El momento más delicado de Artemis II no ha sido necesariamente el sobrevuelo lunar ni los días de travesía en el espacio profundo. El tramo más comprometido llega ahora, en el regreso a casa. La misión de la NASA, la primera tripulada del programa Artemis, culmina con el retorno de la nave Orion a la atmósfera terrestre y con un amerizaje previsto frente a la costa de San Diego. NASA ha fijado ese descenso para las 20:07 de la costa este de Estados Unidos del viernes 10 de abril, las 02:07 de la madrugada del sábado en España peninsular.
Lo que viene a continuación puede parecer sencillo desde fuera —entrar, desplegar paracaídas y caer al mar—, pero en realidad es una secuencia de enorme precisión. La propia NASA considera la reentrada y el amerizaje como una de las fases más exigentes de toda la misión, porque es ahí donde la cápsula debe soportar calor extremo, frenar de forma controlada y acertar con exactitud en su punto de descenso.
La separación del módulo europeo
Antes de tocar la atmósfera, Artemis II debe desprenderse del llamado European Service Module, el módulo de servicio europeo construido con participación de la ESA. Ese elemento ha sido esencial durante la misión porque ha proporcionado propulsión, energía, agua, aire y soporte vital a la tripulación durante el viaje alrededor de la Luna. Pero en el regreso final ya no sirve para el descenso: la única parte diseñada para sobrevivir es la cápsula tripulada. El módulo europeo se separa y se pierde en la reentrada, mientras la cápsula de Orion continúa sola hacia la Tierra.

NASA ha explicado que desde esa separación hasta el amerizaje transcurren unos 42 minutos. En ese margen de tiempo se concentra toda la maniobra final. Primero se ejecuta un último ajuste de trayectoria, necesario para colocar a Orion en el ángulo exacto de entrada. Ese detalle es clave: si el ángulo fuese demasiado pronunciado, la nave sufriría cargas excesivas; si fuese demasiado superficial, podría rebotar mal en la atmósfera y comprometer el regreso.
El calor extremo de la reentrada
Después llega el punto crítico de Artemis II: la reentrada atmosférica. Orion vuelve desde el entorno lunar a una velocidad muy superior a la de una nave que regresa de la órbita baja terrestre. Por eso el escudo térmico debe soportar temperaturas de alrededor de 2.760 grados centígrados, unos 5.000 grados Fahrenheit, mientras la fricción con la atmósfera envuelve la cápsula en plasma.
Para manejar mejor ese estrés térmico y mecánico, Orion utiliza la técnica conocida como skip entry, o entrada en salto. En lugar de caer de forma directa, la cápsula se sumerge en las capas altas de la atmósfera, reduce velocidad gracias al rozamiento y vuelve a elevarse ligeramente antes de completar la reentrada final. NASA sostiene que este sistema da más margen para dirigir el descenso y repartir mejor el calentamiento y la desaceleración. La experiencia de Artemis I fue clave para validar ese método antes del primer vuelo con astronautas.

Durante esa fase se produce además un breve apagón de comunicaciones. No se trata de una incidencia, sino de una consecuencia normal del plasma que rodea la nave. Durante varios minutos, el contacto con la tripulación puede interrumpirse mientras el escudo térmico hace su trabajo en uno de los tramos más tensos de toda la misión.
Paracaídas, océano y rescate final
Una vez superado ese infierno térmico, Artemis II entra en la última parte del descenso. Orion libera primero una cubierta frontal y después despliega una secuencia de paracaídas diseñada para reducir la velocidad de forma progresiva. Primero se abren los paracaídas de frenado y, más abajo, los tres principales, que son los que permiten que la cápsula toque el Pacífico a una velocidad ya compatible con un aterrizaje controlado sobre el agua.

Tras el amerizaje comenzará la operación de recuperación. Equipos de la US Navy y de la NASA estarán desplegados en la zona para asegurar la cápsula y extraer a los cuatro astronautas. El objetivo es trasladarlos al buque de recuperación para una primera revisión médica tras diez días de misión. Ese momento cerrará el viaje más importante de Orion hasta ahora: no solo traer de vuelta a una tripulación desde las proximidades de la Luna, sino demostrar que Artemis II puede abrir el camino para las siguientes fases del programa lunar.
