Crónica negra

Le deja el coche a su hijo adolescente y éste mata a una abuela y a sus tres nietos

Una mujer perdió a sus tres hijos y a su madre en unos segundos. Detrás de la tragedia hay una decisión incomprensible y una frase imposible de olvidar

Eran las siete de la tarde del 3 de septiembre de 2023 cuando un estruendo sacudió las calles de Poinciana, en Florida. Dos coches acababan de colisionar con gran violencia. “Fui corriendo hacia el accidente y no podía creer lo que estaba viendo” recordaría después uno de los vecinos.

La escena que encontraron los equipos de emergencia era espantosa. En uno de los vehículos iba al volante un adolescente. Con él viajaban otros tres menores, uno de ellos de solo 12 años. Todos estaban heridos.

En el otro coche viajaba Trinidad Hernández, de 50 años, junto a sus tres nietos. El impacto fue tan brutal que el vehículo salió despedido, dio varias vueltas y terminó estrellándose contra un poste.

Trinidad y su nieta mayor, Mylie, de 11 años, murieron en el acto. Los otros dos pequeños fueron trasladados al hospital en estado crítico, pero no sobrevivieron. Marvin, de 9 años, e Iray, de apenas 1, murieron poco después. En apenas unos segundos, una familia entera quedó destrozada.

Trinidad y sus tres nietos, poco antes del accidente.

La madre de los niños, Sabrina, había hablado con ellos solo unos minutos antes. Su hijo la llamó para decirle que ya estaban llegando a casa. “Muy bien, nos vemos enseguida”, le respondió. Fue la última vez que escuchó su voz.

Días después, Sabrina regresó al cruce donde todo había ocurrido. Frente al lugar en el que perdió a su madre y a sus tres hijos, solo pudo resumir su dolor en una frase: “Me estoy muriendo por dentro. ¡He perdido a toda mi familia!”.

El error del padre y del hijo

La investigación posterior reveló la magnitud de la imprudencia. Según los peritos, el adolescente conducía a unos 130 kilómetros por hora en una vía limitada a 40. No hubo frenazo. No hubo maniobra para evitar el impacto. La colisión fue inevitable.

El padre del menor sostuvo que nunca le entregó las llaves y que, cuando se dio cuenta de que se había marchado, intentó llamarle para que regresara. En el juicio insistió una y otra vez en la misma idea: “Nunca, nunca le di las llaves a mi hijo”. Pero varios testigos, incluidos los otros adolescentes que iban en el coche, ofrecieron una versión distinta.

Uno de los vecinos que testificaron aseguró: “Vi al padre decirles a los chicos que se pusieran el cinturón de seguridad antes de irse. Los vio salir y no hizo nada para detenerlos”.

Durante el juicio, Richard lloró y pidió perdón. “Lo siento. De verdad que lo siento” dijo ante el tribunal. También admitió que “debería haber ido detrás de mi hijo y haberle detenido”. Pero ni siquiera entonces dejó de negar haberle dado las llaves. Esa mezcla de arrepentimiento y negación fue una de las imágenes más duras del caso.

Richard, testificando en el juicio.

Richard fue declarado culpable de cuatro cargos de homicidio involuntario y condenado a 37 años de prisión. Su hijo, por su parte, ya había aceptado un acuerdo de culpabilidad por homicidio involuntario y permanecerá bajo custodia juvenil hasta cumplir los 19 años.

En la última audiencia, celebrada en febrero de 2026, Sabrina pronunció una frase que heló la sala: “No hay ninguna experiencia humana que iguale el dolor de una madre que pierde a un hijo. Y yo he perdido a tres”. Luego remató su declaración con una imagen imposible de olvidar: “Para abrazar a mis hijos, tengo que abrazar un jarrón lleno de cenizas”.

Lo terrible de esta historia no es solo el choque, sino lo que lo hizo posible: un padre que dejó el coche en manos de un menor. Una decisión absurda que acabó con cuatro vidas.

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