales con un mensaje moderado frente al perfil más conservador y nacionalista de la primera ministra. Además, el minoritario Sanseito, antiinmigración, podría crecer: tras lograr 15 escaños en la Cámara Alta en elecciones parciales, ha declarado que quiere multiplicar por diez su presencia en la Cámara Baja, de tres a treinta diputados.
A todo esto se le suma la geopolítica. Meses de tensiones entre Tokio y Pekín tras unas declaraciones de Takaichi en noviembre sobre una posible intervención de las Fuerzas de Autodefensa si China atacara Taiwán. Hubo protestas y represalias, y aunque el asunto no domina la campaña, la primera ministra sigue aludiendo a China en sus discursos, combinando el mensaje de diálogo con la negativa a retractarse.
El domingo se sabrá si esa energía se traduce en escaños y, sobre todo, si se convierte en mandato. ¿Puede gobernarse solo con aura, con “vibras”, con magnetismo personal? La pregunta circula precisamente porque, de momento, Takaichi ha logrado algo difícil reenganchando emocionalmente a una parte del electorado, incluidas mujeres que ven en su figura una promesa de fuerza en una sociedad que a menudo las relega. Una simpatizante lo expresó para el Financial Times: “No sé muy bien qué está pasando en el resto de Japón, pero todas mis amigas aquí adoran a Takaichi”. Y añade: “Le he dicho a mi marido que tenemos que mantenerla como primera ministra, así que espero que muchas esposas les digan lo mismo a sus maridos en otros lugares”.
