La crítica ★★★☆☆

‘Buena suerte, pásalo bien, no mueras’: un alegato más noble que persuasivo contra la IA

La nueva película de Gore Verbinski no solo explora las ansiedades que genera la IA, sino que también intenta trazar un posible camino hacia la salvación

El auge de la IA supone una amenaza para el medio ambiente, la economía, la expresión humana y el mercado laboral, que hemos aceptado sin apenas oponer resistencia tras ser infantilizados y anestesiados por las redes sociales y los desechos audiovisuales que contaminan nuestras mentes las 24 horas del día. Y la nueva película de Gore Verbinski no solo explora las ansiedades que todo ello genera, sino que también intenta trazar un posible camino hacia nuestra salvación. Verbinski, recordemos, dirigió las tres primeras entregas de la saga Piratas del Caribe, convirtiéndose así en uno de los cineastas más cotizados de Hollywood, y justo después ganó el Oscar a la Mejor Película de Animación gracias al western Rango (2011). Pero su siguiente trabajo, El llanero solitario (2013), fracasó estrepitosamente en taquilla, y tras volver a tropezar comercialmente con La cura del bienestar (2016) perdió por completo el el favor de la industria. Buena suerte, pásalo bien, no mueras representa su regreso a la cartelera tras nada menos que una década, y por eso es una pena que las nobles intenciones satíricas de la película queden aplastadas bajo artificios narrativos, postureo nihilista y una historia que parece avanzar en varias direcciones a la vez y da bandazos tonales entre la comedia negra, el melodrama y el horror tecnológico.

Su peripecia argumental arranca cuando, una noche cualquiera, un hombre misterioso aparece de repente en un restaurante de Los Ángeles con una bomba atada al pecho y una misión urgente: debe reclutar a la combinación perfecta de clientes del local para que lo ayuden a detener a un niño enigmático que está a punto de lanzar al mundo una inteligencia artificial todopoderosa y supermaligna. Sam Rockwell derrocha energía en la piel de este extraño sujeto que quizá venga del futuro o tal vez no sea más que un perturbado, pero, lamentablemente, el personaje no es más que una colección de réplicas sarcásticas y monólogos didácticos pronunciados a gritos.

Desde el principio, Buena suerte, pásalo bien, no mueras se muestra claramente deudora de ficciones de Terry Gilliam como 12 monos (1995) y Brazil (1985) y de títulos como Atrapado en el tiempo (1993) —citado de forma explícita—, la saga Terminator, Cazafantasmas (1984) y Ready Player One (2018), y en su defensa cabe decir que precisamente de eso se trata: teniendo en cuenta que la inteligencia artificial es, ante todo, una tecnología basada en el plagio e incapaz de crear sin reconfigurar materiales preexistentes, tiene sentido que Verbinski emplee la misma táctica para reírse de ella. Entretanto, eso sí, la película también utiliza cada una de sus escenas para ilustrar males sociales aparentemente intratables que forman parte constante del discurso público —la normalización de la violencia con armas de fuego, el colapso del sistema educativo y el auge del fascismo institucionalizado,  además de las ya mencionadas—, por lo que su insistencia al respecto resulta redundante.

Mientras contempla cómo el variopinto grupo encabezado por Rockwell intenta salvar el mundo, Verbinski va salpicando el metraje con viñetas evocadoras de la serie Black Mirror en las que se nos revelan las vidas previas de algunos de los personajes: en la primera de ellas, un par de profesores deben lidiar con sus alumnos, que no son adolescentes hiperactivos sino un rebaño hipnotizado por las redes; en otra, una madre que llora la muerte de su hijo, asesinado en un tiroteo escolar, descubre la existencia de una empresa capaz de clonar a los fallecidos que ha ganado popularidad gracias a la gran cantidad de matanzas de ese tipo en Estados Unidos; en la última, conocemos una chica alérgica a los teléfonos y a la tecnología que perdió a su novio por culpa de la realidad virtual. Para atender esas subtramas, la película va interrumpiendo sucesivamente el avance de la acción para saltar atrás en el tiempo, y eso tal vez no supondría un problema si esos personajes fueran interesantes y tridimensionales, o si los flashbacks no resultaran tan demasiado largos. En cambio, y de forma especialmente llamativa si consideramos que su asunto principal son los males de la inteligencia artificial, Buena suerte, pásalo bien, no mueras no presta suficiente atención al elemento humano. Aun así, sin duda conseguirá que algunos espectadores se lo piensen dos veces antes de hacerle a ChatGPT cualquier pregunta que se les ocurra. Otra parte del público, al contrario, se verá empujada a sacar el móvil mientras la ve.

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