Luis Bárcenas ya ha sido condenado a 29 años de prisión por la Gurtel. Ahora está en libertad condicional. Ya no tiene que desarrollar ninguna estrategia de defensa para intentar paliar su pena. De ahí que, en su declaración de este lunes en la Audiencia Nacional, no dudara en apuntar directamente a la cúpula del partido para el que trabajó 23 años. Esto es, a la dirección nacional del PP que entonces presidía Mariano Rajoy.
Aseguró que cuando ratificó en 2013 ante el juez la veracidad de los conocidos como “papeles de Bárcenas”, en Génova se pusieron a trabajar para eliminar todas las pruebas de esa financiación en B a la que apuntaba esa documentación. “La operación se inicia con los responsables del partido de esos momentos y el borrado de los discos duros”, aseveró.
A su juicio, la operación parapolicial de espionaje que sufrió tanto él como su familia no tuvo origen en la cúpula del ministerio de Interior capitaneado por Jorge Fernández Díaz, sino que empezó a urdirse en el seno del partido. ¿El motivo? Allí “la contabilidad extracontable se sabía por todos”, subrayó. Además de Rajoy, en esa cúpula estaban otros dirigentes como María Dolores de Cospedal o Javier Arenas.

El extesorero del PP testificó como perjudicado en el caso Kitchen, que sienta en el banquillo de los acusados a Jorge Fernández Díaz, exministro de Interior; su secretario de Estado de Seguridad, Francisco Martínez; el excomisario José Manuel Villarejo; el chófer de Bárcenas, Sergio Ríos; y otros seis mandos policiales. Todos ellos orquestaron, presuntamente, una operación financiada con fondos reservados para intentar robarle toda la información incriminatoria que pudiera tener del partido y sus dirigentes tras su entrada en prisión provisional.
Bárcenas empezó a tener sospechas de que le seguían por el cambio de trato en la prisión de Soto del Real. Cuando empezó a “tensar la cuerda” con sus declaraciones, los funcionarios de prisiones le dieron un trato diferente y a filtrar imágenes de su estancia en la cárcel. “Los medios de comunicación tenían imágenes mías en la ducha que requerían de una cámara fija. No podía ser grabación de un interno. Era una operación desde dentro del centro con la idea de denigrarme”, denunció. Añadió que “había instrucciones” incluso de maltratarle.
Además, tenía la sensación que se estaban grabando las conversaciones con el que era entonces su abogado. Extremo que el propio Javier Gómez de Liaño, que también testificó este lunes, ratificó: “Le aconsejé que, cuando había que tratar un punto muy preciso, lo hiciéramos por escrito”. Incluso dijo que pusieron cámaras en el despacho de abogados: “Mis compañeros vieron instaladas cámaras estáticas en el despacho. Las llegaron a localizar. Se dieron cuenta e inmediatamente las retiraron”, aseguró.

Las amenazas del abogado del PP
Bárcenas testificó que recibió visitas en prisión del abogado del PP Javier Iglesias. Según siempre su versión, le pidieron que manipulara los papeles cambiando conceptos con la misma letra y formato para dar a la prensa otros papeles, y así “crear la incertidumbre de cuáles son falsos o ciertos o si todos son una manipulación”.
Dicho letrado, le puso encima de la mesa 500.000 euros que “iban a ser pagados mediante empresarios”. Bárcenas declinó la oferta. Tras su declaración hablando de la financiación en b del partido, Iglesias llegó a amenazarle diciéndole que “su mujer entraría en prisión”.
Es por ello que intentó eliminar parte de esa documentación a través de un compañero preso que le mostró que tenía conocimientos en informática. Le dio instrucciones para acceder a una nube donde había tres grabaciones: una de él mismo relatando cómo se gestionaba la caja b, otra con Mariano Rajoy destruyendo papeles incriminatorios y una última de Javier Arenas.
Fue en ese punto de la declaración en la que se explayó en el contenido de la grabación al expresidente del Gobierno: “La grabación con Rajoy es en el despacho. Yo subo para decirle que tengo la cantidad, le llevo hoja con movimientos”. Eso, según dijo en la Audiencia, perturbó al entonces presidente. “Rajoy se extraña mucho y me pregunta cómo es posible, se da la vuelta en el sillón y lo mete en el destructor de papeles y ahí acaba la conversación“, reveló.

Según Bárcenas, recluso no consiguió llevar a término el encargo porque la Policía Nacional le llevó, sin explicación, de vuelta a prisión, sin haber terminado su permiso. Pero Bárcenas atestiguó que cuando fue a buscar esas grabaciones ya no estaban en la nube.
El papel de su conductor
Otra de las cosas que aclaró fue la relación con su chófer Sergio Ríos, lo calificó como “hombre para todo”. Dijo que transportó las cajas de documentación que había acumulado durante sus años en el Partido Popular de la sede de Génova al estudio de su mujer en la calle madrileña General Díaz Porlier.
Ríos está procesado por haber sido el confidente del operativo, el encargado de sustraer la información para los mandos policiales a cambio de 2.000 euros al mes. Tenía la confianza de Bárcenas y relató que Ríos tenía acceso a absolutamente todo. La familia prescindió de sus servicios porque su mujer, Rosalía Iglesias, empezó a sospechar de su actitud “desafiante”, según dijo en su testifical justo después de que declarara su marido.

Cuando Bárcenas salió de prisión, tardó meses en percatarse de que había documentación que faltaba. En el interrogatorio de los abogados del resto de encausados quisieron intentar desmontar la declaración de Bárcenas dando a entender que toda la documentación ya estaba aportada a la causa o en manos de su abogado. Su estrategia es intentar demostrar que todo se trató de una investigación legal por las cuentas que tenía Bárcenas en Suiza.
