Matronas al límite: “Somos el profesional peor tratado y las mujeres lo pagan”

La falta de personal no solo se traduce en listas de espera: en muchos casos implica, directamente, consultas cerradas

En la Comunidad de Madrid, con más de siete millones de habitantes y una población femenina que supera el 50%, la atención a la salud sexual y reproductiva se sostiene sobre una cifra que las propias profesionales consideran insuficiente: alrededor de 300 matronas en atención primaria.

“Somos ahora mismo el colectivo que probablemente esté peor tratado por la administración y, por tanto, la atención a las mujeres es la que peor tratada está”, denuncia María Sanz, matrona de atención primaria que prefiere no concretar su centro de trabajo.

La consecuencia más inmediata de esta escasez es una sobrecarga asistencial difícil de sostener. Mientras médicos y enfermeras cuentan con cupos delimitados, las matronas asumen volúmenes de población que multiplican esas ratios. “Atendemos cartillas de 10.000, 15.000, 20.000 pacientes, incluso más. Es inasumible”, resume.

Consultas cerradas y mujeres sin atención

La falta de personal no solo se traduce en listas de espera: en muchos casos implica, directamente, consultas cerradas. El sistema de sustituciones, según explica Sanz, no garantiza la cobertura cuando una matrona se ausenta.

“Si me pongo de baja, me voy de vacaciones o acudo a un curso, mi consulta se queda cerrada. No hay nadie que atienda a esas mujeres”, afirma. El impacto, insiste, es inmediato y forma parte del día a día. “Estamos hablando de atención no demorable. Si una mujer tiene un problema de lactancia, necesita ayuda en ese momento. Si está embarazada, no puede esperar dos meses”.

Pero esa espera es ya habitual. “Hay listas de uno o dos meses, incluso más. Muchas veces ni siquiera pueden pedir cita en la aplicación porque no hay huecos disponibles”, concluye.

De la adolescencia a la menopausia: una figura clave invisibilizada

El papel de las matronas va mucho más allá del embarazo y el parto. Son profesionales de referencia que acompañan a las mujeres a lo largo de todo su ciclo vital. “Nosotras atendemos desde la adolescencia hasta la menopausia: educación sexual, prevención de infecciones, seguimiento del embarazo, lactancia, detección de violencia de género, programas de cribado de cáncer…”, enumera María.

Sin embargo, esa amplitud de funciones contrasta con la escasez de recursos. “Somos la figura de referencia, pero no podemos ejercer como tal porque el sistema no lo permite”, lamenta.

El resultado es una atención fragmentada y, en muchos casos, tardía. “Una mujer con una infección de transmisión sexual no puede esperar meses. Una menopausia mal atendida también tiene consecuencias. Pero no hay capacidad para dar respuesta”, reconoce.

A la sobrecarga asistencial se suman unas condiciones laborales que las profesionales califican de “denigrantes”. “Cobramos hasta 13 veces menos por paciente que una enfermera generalista”, afirma María. Y concreta: “Por cada mujer de entre 14 y 49 años cobramos 0,03 céntimos por tarjeta sanitaria. Esa cantidad se multiplica por diez o doce en otras categorías”.

A ello se añade la exclusión de determinados complementos salariales. “En centros de difícil cobertura, por ejemplo, las enfermeras pueden cobrar unos 280 euros más al mes. Nosotras no tenemos derecho a ese complemento”, explica.

Sin sustituciones y penalizadas por compartir carga

El sistema no sólo no cubre ausencias, sino que, según denuncian, también penaliza cualquier intento de aliviar la carga asistencial. “Si llega otra matrona para compartir población, a mí me bajan el sueldo hasta 250 euros porque dividen el cupo. Es decir, mejorar la atención implica cobrar menos”, explica.

Este modelo, aseguran, desincentiva cualquier mejora organizativa. “Ni ganamos nosotras ni ganan las mujeres. La lista de espera pasa de tres meses a uno, pero sigue siendo insuficiente”, lamenta.

La falta de matronas no es un fenómeno reciente, sino un problema estructural que sigue pasando factura. “Hubo un periodo desde 1987 en el que se cerró la escuela de matronas y durante años no se formaron profesionales. Muchas se jubilaron y no hubo relevo”, explica María.

Hoy, esa brecha generacional se traduce en una escasez persistente. “No hay matronas para cubrir las plazas. Y las condiciones en atención primaria hacen que nadie quiera venir”, añade.

Más carga sin recursos: el caso del cribado de cáncer de cérvix

A la presión asistencial se suma la incorporación de nuevos programas sin refuerzo de plantilla. Uno de los ejemplos más recientes es el cribado de cáncer de cérvix. “Se ha implantado en la Comunidad de Madrid sin invertir un euro en recursos humanos”, denuncia. “Nos han metido 40 citologías semanales en agenda sin quitar otras tareas”.

El resultado es un desplazamiento progresivo de funciones. “Se están eliminando talleres de lactancia o actividades de educación para la salud para poder asumir ese programa. Nos están limitando a una sola actividad”.

El desgaste profesional y emocional es evidente. “Llevamos tres o cuatro años así, cada vez peor. Cada vez hay menos matronas, peores condiciones y peor atención”, afirma.

La situación, sostiene, ha alcanzado un punto crítico. “Estamos hartas”, resume con contundencia.

Incluso algunas medidas previas han contribuido a agravar el escenario. “Hace unos años se aplicó una bajada salarial de unos 200 euros que se denunció, pero no prosperó. Yo ya entré con esa pérdida”, lamenta.

Las matronas no piden soluciones extraordinarias, aseguran, sino medidas que consideran básicas para garantizar una atención adecuada. “Sabemos que no es fácil encontrar profesionales, pero pedimos retribuciones justas que permitan, por ejemplo, hacer módulos de absorción como los médicos y atender a más pacientes”, explica María.

También reclaman una revisión de los cupos asistenciales. “No podemos atender a 20.000 personas. Si cubrimos a la mitad de la población, al menos que sea un número razonable: 4.000 o 6.000 pacientes”, apunta.

Y, sobre todo, exigen un reconocimiento real de su especialidad. “Tenemos una especialidad y, sin embargo, cobramos menos y tenemos peores condiciones que una enfermera generalista”, lamenta.

Detrás de cada cifra hay una realidad que impacta directamente en la salud de las mujeres: retrasos, consultas cerradas y falta de seguimiento. “La calidad asistencial está empeorando claramente”, concluye María. “Y eso no es un problema de las matronas, es un problema del sistema”.

Un sistema que, según denuncian, está relegando a un segundo plano una atención esencial. Porque cuando falla la atención primaria, advierten, las consecuencias se traducen en salud, bienestar y derechos de millones de mujeres.

TAGS DE ESTA NOTICIA