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Chelo Loureiro: “Todavía no hay igualdad en el cine: las mujeres seguimos en torno al 30%”

Entrevista a la productora de 'Decorado', nominada a Mejor Largometraje de Animación en los Premios Goya, que se celebrarán el próximo 28 de febrero

Chelo Loureiro, con su Goya, antes de una proyección de 'Unicorn Wars'
Kiko Delgado / EFE

En Decorado, el mundo es literalmente un escenario y sus habitantes sospechan que forman parte de una ficción que se desmorona. La nueva película de animación dirigida por Alberto Vázquez y producida por Chelo Loureiro —nominada al Goya a Mejor Largometraje de Animación— es una comedia negra de trazo autoral que combina existencialismo, sátira política y una potente propuesta estética en 2D. Detrás del proyecto hay un equipo artístico y técnico de larga trayectoria en la animación independiente española, consolidado tras el impacto internacional de Unicorn Wars.

Productora con más de 25 títulos a sus espaldas, Loureiro es una de las figuras clave del cine de animación en España. Miembro fundadora de CIMA (Asociación de Mujeres Cineastas y de Medios Audiovisuales), lleva dos décadas impulsando la igualdad estructural en la industria, una batalla que, como defiende en esta conversación, aún no está ganada.

Decorado plantea que el mundo puede ser solo un escenario. ¿Qué resonancia tiene esa idea en el contexto social actual y cuánto os ha motivado para producir esta película?

Estoy convencida de que los grandes artistas se adelantan a su tiempo. Si uno observa la historia, ve cómo los movimientos artísticos surgen de forma simultánea en distintas disciplinas. Una película de animación tarda aproximadamente cinco años en hacerse. Desde que surge la idea hasta que se estrena pasa mucho tiempo. Con Unicorn Wars nos ocurrió algo revelador: estábamos en plena producción cuando estalló la guerra en Ucrania y de repente entendimos que el personaje de Azulín representaba algo que ya estaba sucediendo en la realidad. Lo que antes parecía una sátira dejó de hacernos gracia. Con Decorado ocurre algo similar. Alberto Vázquez partió de un corto que estrenamos en 2016, donde ya planteaba la idea del mundo como un decorado y de nosotros como un reparto casi patético. Hoy esa lectura es aún más pertinente. Estamos viviendo situaciones globales que parecen inverosímiles. A veces la realidad supera a cualquier ficción.

Lo interesante es que, aunque los personajes sean aparentemente de cuento, a los pocos minutos el espectador deja de ver dibujos animados y entra de lleno en el trasfondo de lo que se está contando. La animación tiene esa capacidad: puede abordar cuestiones filosóficas profundas y hacer reflexionar sin perder potencia visual.

Chelo Loureiro en los Premios Platino Xcaret 2024.

A raíz de esto, ¿la animación permite producir relatos más oscuros y filosóficos?

La animación es una herramienta extraordinaria, pero no todo relato necesita ser animado. Si una historia puede contarse igual de bien con actores, no veo la necesidad de hacerla en animación, que además es más costosa y compleja.

En mi caso, siempre produzco historias que solo pueden existir en animación: animales que hablan, transformaciones imposibles, universos simbólicos. Son recursos que en imagen real cambiarían completamente la naturaleza del relato.

Por eso creo que la animación permite contar cualquier historia, incluso las más oscuras o filosóficas, pero cuando realmente es el lenguaje adecuado. No es un adorno: es una forma de narrar.

La película funciona como una antifábula. ¿Cómo se produce y se defiende una obra que renuncia al final feliz en una industria que parece premiarlo?

La animación para adultos ya es, de por sí, complicada de financiar. Existe la idea de que los dibujos animados son para niños, y no hay tantos adultos dispuestos a ir al cine a ver animación. Si a eso le sumas que es una película autoral, en 2D y europea, el reto es mayor. Nosotros no hacemos cine pensando en la taquilla. Hacemos cine de autor. Decorado es una comedia negra —de hecho, estuvo nominada en esa categoría en los Feroz—, pero no busca un final complaciente. No es un “final feliz” convencional, aunque sí hay una forma de aceptación, los personajes dicen: este es nuestro decorado y tenemos que enfrentarlo. En la vida sucede algo parecido. Vivimos en un mundo lleno de contradicciones e injusticias, y aun así seguimos adelante. El cine también puede reflejar eso.

Chelo Loureiro con el productor Iván Miñambres y el director Alberto Vázquez en la gala de los Goya de 2017, donde ‘Decorado’ ganó al mejor cortometraje de animación

¿Cómo es el proceso de producción de una película de animación?

La animación es un proceso largo y minucioso. La preproducción de un largometraje suele durar alrededor de un año. En ese tiempo se diseña todo: personajes, expresiones, escenarios, objetos… absolutamente todo debe dibujarse. En Decorado hay cerca de mil escenarios. Cada plano se descompone en todos los elementos necesarios: muebles, objetos, fondos, iluminación. Nada existe hasta que alguien lo dibuja.

Después entra el equipo de animadores. Un segundo puede implicar 12 o 24 dibujos. En una película de 95 minutos estamos hablando de decenas de miles de dibujos que hay que animar, limpiar, colorear, iluminar y componer. Y no es lo mismo animar un primer plano que una escena con 40 personajes en movimiento. El coste depende de la complejidad. Por eso siempre digo que en animación el dinero invertido en producción se nota muchísimo. Y cuando no se invierte, se nota aún más. Yo me niego a hacer una película que no pueda producirse con los mejores artistas posibles. Si no se puede hacer bien, prefiero no hacerla.

¿Estamos en un momento en el que las creadoras pueden asumir los proyectos que se propongan o sigue siendo una carrera de resistencia?

La igualdad no está conseguida. Las cifras son claras: en el mejor de los casos, las mujeres cineastas estamos en torno al 30%, frente a un 70% de hombres.

Cuando fundamos CIMA, hace veinte años, encargamos un estudio a la Universidad Complutense y el dato era devastador: solo un 7% de directoras en España. En dirección de fotografía era un 3%. En composición musical, un 1%. Durante décadas, apenas había tres directoras reconocidas: Pilar Miró, Josefina Molina y Cecilia Bartolomé. A comienzos del siglo XXI empezaron a aparecer más nombres, pero seguíamos siendo siempre las mismas en festivales y premios. Así que lo primero fue demostrar con datos que el problema existía, después vino la batalla por las ayudas públicas, pedimos que parte de los fondos fueran obligatoriamente para proyectos dirigidos por mujeres, costó muchísimo, hubo resistencia, sobre todo porque el dinero y la confianza estaban en manos masculinas. Cuando por fin se reservó un porcentaje en las ayudas generales —las de mayor presupuesto—, ocurrió algo revelador: el primer año, en lugar del 20% previsto, el 35% de los fondos fue a películas dirigidas por mujeres. Y demostraron que podían hacer cine comercial, thrillers y películas con taquilla.

También luchamos por la paridad en jurados y comités de selección. Cuando hay mujeres programando, aparecen más películas dirigidas por mujeres. Es así de sencillo. Hemos avanzado, pero no está superado. Es una carrera de resistencia. Lo importante es que ahora ya nadie puede decir que “no hay”. Hay, y están preparadas.

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