La alcaldesa de Los Ángeles, Karen Bass, ha dado un giro significativo en la crisis que rodea la organización de los Juegos Olímpicos de 2028 en su ciudad al afirmar públicamente que Casey Wasserman debería abandonar la presidencia del comité organizador. La declaración, formulada el lunes en una entrevista con CNN, trasciende el ámbito local y sitúa en el centro del debate global la cuestión de la legitimidad moral en el liderazgo de los grandes acontecimientos internacionales.
“Mi opinión es que debería dimitir. Esa no es la opinión de la junta”, afirmó Bass con claridad. Hasta hora, la regidora había mantenido una posición prudente, insistiendo en que correspondía al consejo de Los Ángeles 2028, la entidad sin ánimo de lucro responsable de los Juegos, decidir sobre la continuidad del empresario. El cambio de tono revela la magnitud de la presión política y simbólica que rodea el caso.

Contacto con Ghislaine Maxwell
La controversia se desató tras conocerse que Wasserman intercambió hace dos décadas correos electrónicos de carácter íntimo con Ghislaine Maxwell, posteriormente condenada por tráfico sexual por su papel en la red de explotación liderada por el financiero Jeffrey Epstein. Los mensajes se realizaron después de un viaje a África de Wasserman con Epstein. Aunque los mensajes se produjeron antes de que los delitos salieran a la luz y antes de la condena de Maxwell, la revelación ha reabierto interrogantes sobre los estándares éticos exigibles a quienes encabezan un evento que pretende proyectar valores universales.

Bass calificó de “desafortunado” que los organizadores respalden a Wasserman en este contexto. “Necesitamos examinar el liderazgo”, señaló, subrayando que su responsabilidad como alcaldesa es garantizar que la ciudad esté “completamente preparada” para la cita olímpica. La preparación, en este caso, no se limita a infraestructuras y presupuestos, también incluye la reputación institucional de Los Ángeles ante el mundo.

La alcaldesa de Los Ángeles insiste en solicitar su salida
La junta ejecutiva de LA28 anunció el miércoles que, tras revisar los hechos y contratar asesoramiento externo del despacho O’Melveny & Myers, determinó que Wasserman debía continuar al frente del proyecto, destacando su “sólido liderazgo”. El comité aseguró que toma “muy en serio” cualquier acusación de conducta impropia y que el empresario cooperó plenamente en la revisión. Bass evitó convertir su posición en un ultimátum institucional. “Como he dicho, esa es mi opinión”, recalcó, recordando que el Ayuntamiento no tiene autoridad directa sobre la dirección de Los Ángeles 2028. Pero el peso político de su declaración introduce una fractura evidente entre el poder municipal y la estructura organizativa del evento.
La crisis llega en un momento especialmente delicado. Los Juegos de 2028, con un presupuesto estimado en 7.000 millones de dólares, aspiran a consolidar el modelo de Olimpiada sostenible y financieramente responsable que el Comité Olímpico Internacional promueve tras años de sobrecostes y protestas en otras sedes.
Wasserman, heredero de una influyente familia del mundo del entretenimiento y figura clave en la industria deportiva y mediática estadounidense, anunció la semana pasada que venderá su agencia de representación de deportistas y artistas del espectáculo ante la reacción adversa provocada por la revelación de los correos. A dos años de la inauguración, Los Ángeles se enfrenta a una encrucijada institucional provocada por los papeles de Epstein que trasciende la gestión de un evento deportivo. Bass, que enfrenta elecciones municipales este año, ha optado por manifestarse en plena disputa electoral.
