Una de cada tres adolescentes con pareja ha sufrido algún tipo de violencia digital

El mayor estudio sobre adolescencia y tecnología alerta de más control, acoso y presión sexual contra las chicas en redes y relaciones digitales

La violencia digital de género - Violencia contra las mujeres
Tres de cada cuatro chicas adolescentes sufre violencia machista digital en silencio
KiloyCuarto

La violencia que viven niñas y adolescentes ya no se limita al espacio físico. Se cuela en el móvil, en las redes sociales y en las relaciones digitales que forman parte de su vida cotidiana desde edades cada vez más tempranas. Los datos del mayor estudio realizado en España sobre infancia, adolescencia y entorno digital confirman lo que expertas y profesionales llevan años advirtiendo: la tecnología no es neutra y está amplificando formas de control, acoso y violencia sexual que afectan de manera desproporcionada a las chicas.

El informe “Infancia, adolescencia y bienestar digital”, impulsado por Red.es junto a UNICEF España y universidades públicas, ha encuestado a casi 100.000 menores de entre 9 y 17 años. Sus conclusiones son contundentes: una de cada tres adolescentes con pareja ha sufrido algún tipo de violencia digital, ya sea control del móvil, revisión de mensajes, exigencia de contraseñas o imposición de normas sobre con quién puede hablar.

La violencia digital, advierte el estudio, no aparece de forma aislada. Es una extensión de la violencia machista clásica, adaptada a las pantallas. Y tiene rostro de niña.

Más control, más acoso, más presión sexual

Las chicas presentan peores indicadores de bienestar emocional que los chicos en casi todas las variables analizadas. Puntúan más bajo en satisfacción con la vida, muestran mayor prevalencia de ansiedad y depresión y sufren con más frecuencia situaciones de acoso. Especialmente significativo es el dato sobre presiones sexuales: el 12,5% de las adolescentes reconoce haber recibido presiones para enviar fotos o vídeos íntimos, frente a apenas el 5% de los chicos.

El sexting forzado, la amenaza de difusión de imágenes íntimas y el chantaje digital se consolidan como formas habituales de violencia sexual en edades muy tempranas. El estudio recoge que casi un 9% del alumnado ha sufrido la difusión de información privada o comprometida sin su consentimiento, una práctica que afecta especialmente a las chicas y que tiene consecuencias graves sobre su salud mental.

A esto se suma la exposición masiva a pornografía. Más de la mitad de los adolescentes reconoce que en estos contenidos las mujeres son tratadas mucho peor, y el informe detecta un consumo problemático de pornografía en casi el 8% del alumnado, un porcentaje superior al del uso problemático general del móvil. Las expertas alertan de que este consumo está moldeando expectativas sexuales violentas y relaciones basadas en la dominación.

El control se confunde con amor

Uno de los hallazgos más preocupantes del informe es la normalización del control dentro de las relaciones adolescentes. Revisar el móvil sin permiso, exigir ubicación constante o decidir con quién se puede interactuar en redes aparece como una práctica frecuente y, en muchos casos, legitimada. El estudio identifica que más del 14% ha sufrido control del dispositivo por parte de su pareja, una cifra que aumenta entre las chicas.

Esta violencia no siempre se percibe como tal. Muchas adolescentes interpretan estas conductas como muestras de interés o cuidado, lo que dificulta su identificación y perpetúa relaciones abusivas desde edades muy tempranas.

Ciberacoso: una violencia sin refugio

El informe confirma que uno de cada diez menores ha sufrido ciberacoso, y subraya un elemento clave: el acoso que empieza en el aula no termina al salir del centro escolar. Continúa en casa, en el móvil, de noche y en soledad. La dimensión digital multiplica el daño, amplía la audiencia y hace que la exposición sea constante.

Las chicas no solo son víctimas con mayor frecuencia, sino que el acoso que reciben es distinto: más sexualizado, más humillante y con mayor impacto emocional.

Un problema de salud pública

Red.es y los equipos investigadores insisten en una idea central: no estamos ante un problema educativo o familiar aislado, sino ante un problema de salud pública. El uso problemático de dispositivos se correlaciona directamente con depresión, ansiedad, somatización y conductas suicidas. Cuando la tecnología se convierte en el principal escenario de socialización sin acompañamiento suficiente, las consecuencias recaen sobre toda la comunidad.

El estudio también revela una carencia estructural: casi el 70% de los adolescentes no habla en casa de educación afectivo-sexual, y aunque la mitad de las familias conversa sobre el uso de dispositivos, solo una minoría logra supervisar de forma efectiva lo que ocurre en el entorno digital.

Violencia que se aprende, violencia que se reproduce

La conclusión es incómoda pero necesaria: las niñas están creciendo en un entorno digital que reproduce y amplifica desigualdades de género. Son más vigiladas, más presionadas y más expuestas. La violencia que antes se ejercía en espacios cerrados hoy se manifiesta en pantallas abiertas las 24 horas.

Los datos no hablan de casos aislados, sino de un patrón. Y ese patrón exige políticas públicas, educación afectivo-sexual integral, regulación de plataformas y una mirada feminista que entienda que proteger a las niñas en el entorno digital es una cuestión de derechos humanos.

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