El Ibex 35 abrió la semana con un golpe seco, de esos que cambian el tono del mercado en cuestión de minutos. Tras los ataques de Estados Unidos e Israel contra Irán, el miedo a una escalada más amplia se trasladó al precio de la energía y, desde ahí, al resto del tablero: inflación, tipos de interés, crecimiento y apetito por el riesgo. El resultado fue un arranque con caídas cercanas al 3% y la sensación de que el parqué no estaba valorando un titular pasajero, sino un riesgo sistémico de los que se cuelan por la puerta del petróleo.
En ese contexto, el Ibex 35 funcionó como termómetro europeo con sensibilidad especial. España no es ajena al shock energético y, además, el índice está muy expuesto a banca y sectores cíclicos, que suelen sufrir cuando el mercado teme un frenazo económico o una inflación más pegajosa. El lunes arrancó con ventas generalizadas y con el nivel psicológico de los 18.000 puntos bajo presión, mientras el foco se desplazaba de la política a la logística: qué pasa en el mar, por dónde circula la energía y cuánto tiempo puede durar el susto.
El petróleo como detonante: el estrecho de Ormuz y el miedo al “shock de suministro”
La clave inmediata del desplome del Ibex 35 fue el repunte del crudo. El Brent llegó a marcar avances de doble dígito (con picos en torno al 13% según distintos seguimientos intradía), antes de moderar parte del salto. Este movimiento no fue una mera reacción especulativa. El mercado empezó a poner precio a un escenario en el que el estrecho de Ormuz —paso crítico para el comercio de petróleo y gas— se convierte en zona de alto riesgo, con navieras y petroleras alterando rutas por seguridad.

Cuando el petróleo corre, el Ibex 35 escucha dos mensajes a la vez:
- Energía más cara significa costes más altos para empresas y consumidores.
- Si el shock se prolonga, la inflación puede repuntar y complicar el guion de recortes de tipos en Europa.
Esa combinación suele ser veneno para la Bolsa: aprieta márgenes, enfría expectativas de crecimiento y reduce la visibilidad de beneficios. En paralelo, otros precios sensibles al conflicto también se movieron con fuerza: el gas en Europa y los activos refugio.
Ganadores y perdedores en el Ibex 35: aerolíneas, banca y el “efecto refugio”
A nivel de compañías, el Ibex 35 dibujó el patrón típico de jornadas geopolíticas: lo que depende de combustible y demanda global sufre, y lo que se beneficia de la energía cara resiste mejor. Las aerolíneas aparecen entre las primeras damnificadas por el encarecimiento del queroseno; la banca, por su parte, tiende a bajar cuando el mercado teme menor actividad y más incertidumbre financiera.
En las primeras horas, varios seguimientos destacaron caídas relevantes en nombres como IAG, Inditex o Santander, mientras Repsol e Indra figuraban entre los valores con mejor comportamiento relativo en la apertura.

El Ibex 35 también recibió el impacto del cambio de humor global. No fue un episodio aislado de España. Las bolsas europeas abrieron con descensos significativos, con el dinero buscando cobijo en activos defensivos. El oro repuntó con fuerza y el dólar se fortaleció en el clásico movimiento de “refugio”, una señal de que el mercado no estaba simplemente rotando sectores, sino reduciendo riesgo en bloque.
Para el inversor, lo que decide si el golpe del Ibex 35 se queda en una sacudida o se convierte en tendencia es el tiempo. Si el estrecho de Ormuz permanece bajo amenaza y el petróleo se instala en niveles altos, el mercado tendrá que reescribir expectativas macro: más presión inflacionaria, más dudas sobre tipos y una posible revisión a la baja del crecimiento. Si, en cambio, la tensión se desinfla y el crudo devuelve parte de la subida, el Ibex 35 podría recuperar terreno con la misma rapidez con la que lo perdió, porque parte de la caída responde a cobertura y posicionamiento defensivo.
