Premios Goya 2026

Las tres mujeres tras el sonido de ‘Sirat’ hacen historia

Laia Casanovas, Amanda Villavieja y Yasmina Praderas, nominadas al Óscar a mejor sonido, firman el primer equipo íntegramente femenino en 98 años de historia de la Academia

En una industria donde los departamentos técnicos siguen estando mayoritariamente masculinizados, tres profesionales españolas han irrumpido en la carrera de los premios de Hollywood con una nominación inédita. Laia Casanovas, Amanda Villavieja y Yasmina Praderas son las responsables del sonido de Sirat, la película de Oliver Laxe, y se han convertido en el primer equipo enteramente femenino que opta al Óscar a mejor sonido en los 98 años de historia de la Academia de Hollywood. No se trata solo de una candidatura más: es un hito estadístico y simbólico en una categoría tradicionalmente ocupada por hombres.

La película, que también compite como mejor película internacional, ya había despertado atención en su estreno en Cannes. Allí comenzaron a aparecer críticas que subrayaban de manera explícita el trabajo sonoro, algo poco habitual en la recepción mediática. “Eso normalmente no pasa”, reconocía Casanovas tras iniciar en Los Ángeles la intensa campaña de promoción previa a los premios. En ese recorrido, profesionales de grandes producciones estadounidenses le han transmitido su admiración tanto por la calidad del resultado como por el hecho de que detrás hubiera tres mujeres. Según explica, en Hollywood estos departamentos continúan aún más masculinizados que en Europa, lo que convierte el logro en un referente inmediato para las nuevas generaciones.

‘Sirat’, de Oliver Laxe, entra en la carrera de los Oscar con cinco precandidaturas
‘Sirat’, de Oliver Laxe, entra en la carrera de los Oscar con cinco precandidaturas

El equipo lo integran dos catalanas y una aragonesa, tres trayectorias distintas que se articulan como una cadena de creación precisa. Amanda Villavieja fue la responsable del sonido directo en el rodaje, una labor que ella misma describe casi como la de una espigadora de ecos. Formada en la Universidad Pompeu Fabra de Barcelona, comenzó trabajando con José Luis Guerín en En construcción, experiencia decisiva para afinar una escucha atenta a la respiración de lo real. Desde entonces, su nombre ha estado ligado a buena parte del nuevo cine español en la frontera entre ficción y documental, con directores como Isaki Lacuesta, Celia Rico, Pilar Palomero o Mercedes Álvarez. En Sirat, su desafío fue extremo: grabar en una planicie de suelo calcáreo que se deshacía bajo los pasos, lidiar con enormes muros de piedra que generaban reverberaciones indeseadas y resistir el viento y las tormentas de arena del desierto.

Ese material en bruto pasó después a manos de Laia Casanovas, encargada del diseño de sonido. Formada en la Escuela de Cine de Cataluña, curtida en la posproducción y en el terreno de los efectos sonoros, Casanovas había trabajado en producciones como El niño, de Daniel Monzón, y en proyectos de gran visibilidad como la serie Veneno o Madres paralelas, de Pedro Almodóvar. Su tarea consistió en ordenar, moldear y dotar de sentido dramático a los sonidos recogidos, construir una arquitectura invisible que dialogara con la experiencia sensorial que propone la película. Ella misma ha definido su estilo como más expresivo, complementario al realismo de Villavieja.

‘Sirat’ triunfa con ocho galardones en los Gaudí 2026 de la Academia del Cine de Cataluña
EFE/Toni Albir

El proceso culminó con Yasmina Praderas, responsable de la mezcla final, es decir, de integrar todas las capas en una unidad coherente y emocionalmente eficaz. En su currículo figuran nombres como Bayona, Rodrigo Sorogoyen, Paco Plaza o Leticia Dolera. Es ella quien recuerda una máxima casi pedagógica del oficio: “Cuando el sonido está bien, nadie se da cuenta; es cuando está mal cuando cobras consciencia de que existe”. En Sirat, sin embargo, el sonido no aspira a la invisibilidad, sino a convertirse en experiencia inmersiva, en materia narrativa que acompaña y transforma la percepción del espectador.

Las tres coinciden en señalar que la película de Oliver Laxe es difícil de encasillar racionalmente. La describen como hipnótica, absorbente, un “shock” que coloca al público en un estado emocional distinto. Para Praderas, la primera visión le removió pensamientos sobre la pérdida, la muerte y el destino del mundo. Para Casanovas, se trata de una experiencia casi catártica que interpela íntimamente. Villavieja subraya que el sonido no se limita a crear atmósfera, sino que estructura la propia naturaleza del filme.

Más allá de la dimensión artística, la nominación ha tenido un efecto inmediato en la visibilidad del departamento de sonido. Las tres reconocen que tradicionalmente solo se habla de su trabajo cuando hay problemas técnicos. Ahora, en cambio, perciben que el público comienza a entender el sonido como “herramienta de escritura”, como elemento esencial para la emoción cinematográfica. Ese reconocimiento ya se tradujo en un galardón en los Premios del Cine Europeo y podría repetirse en los Gaudí o en los Goya.

Sirat
Fotograma de la película ‘Sirat’.
BTeam Pictures

Ellas rehúyen la etiqueta de pioneras. Prefieren definirse como “visibilizadoras” de muchas profesionales que ya trabajan en la industria. Admiten la existencia de techos de cristal en el ámbito técnico y cuestionan la imagen ritual de los “tres hombres de negro” que históricamente recogían estos premios. La nominación, sostienen, no es solo suya, sino de todas las que vienen detrás.

En la carrera hacia la estatuilla compiten con producciones de gran despliegue técnico, como F1, cuyo volumen y espectacularidad pueden seducir a los académicos. Frente a ello, el trabajo de Sirat apuesta por lo orgánico y lo sutil. Sea cual sea el resultado, el hecho ya está inscrito en la historia: tres mujeres han colocado el sonido en el centro de la conversación y han ampliado el horizonte de lo posible en la industria cinematográfica global.

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