Cine

¿Es ‘Kill Bill’, en 2026, una obra feminista?

Más de veinte años después de su estreno, 'Kill Bill' regresa a los cines en su versión íntegra, 'The Whole Bloody Affair', reabriendo un debate que nunca terminó de cerrarse: ¿sigue siendo hoy una obra feminista o responde más bien a las contradicciones de su tiempo?

Uma Thurman en 'Kill Bill'
Lionsgate

La utilidad más obvia del estreno comercial de Kill Bill: The Whole Bloody Affair es que, gracias a él, finalmente podemos experimentar Kill Bill tal y como la concibió originalmente su director, Quentin Tarantino: como una sola película, y no dividida en dos partes —la primera, Volumen 1, estrenada en septiembre de 2003; la segunda, Volumen 2, estrenada medio año después— debido a su extenso metraje. Pero la llegada a los cines de esta nueva versión también nos permite reflexionar sobre si, más de dos décadas después, sigue teniendo sentido considerarla una obra feminista, o si alguna vez lo tuvo.

Historia de una asesina profesional que emprende una furiosa venganza contra las cinco personas que intentaron acabar con su vida, Kill Bill fue celebrada en el momento de su estreno por situar a una heroína increíblemente poderosa en el centro de su relato, La Novia —uno de los personajes femeninos más icónicos y memorables de la historia del cine, magníficamente encarnado por Uma Thurman, y por mostrarla abriéndose paso gracias a sus ejemplares habilidades de combate, su exquisito manejo de las armas y su capacidad extraordinaria para matar en pos de una forma de sangrienta venganza habitualmente circunscrita a las películas de acción protagonizadas por hombres. Se consideró que la imagen de una mujer que ejerce la violencia, particularmente contra hombres —también contra otras varias mujeres formidables, que igualan a La Novia en habilidad y determinación—, servía para cuestionar las relaciones de poder existentes entre personajes masculinos y femeninos dictadas por el patriarcado. A ello contribuyó el hecho de que, a diferencia de muchas otras heroínas de ficción como Lara Croft, La Novia viste un atuendo que no sexualiza su cuerpo para el placer de los espectadores masculinos.

Daryl Hannah, Vivica A. Fox, Michael Madsen y Lucy Liu en ‘Kill Bill’
Lionsgate

Al mismo tiempo, es cierto, Kill Bill fue acusada de estimular un placer voyeurista típicamente masculino a través de su historia y sus imágenes. A lo largo de su periplo, y como paso previo ineludible para completar su venganza, La Novia es violada, golpeada, degradada, tiroteada, apuñalada e incluso enterrada viva; y, mientras la película la contempla durante ese terrible proceso, se ajusta a un tropo fundamental del cine exploitation: una mujer debe ser humillada y dominada por un hombre antes de poder derrotarlo. Otra crítica vertida contra Kill Bill es la aparente rigidez con la que la película se adhiere a los estándares patriarcales de la maternidad. Su historia solo se completa cuando La Novia ha cumplido su restrictivo papel que la sociedad le impone: criar y proteger a su hija. Y por último, además, conviene señalar que ni siquiera la historia de La Novia le pertenece del todo a ella. Al fin y al cabo, el suyo no es el nombre que aparece en el título de la película. La sombra de Bill —su amante, su figura paterna y su potencial asesino— se cierne sobre ella mucho antes de que lleguemos a conocerlo. Bill, además, es dotado de un solemne sentido del honor y, en general, es un personaje en apariencia más complejo y profundo que el de ella. Que incluso después de salir victoriosa sigue mostrándose en gran medida bajo el poder de él.

En cualquier caso, quizá lo que más pone en duda el legado feminista de Kill Bill no sea nada de lo que aparece en su metraje, sino hechos relacionados con su rodaje y con quienes formaron parte de su producción. En 2017, Thurman reveló no solo que el productor Harvey Weinstein —en su día uno de los artífices del ascenso profesional de Tarantino y hoy encarcelado por una serie de delitos sexuales— la había agredido en una habitación de hotel a mediados de los años 90, sino también que durante el rodaje de la película sufrió un grave accidente de coche que estuvo a punto de costarle la vida y le provocó lesiones permanentes, todo ello debido a la actitud dictatorial del director.

Uma Thurman en ‘Kill Bill’
Lionsgate

Conviene recordar que, aunque Tarantino es el único guionista de la película, tanto él como Thurman crearon juntos el personaje de La Novia, y ambos siempre han explicado que fue la actriz quien lo ideó mientras rodaban Pulp Fiction (1994). Y, según confesó ella misma en su momento, el accidente y sus consecuencias le arrebataron su sentido de autonomía y le hicieron imposible seguir trabajando con Tarantino como socia creativa. El equilibrio de poder que había hecho posible su colaboración desapareció. Thurman sintió que se perdía el sentido de igualdad y paridad, y quizá eso invalide la legitimidad de Kill Bill como encarnación de ideales feministas. En cualquier caso, ¿es reconocer eso incompatible con valorar la capacidad demostrada por la película para inspirar empoderamiento en mujeres de todo el mundo? La propia Thurman la dejó clara hace unos años cuando, al recoger un premio honorífico, resumió así el efecto que verla tuvo en muchas espectadoras: “Las mujeres se me acercaban y me decían que, de una forma u otra, Kill Bill las había ayudado en sus vidas; ya fuera porque se sentían oprimidas, estaban atrapadas en una relación tóxica o se sentían mal consigo mismas, la película despertó en ellas una energía de supervivencia que les resultó balsámica”.

TAGS DE ESTA NOTICIA