La diplomacia asiática vivió esta semana una escena tan insólita como simbólica. Sanae Takaichi, primera ministra de Japón, y el presidente de Corea del Sur, Lee Jae Myung, cerraron una cumbre bilateral tocando juntos la batería en la región japonesa de Nara. Lejos de ser una simple anécdota, el gesto buscó proyectar una imagen de sintonía política en un momento delicado para la estabilidad regional.
Prime Minister Takaichi Sanae and President Lee Jae Myung found harmony after a summit through a drum session. Lee once told Takaichi drumming was a long-held dream.
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— NHK WORLD News (@NHKWORLD_News) January 14, 2026
Las imágenes, difundidas por ambos líderes en la red social X, mostraban a Sanae Takaichi y a Lee vestidos con camisetas deportivas azules personalizadas con sus nombres, compartiendo escenario mientras interpretaban dos canciones de K-pop. La escena se convirtió rápidamente en uno de los momentos más virales de la semana en Asia.
Una cumbre entre tambores y mensajes políticos
Detrás del espectáculo había una agenda diplomática de alto nivel. Durante la reunión, Sanae Takaichi y Lee acordaron reforzar la cooperación en seguridad económica y en asuntos regionales y globales, según informó la oficina presidencial surcoreana. La líder japonesa subrayó que ambos países “deben cooperar para garantizar la estabilidad regional”. Un mensaje cargado de significado en el actual contexto geopolítico.
Tras el encuentro formal, Sanae Takaichi reveló el origen del momento musical. Explicó que, en una cumbre previa celebrada durante la APEC el año pasado, Lee le confesó que su sueño era tocar la batería. Por eso, su equipo preparó una sorpresa para esta visita, aprovechando que la primera ministra había sido batería en una banda de heavy metal durante su etapa universitaria.
El repertorio elegido tampoco fue casual. Sanae Takaichi y el presidente Lee interpretaron Dynamite, el éxito global de BTS, y Golden, una canción de la película animada KPop Demon Hunters, premiada en los Globos de Oro. En un breve vídeo, se podía ver a la primera ministra japonesa tocando con energía y una gran sonrisa, mientras el mandatario surcoreano la seguía al ritmo.
Lee admitió después que al principio se sintió algo incómodo, pero poco a poco ambos lograron sincronizarse. Para Sanae Takaichi, esa metáfora era perfecta: mantener el ritmo incluso cuando los golpes son distintos refleja la voluntad de trabajar juntos pese a las diferencias históricas.
Un trasfondo geopolítico tenso
La cumbre de Sanae Takaichi y Lee se celebró con un telón de fondo complejo. Japón mantiene una fuerte disputa diplomática con China tras las declaraciones de la primera ministra en noviembre, cuando sugirió que Tokio podría intervenir militarmente si Pekín atacara Taiwán.
Esa postura ha elevado la tensión en la región. Y Corea del Sur observa con atención cualquier movimiento que pueda alterar el equilibrio. Lee señaló que la cooperación entre ambos aliados de Estados Unidos es ahora “más importante que nunca”. Para Sanae Takaichi, fortalecer el eje Tokio-Seúl es clave para afrontar los desafíos que plantea tanto China como Corea del Norte.

Más allá de la coyuntura actual, las relaciones entre Japón y Corea del Sur siguen marcadas por las heridas del pasado. La ocupación japonesa de la península coreana entre 1910 y 1945 dejó un legado de resentimiento que aún pesa en la política bilateral. Sanae Takaichi es consciente de que cualquier acercamiento debe navegar ese terreno sensible.
El predecesor de Lee, Yoon Suk Yeol, intentó mejorar los lazos con Japón antes de ser destituido tras declarar la ley marcial en diciembre de 2024. Lee, considerado más conciliador con Corea del Norte, ha descrito a ambos países como “vecinos que comparten el mismo patio delantero”. Una imagen que Sanae Takaichi ha hecho suya en esta nueva etapa.


