La batalla por el futuro de Hollywood ha pasado de las salas de juntas a la comunidad creativa. Lo que comenzó como un murmullo de disidencia se ha convertido en una ola de oposición a medida que Florence Pugh, Pedro Pascal, Edward Norton y Atsuko Okatsuka han añadido sus nombres a una carta abierta contra la fusión por 111.000 millones de dólares entre Paramount Skydance y Warner Bros. Discovery. Se suman a una lista de pesos pesados como Javier Bardem, Joaquin Phoenix, Ben Stiller y Kristen Stewart, elevando el número de firmantes por encima de los 2.000 profesionales de la industria.
La carta, publicada en BlocktheMerger.com, define el acuerdo como una priorización de “los intereses de un pequeño grupo de poderosos actores por encima del bien público”. Los firmantes advierten de que una mayor consolidación en un panorama mediático ya concentrado implicará menos empleo, mayores costes para el público y una reducción significativa en la diversidad de historias. Uno de los puntos más preocupantes: la fusión dejaría el número de grandes estudios cinematográficos estadounidenses en solo cuatro.
Una “ciudad fantasma” para la clase trabajadora
Aunque los titulares se centran en las estrellas, el núcleo de la oposición está en el impacto sobre los trabajadores técnicos. Damon Lindelof, creador de Watchmen y Perdidos, expresó sus dudas en redes sociales. Aunque describió al CEO de Paramount, David Ellison, como “brillante y apasionado”, consideró que la matemática de la fusión es “intuitiva”: “Cuando dos grandes estudios están bajo el control de una sola compañía […], uno de ellos se convierte en una ciudad fantasma“. Lindelof aludía a los miles de maquinistas, electricistas, conductores y proveedores cuyo sustento depende de un volumen competitivo de producción.
Este temor lo comparte una comunidad que ya ha vivido la erosión de la película de presupuesto medio y el debilitamiento del mercado internacional tras anteriores procesos de concentración. Jane Fonda, que se manifestó contra el acuerdo en los Óscar con una chapa de “Block the Merger”, expresó además su preocupación por la integridad de medios como CNN, sugiriendo que la operación implica “ceder” a intereses políticos.

La defensa de los 111.000 millones
Ante la creciente presión, Paramount Skydance ha respondido con un comunicado en el que trata de tranquilizar al sector. La compañía, liderada por David Ellison, se compromete a mantener Paramount y Warner Bros. como estudios diferenciados, con direcciones creativas independientes. Uno de los pilares de su defensa es la promesa de producir al menos 30 largometrajes anuales con estreno completo en salas.
Según la empresa, la fusión es una evolución necesaria para sobrevivir a un contexto de “profunda disrupción” marcado por la pandemia, la irrupción de los gigantes tecnológicos y los cambios en los hábitos de consumo. Al combinar “fortalezas complementarias”, sostiene, estará mejor posicionada para respaldar proyectos arriesgados y competir a escala global con plataformas como Netflix, que a principios de año redujo su interés por Warner Bros.
Nubes regulatorias en el horizonte
Pese a estas garantías, la operación afronta un camino complejo. Aunque países como Alemania y Eslovenia ya han dado su visto bueno, el escenario en Estados Unidos sigue siendo incierto. El fiscal general de California, Rob Bonta, ha señalado que la adquisición “no es un hecho” y que su oficina la está sometiendo a una revisión “rigurosa”.
Las implicaciones son considerables. Michael O’Leary, CEO de Cinema United, advirtió de que una caída en la producción podría traducirse en nuevos cierres de salas de todo el país. Por su parte, los críticos señalan los Óscar de 2026 como reflejo de las tendencias actuales: las películas de Warner Bros. lograron once estatuillas, mientras que Paramount no obtuvo ninguna nominación.
A medida que se acerca la votación de los accionistas, la oposición del talento que sustenta la industria ha convertido la operación en una crisis reputacional de primer orden. Para los miles de firmantes, no se trata solo de una operación empresarial, sino de preservar un modelo de industria cultural diverso, competitivo y con capacidad de riesgo, frente a una mayor concentración corporativa.
