Pedro Pascal revela el libro que le cambió la vida: “Una de las mejores lecturas que he experimentado”

'Crimen y castigo', la obra maestra de Dostoievski sobre la culpa y la tormenta psicológica de Raskólnikov

Una imagen del actor Pedro Pascal.

A veces una recomendación literaria suena a rutina promocional; otras, a confesión. En el caso de Pedro Pascal, la frase tiene el peso de algo que no se dice para quedar bien. “Sé que suena pedante, pero este libro fue realmente un punto y aparte para mí”, dijo. “Es una de las mejores lecturas que he experimentado”. No es solo entusiasmo: es la forma en la que alguien describe una sacudida.

La obra que Pedro Pascal señala como decisiva es Crimen y castigo, un clásico que sigue funcionando como espejo incómodo. Porque lo que pone sobre la mesa no es una peripecia criminal, sino un viaje mental: el precio íntimo de cruzar una línea y descubrir que, al otro lado, uno ya no se reconoce.

El clásico que Pedro Pascal sitúa como lectura definitiva sobre la culpa

Cuando Pedro Pascal habla de “punto y aparte”, el centro del impacto parece estar en el tema que atraviesa la novela: la culpa. Crimen y castigo está considerada por la crítica como la primera obra maestra de Fiódor Dostoievski, precisamente porque no se conforma con narrar un crimen, sino que disecciona lo que ocurre después, cuando el castigo no es solo judicial o social, sino interior.

En esa idea se sostiene el legado que Pedro Pascal rescata: la culpa como una fuerza que no descansa. El libro no necesita grandes fuegos de artificio para asfixiar; le basta con acompañar a su protagonista en la degradación lenta de una mente que intenta justificar lo injustificable y descubre que la explicación no apaga el temblor.

El personaje que convierte la conciencia en una pesadilla

El protagonista de Crimen y castigo es Rodión Raskólnikov, un joven estudiante convencido de que ciertos fines “humanitarios” podrían justificar la maldad. Esa idea —la superioridad moral como permiso— lo conduce al asesinato de una usurera. Y ahí se activa la maquinaria de verdad que Pedro Pascal parece subrayar: desde que comete el crimen, la culpabilidad se instala como una pesadilla constante.

Pedro Pascal revela el libro que le cambió la vida: "Una de las mejores lecturas que he experimentado"
Portada de la novela ‘Crimen y castigo’, de Fiódor Dostoyevski.
DeBolsillo

Lo más inquietante es que el tormento no llega por un simple miedo a ser descubierto. En Crimen y castigo, el castigo es, sobre todo, psicológico: la imposibilidad de convivir con lo que se ha hecho. Para Pedro Pascal, esa intensidad —ese análisis profundo del autoengaño y el derrumbe— es lo que convierte la lectura en algo que marca.

Por qué el libro que recomienda sigue siendo actual

Que Pedro Pascal elija un clásico así tiene sentido: no depende de modas ni de contexto. La novela no envejece porque habla de un mecanismo humano reconocible, incluso para quien jamás cometería un delito: la tendencia a justificarse, el deseo de creerse excepción, el intento de convertir una decisión en doctrina. Ahí está la modernidad de Crimen y castigo: en cómo muestra el nacimiento de una idea y su corrosión.

Además, la lectura que menciona Pedro Pascal pone el foco en la fragilidad de lo “racional” cuando se mezcla con el orgullo. Raskólnikov cree dominar su relato, pero el cuerpo y la mente lo delatan. Y ese pulso —entre la teoría y la carne— es el que convierte el libro en una experiencia más que en una historia.

Una recomendación que no es solo literatura

Al decir que fue “una de las mejores lecturas” que ha vivido, Pedro Pascal no está señalando únicamente una obra importante; está apuntando a un tipo de lectura que te devuelve cambiado. Crimen y castigo no se limita a entretener: obliga a mirar cómo se fabrica una decisión extrema y cómo, después, la conciencia pasa factura con intereses.

Pedro Pascal revela el libro que le cambió la vida: "Una de las mejores lecturas que he experimentado"
El actor durante el Festival de Cine de Cannes.
EFE/EPA/SEBASTIEN NOGIER / POOL

Quizá por eso la recomendación de Pedro Pascal suena tan definitiva: porque no invita a “leer un clásico”, sino a atravesarlo. Y, cuando se cruza esa frontera, se entiende por qué hay libros que no se recuerdan por su argumento, sino por el silencio que dejan cuando se terminan.

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