Hollywood

Harvey Weinstein habla desde la cárcel y carga contra Gwyneth Paltrow

En su primera entrevista desde prisión, el antiguo magnate del cine vuelve a presentarse como víctima. Reconoce que fue “inmoral”, que engañó y manipuló, pero insiste en que jamás agredió a nadie. Y desde su celda en Rikers Island señala a actrices como Gwyneth Paltrow o Angelina Jolie, a quienes acusa de exagerar los hechos que ayudaron a derribar su imperio

Harvey Weinstein ha vuelto a hablar. No lo hace desde un despacho con paredes cubiertas de pósters de películas premiadas, como en los años en que medio Hollywood esperaba su llamada. Ahora habla desde una cárcel, en una sala fría de Rikers Island, vigilado por funcionarios y con el tiempo medido como si cada minuto fuera una visita médica. Pero el tono, según cuentan quienes lo entrevistaron, sigue siendo reconocible: una mezcla de orgullo, rabia y autocompasión.

El productor que durante décadas dominó la industria cinematográfica concedió su primera entrevista desde que cayó en desgracia por los escándalos de abusos sexuales que sacudieron Hollywood y dieron impulso al movimiento #MeToo. Weinstein, de 73 años, admite algo que durante mucho tiempo negó: que su comportamiento con muchas mujeres fue incorrecto. Pero pone el límite justo antes del delito. “Engañé a mujeres. Eso es inmoral. Pero no las agredí”, afirma.

Es una línea defensiva que lleva años repitiendo: sí a la culpa moral, no a la criminal. El productor insiste en que las relaciones que mantuvo fueron consentidas o malinterpretadas y que su caída responde en parte a una ola mediática que necesitaba un villano perfecto. Un símbolo. Y él, dice, terminó siendo ese símbolo.

La entrevista también reabre viejas heridas con algunas de las actrices que denunciaron su comportamiento. Entre ellas aparece Gwyneth Paltrow. Weinstein sostiene que el episodio que la actriz relató, una reunión en un hotel en los años noventa en la que él habría sugerido un masaje, fue “exagerado” y que jamás llegó a tocarla. Según su versión, la historia creció hasta convertirse en algo que nunca ocurrió.

Paltrow contó algo distinto… que aquella invitación la intimidó cuando apenas tenía 22 años y empezaba su carrera, y que fue su entonces pareja, Brad Pitt, quien terminó enfrentándose al productor. Ese episodio se convirtió con los años en uno de los relatos más conocidos del caso Weinstein.

El productor también menciona a otras actrices, como Angelina Jolie, y acusa a algunas denunciantes de haberse sumado a lo que él describe como un “club de víctimas”. Es una frase que resume bien la distancia entre la versión de Weinstein y la de las decenas de mujeres que lo señalaron.

Porque la magnitud del caso fue precisamente esa. Más de cien mujeres denunciaron acoso, abuso o violación a lo largo de décadas, desde los años ochenta hasta mediados de la década de 2010. Las acusaciones dibujaron un patrón: reuniones en hoteles, promesas de papeles, presión y silencio. Las primeras investigaciones periodísticas en 2017 revelaron ese sistema de abusos y detonaron un terremoto cultural. Hollywood cayó de golpe en la cuenta de algo que llevaba años circulando en sus pasillos; el poder también podía ser una forma de coerción. El hashtag #MeToo se convirtió entonces en una confesión colectiva.

Desde entonces, la vida de Weinstein se ha convertido en un largo proceso judicial. Fue condenado por delitos sexuales en Nueva York y en Los Ángeles y sigue enfrentándose a nuevos procedimientos mientras intenta revertir algunas de esas sentencias.

Mientras tanto, la vida en prisión, dice, es “un infierno”. Vive aislado por seguridad y por sus problemas de salud, interactuando sobre todo con médicos y guardias. En ocasiones, cuenta, teme por su integridad entre otros reclusos.

Pero incluso en ese escenario el productor no parece dispuesto a aceptar el relato que lo convirtió en el villano más famoso de Hollywood. Habla de películas que produjo, de decisiones que cambiaron carreras y de una industria que, según él, lo ha borrado demasiado rápido.

Hay algo casi literario en esa escena: un hombre que durante años controló historias y finales ahora intenta reescribir la suya. Pero fuera de la cárcel el guion ya parece cerrado. Y en ese guion, Harvey Weinstein no es el narrador. Es el personaje.

TAGS DE ESTA NOTICIA