Día Mundial de Tolerancia Cero con la Mutilación Genital Femenina

“La mutilación genital femenina es una violencia sin justificación médica ni cultural”

Pese a los avances legales y la concienciación internacional, más de 230 millones de niñas y mujeres en el mundo han sufrido esta violencia extrema que causa daños físicos y psicológicos irreversibles

Mutilación genital
Más de 230 millones de mujeres y niñas han sufrido mutilación genital femenina/ Paula Casado JRS
ONG Entreculturas / Paula Casado

Más de 230 millones de niñas y mujeres en el mundo han sufrido mutilación genital femenina, según cifras de Naciones Unidas. Una realidad que sigue vulnerando derechos fundamentales y condicionando de manera irreversible la salud, el bienestar y el proyecto de vida de millones de personas. Con motivo del Día Mundial de Tolerancia Cero con la Mutilación Genital Femenina, que se celebra cada 6 de febrero, la ONG Entreculturas vuelve a poner el foco en una violencia profundamente normalizada en algunos contextos y en la necesidad de combatirla.

Desde la organización insisten en que la mutilación genital femenina no es una cuestión cultural aislada, sino una práctica nociva vinculada a contextos de desigualdad estructural. “La mutilación genital femenina tiene profundas consecuencias en la salud y bienestar de las niñas y mujeres que la han sufrido. Es importante recordar que es una forma de violencia sin justificación médica de ningún tipo, y por lo tanto, una violación de los derechos de las niñas y las mujeres”, explica a Artículo14 Irene Sánchez Prieto, responsable de comunicación del programa La LUZ de las NIÑAS de Entreculturas.

©Christian Zuñiga
ONG Entreculturas / Christian Zuñiga

Una práctica nociva con incidencia a nivel global

Las secuelas que relatan las supervivientes son múltiples y persistentes. Según detalla Sánchez Prieto, las consecuencias pueden ir “desde complicaciones inmediatas como hemorragias e infecciones, a secuelas físicas graves que se prolongan a lo largo de sus vidas, como sentir dolor crónico, especialmente durante las relaciones sexuales, experimentar complicaciones durante el parto que pueden poner en riesgo sus vidas, infecciones crónicas, problemas menstruales, así como traumas y un impacto emocional profundo”. A estas consecuencias físicas y psicológicas se suma, en muchos casos, la interrupción de la educación: muchas niñas se ven obligadas a abandonar la escuela tras sufrir esta práctica, lo que limita de forma severa sus oportunidades futuras.

Ante una práctica con incidencia global, Sánchez Prieto subraya que la responsabilidad no puede recaer únicamente en las comunidades afectadas. “Se trata de una práctica nociva con incidencia a nivel global; por lo tanto, todos los Estados tienen una responsabilidad a la hora de erradicarla”, señala. Aunque reconocen la importancia de reforzar los marcos legales, advierte de que las leyes, por sí solas, no bastan. “Es necesario reforzar los marcos legales con reformas legislativas y políticas nacionales, protocolos de intervención y prevención, pero no es suficiente”, afirma, apuntando a la necesidad de actuar sobre las creencias y tradiciones que sostienen esta violencia.

La mutilación genital femenina, recuerda Sánchez Prieto, “tiene lugar debido a tradiciones muy arraigadas y creencias falsas”, por lo que su erradicación exige la implicación de toda la comunidad, incluidas las familias, los referentes locales y también los medios de comunicación.

“No tiene fines médicos, busca realizar un daño intencionado”

Desde hace casi 15 años, Entreculturas trabaja sobre el terreno a través del programa La LUZ de las NIÑAS, en colaboración con organizaciones aliadas, en 20 países de África y América Latina, incluso en contextos marcados por crisis humanitarias y desplazamiento forzado. Uno de esos contextos es Chad, donde el 34 % de las mujeres de entre 15 y 49 años han sido sometidas a mutilación genital femenina, según datos de UNICEF. Allí, la organización desarrolla su labor junto al Servicio Jesuita a Refugiados (JRS), combinando educación, protección y cohesión social para lograr cambios sostenidos.

Según explica Maimouna Konaté, directora de proyectos del JRS en la región del lago Chad, “la prevención solo es efectiva cuando existe un trabajo comunitario continuado, una consolidación de los referentes locales y una implicación de toda la comunidad”. Un enfoque que “ya se está reflejando en el descenso de estas prácticas en la zona donde trabajamos”.

Marie Grace Longaye, responsable de programas de JRS Chad, subraya la importancia de contar con espacios seguros, donde realizar un acompañamiento psicosocial continuado de quienes han sufrido esta violencia. En su experiencia, estos procesos de sensibilización “permiten que las niñas y mujeres recuperen la confianza, expresen lo vivido y fortalezcan su resiliencia”, a la vez que se reduce el riesgo de que la práctica continúe reproduciéndose.

Las niñas son las víctimas, los adultos quienes deben dejar de hacerlo

El enfoque comunitario es una de las claves del programa. “Es importante recordar que las niñas son las víctimas de la mutilación genital femenina. La responsabilidad de erradicar esta práctica debe recaer en las personas adultas que forman parte de la comunidad y las familias”, subraya Sánchez Prieto. Por ello, el trabajo se centra en la formación de actores locales, la creación de espacios seguros y el acompañamiento a las familias. Cuando las comunidades comprenden el daño que provoca esta práctica, “en muchas ocasiones, deciden no continuar con esta práctica”.

Además, el programa trabaja directamente con las niñas mediante talleres de autoconocimiento, acompañamiento psicológico y liderazgo. En estos espacios, las niñas pueden conocer sus derechos, identificar las consecuencias de la mutilación genital femenina y expresar la violencia que han sufrido o presenciado, en un proceso orientado a la reparación emocional y al empoderamiento.

La doctora María del Carmen Gutiérrez Vélez © Entreculturas
Entreculturas

Desde el ámbito sanitario, la doctora María del Carmen Gutiérrez Vélez, especialista en Ginecología y Obstetricia del Hospital Universitario 12 de Octubre, recuerda que se trata de “un procedimiento lesivo que no tiene fines médicos, busca realizar un daño intencionado y tiene múltiples consecuencias tanto físicas como psicológicas que pueden prolongarse durante años”. La especialista insiste en que la erradicación solo será posible con una concienciación social sostenida y con la implicación de los ámbitos sanitario, educativo y social.

En este Día Mundial de Tolerancia Cero con la Mutilación Genital Femenina, Entreculturas insiste en la necesidad de garantizar una educación libre de violencias y centrada en el bienestar integral de las niñas.