Marta Jiménez Serrano y el milagro de ‘Oxígeno’: cuando vivir se convierte en literatura

Quién es Marta Jiménez Serrano y por qué 'Oxígeno' se ha convertido en uno de los libros más personales y reveladores del año

Marta Jiménez Serrano - Cultura
Una fotografía de archivo de la escritora.
Alfaguara

Hay libros que nacen de una idea, de una obsesión o de una intuición literaria. Y hay otros que surgen de una sacudida vital, de un instante en el que todo se detiene y la escritura aparece después, casi como una consecuencia. Oxígeno pertenece a esta segunda categoría. Con este libro, Marta Jiménez Serrano firma su obra más arriesgada y también la más depurada. Un texto que no solo amplía su universo narrativo, sino que redefine su relación con la literatura.

Desde hace años, Marta Jiménez Serrano se ha consolidado como una de las voces más sólidas de la narrativa española contemporánea. Pero Oxígeno no es un paso más en su trayectoria. Se trata de un punto de inflexión. Un libro escrito después de haber rozado la muerte y que, precisamente por eso, habla con una claridad poco frecuente sobre lo que significa seguir vivo.

Una autora que escribe desde la intimidad

Hablar de Marta Jiménez Serrano implica hablar de una escritura que siempre ha puesto el foco en lo íntimo, en los vínculos y en la construcción de la identidad. Desde su debut narrativo, su obra ha explorado cómo nos contamos a nosotros mismos y cómo esa narración condiciona nuestra manera de estar en el mundo. No hay en ella grandes gestos ni fuegos artificiales: hay observación, precisión y una atención constante a los detalles que suelen pasar desapercibidos.

Esa mirada se mantiene en Oxígeno, pero aquí adquiere una densidad distinta. El libro parte de una experiencia real y extrema —una intoxicación por monóxido de carbono que estuvo a punto de acabar con su vida— y se construye desde la conciencia de haber cruzado una frontera invisible. Marta Jiménez Serrano no escribe para recrearse en el suceso, sino para entender qué queda después, qué cambia cuando el cuerpo ha estado tan cerca de desaparecer.

‘Oxígeno’, más allá del testimonio

Aunque Oxígeno se presenta a menudo como un libro autobiográfico, reducirlo a esa etiqueta sería injusto. La autora convierte la experiencia personal en materia literaria sin caer en el exhibicionismo ni en la crónica desnuda. Aquí no hay morbo ni dramatización innecesaria. Hay, en cambio, una escritura contenida que avanza a base de fragmentos, recuerdos y reflexiones que se entrelazan con naturalidad.

Marta Jiménez Serrano y el milagro de 'Oxígeno': cuando vivir se convierte en literatura
Portada de la novela ‘Oxígeno’, de Marta Jiménez Serrano.
Alfaguara

El título no es solo literal. Oxígeno es el aire que faltó y el que volvió después, pero también es una metáfora de la escritura como espacio de respiración. Para Marta Jiménez Serrano, escribir este libro no fue un ejercicio de catarsis inmediata, sino un proceso lento de reconstrucción. El texto se mueve entre el antes y el después del accidente, entre la vida cotidiana y la conciencia súbita de su fragilidad.

Cuando el cuerpo entra en la literatura

Uno de los grandes aciertos de Oxígeno es la manera en que incorpora el cuerpo al centro del relato. El cuerpo como lugar vulnerable, como algo que puede fallar sin previo aviso. Marta Jiménez Serrano escribe sobre:

  • La pérdida de control
  • La dependencia de los demás
  • La necesidad de cuidados

Y lo hace sin sentimentalismo, con una honestidad que incomoda precisamente porque resulta reconocible.

En ese sentido, Oxígeno dialoga con una tradición de textos que abordan la enfermedad, el accidente o la cercanía de la muerte, pero lo hace desde una perspectiva contemporánea y doméstica. No hay épica ni grandes discursos. Hay pisos alquilados, calefacciones defectuosas y rutinas interrumpidas. La literatura se cuela en los espacios más cotidianos, allí donde menos se la espera.

Una lectura social sin estridencias

Aunque el libro se sostiene sobre una experiencia individual, Oxígeno también deja entrever una lectura social. La precariedad de la vivienda, la negligencia estructural y la fragilidad de los cuidados aparecen como un telón de fondo constante. Marta Jiménez Serrano no subraya estas cuestiones, pero las deja respirar en el texto, permitiendo que el lector extraiga sus propias conclusiones.

Ese equilibrio entre lo personal y lo colectivo es una de las señas de identidad de su escritura. En Oxígeno, la autora demuestra que contar una historia íntima no implica encerrarse en ella. Al contrario: cuanto más precisa es la experiencia narrada, más fácil resulta que otros lectores se reconozcan en ella.

El estilo como forma de resistencia

Formalmente, Oxígeno apuesta por una prosa clara, sobria y muy medida. No hay excesos ni ornamentación. Cada frase parece colocada con la conciencia de que lo importante no es impresionar, sino decir. Marta Jiménez Serrano escribe desde la contención, confiando en que el peso del relato no está en lo que se grita, sino en lo que se enuncia con calma.

Ese estilo refuerza la idea central del libro: vivir, después de una experiencia límite, se convierte en un acto consciente. Y escribir sobre ello, también. Oxígeno no busca respuestas cerradas ni moralejas. Es un libro que acompaña, que se mueve en la incertidumbre y que acepta la vulnerabilidad como parte de la existencia.

Un punto de inflexión en su obra

Con Oxígeno, Marta Jiménez Serrano no solo amplía su registro, sino que confirma una madurez literaria poco común. El libro dialoga con sus obras anteriores, pero también abre un nuevo camino. Aquí la autora se permite ir más lejos, exponerse más y, paradójicamente, hacerlo con mayor pudor.

Marta Jiménez Serrano y el milagro de 'Oxígeno': cuando vivir se convierte en literatura
Una fotografía en blanco y negro de la escritora.
Zenda Libros

En un panorama literario saturado de relatos autobiográficos, Oxígeno destaca por su honestidad y su ambición literaria. No es un libro sobre sobrevivir, sino sobre aprender a mirar la vida después del susto. Un texto que demuestra que, a veces, la literatura no nace de la imaginación, sino del simple y complejo hecho de seguir respirando.

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