En un momento en el que el acceso a la cultura sigue atravesado por desigualdades económicas y de tiempo, un colegio público de Madrid ha decidido intervenir desde lo cotidiano. La Asociación de Familias del Alumnado (AFA) del CEIP Miguel de Unamuno, en el distrito de Arganzuela, ha inaugurado una biblioteca feminista construida a partir de una idea sencilla: poner libros escritos por mujeres al alcance de las familias y convertir la lectura en un espacio compartido.
La iniciativa, que abrió sus puertas la pasada semana coincidiendo con la clausura de la Semana Cultural del centro, no surge de una institución ni de una gran inversión pública, sino del trabajo sostenido de cinco madres —Elia, Noelia, Raquel, Sonia y Ana— que durante meses han contactado con autoras y editoriales para reunir los primeros fondos. El resultado es una colección que combina narrativa y ensayo, dirigida principalmente a público adulto, pero que incluye también una sección infantil y juvenil.

El proyecto se inspira, en parte, en la obra No lo haré bien, de la escritora y periodista Emma Vallespinós, encargada de inaugurar el espacio. En su intervención, Vallespinós subrayó el valor simbólico y político de una biblioteca en el contexto actual: “Hay pocos lugares más felices que una biblioteca, de los pocos donde no se nos exige ser productivas, ni consumir, donde simplemente podemos leer, reflexionar, estar y pensar. A veces olvidamos que son las cosas pequeñas las que pueden cambiar el mundo, como esta biblioteca y su enorme poder transformador”.
Esa idea —la de la biblioteca como lugar de resistencia frente a la lógica de la productividad— atraviesa el sentido del proyecto. En un entorno urbano como Arganzuela, donde el acceso a bibliotecas públicas puede resultar limitado y no siempre se ajusta a los tiempos de las familias, esta iniciativa introduce una alternativa de proximidad, vinculada directamente a la comunidad educativa.
El fondo inicial se ha construido gracias a una red de apoyos que evidencia también el interés creciente por este tipo de espacios. Autoras y creadoras como Moderna de Pueblo, Raquel Congosto, Sara Torres, Noemí López Trujillo, Beatriz Serrano o Raquel Peláez, junto a nombres como Adela Sanz, Azahara Nieto o la creadora de contenido María León, han contribuido con ejemplares firmados y dedicados. También la editorial Liana se ha sumado al proyecto, consolidando una colección que no solo reúne títulos, sino también trayectorias y voces diversas dentro del pensamiento feminista contemporáneo.

Más allá de la acumulación de libros, la biblioteca nace con un objetivo claro: democratizar el acceso a la lectura escrita por mujeres. En España, a pesar del crecimiento editorial y de la visibilidad de autoras en los últimos años, el canon sigue arrastrando inercias que dificultan el acceso equitativo a determinadas obras, especialmente en contextos educativos y familiares. Este espacio busca corregir, en pequeña escala, esa asimetría.
El funcionamiento es sencillo: el servicio de préstamo ya está activo y permite a las familias socias retirar un libro durante un mes, de lunes a viernes por las tardes. Sin embargo, la vocación del proyecto va más allá del préstamo. Concebida como un espacio en constante evolución, la biblioteca aspira a convertirse en un punto de encuentro donde la lectura dialogue con la experiencia cotidiana.
Entre las actividades previstas figuran presentaciones de libros, encuentros con autoras, clubes de lectura, talleres y exposiciones temporales. La intención es generar un lugar donde la literatura no se consuma de forma individual, sino que se comparta y se discuta, ampliando así su impacto en la comunidad.
Desde una perspectiva feminista, la iniciativa introduce además una cuestión de fondo: quién escribe, quién lee y desde dónde se construye el relato cultural. Al centrar su colección en obras escritas por mujeres, la biblioteca no solo amplía el acceso, sino que también reconfigura el marco desde el que se transmite conocimiento dentro del entorno escolar.

En este sentido, el proyecto del CEIP Miguel de Unamuno se sitúa en una línea de acción que desplaza el feminismo del ámbito teórico al espacio cotidiano. No se trata únicamente de incorporar libros escritos por mujeres, sino de generar condiciones para que esas lecturas formen parte de la vida diaria de las familias, influyendo en la manera en que se educa, se conversa y se interpreta la realidad.
En un contexto marcado por la digitalización y la fragmentación de la atención, la apuesta por un espacio físico de lectura adquiere un significado adicional. Frente a la velocidad y la sobreexposición, la biblioteca propone una pausa, un tiempo para leer sin objetivos productivos inmediatos, para pensar y para compartir.
La Biblioteca Feminista AFA Unamuno no pretende resolver por sí sola las desigualdades estructurales del acceso a la cultura. Pero sí introduce una práctica concreta que, desde lo local, apunta a una transformación más amplia: la de una comunidad que decide organizarse para leer de otra manera y, con ello, mirar el mundo desde otras voces.
