La apertura de diligencias por parte de la Fiscalía de la Audiencia Nacional contra Julio Iglesias nos recuerda los múltiples escándalos que llevan casi una década sacudiendo al mundo del espectáculo y el impacto del movimiento MeToo y su capacidad para romper silencios en torno a los abusos sexuales cometidos por figuras de enorme poder mediático. La denuncia conocida el 13 de enero de este año, basada en una investigación periodística sobre un presunto acoso y agresión sexual en 2021 a dos exempleadas en República Dominicana y Bahamas, actúa como percha de actualidad de un fenómeno mucho más amplio y profundo.
Aunque las acusaciones contra artistas, actores y productores no son nuevas, fue en 2017 cuando el caso del productor Harvey Weinstein marcó un punto de inflexión. A partir de entonces, el MeToo se consolidó como un movimiento global que permitió a muchas víctimas denunciar públicamente situaciones que durante años habían quedado enterradas por el miedo, la vergüenza o la desigualdad de poder.

Hollywood
Algunos de los casos más antiguos muestran hasta qué punto el silencio fue la norma durante décadas. El director Roman Polanski huyó de Estados Unidos en 1978 antes de que se dictara sentencia tras ser acusado de violar a una menor de 13 años, delito que admitió para evitar cargos más graves. Décadas después, en 2024, se cerró otra causa abierta por hechos similares ocurridos en 1973, tras un acuerdo entre las partes.
También la figura de Michael Jackson, fallecido en 2009, quedó marcada por denuncias de abusos sexuales a menores: primero con un acuerdo económico en 1993 y más tarde con un juicio en 2005 en el que fue absuelto de diez cargos de pederastia.

En otros casos, las condenas llegaron tarde o fueron anuladas, sin que ello borrara el debate social. El humorista Bill Cosby fue condenado en 2018 a diez años de prisión por abusos sexuales, aunque la sentencia fue anulada tras casi tres años encarcelado. Aun así, en 2022 un juez le obligó a pagar 500.000 dólares por abusar de una menor en 1975 durante una fiesta en la mansión de Playboy.
El Me Too también reactivó acusaciones que habían quedado en el ámbito privado. En 1992, la actriz Mia Farrow acusó a su expareja Woody Allen de abusar de su hija adoptiva Dylan, entonces de ocho años. Aunque Allen no fue acusado penalmente y los expertos no hallaron pruebas concluyentes, la polémica resurgió en 2014 cuando Dylan publicó una carta relatando los supuestos abusos, a la que el director respondió atribuyendo las acusaciones a una manipulación en el contexto de la disputa familiar.

En 2017, el foco se amplió a figuras consagradas del cine como Dustin Hoffman, acusado por varias mujeres de comportamientos sexuales inapropiados, o Kevin Spacey, que fue finalmente absuelto en 2023 en Londres y ganó una demanda civil en Estados Unidos en 2022. La absolución judicial, sin embargo, no impidió que su carrera quedara seriamente dañada, reflejando la distancia entre la responsabilidad penal y la reputacional.
La lista incluye también acuerdos extrajudiciales y condenas firmes. Rob Lowe llegó a acuerdos tras demandas por abuso sexual y por un vídeo con una menor; James Franco pactó en 2021 el pago de 2,3 millones de dólares para cerrar el caso de alumnas que le acusaron de conducta inapropiada; y el rapero R. Kelly fue condenado en 2022 a 30 años de cárcel. En su sentencia, la jueza resumió que el artista utilizó “su fama y su organización para atraer a jóvenes a relaciones sexuales abusivas”, describiendo una estructura de abuso prolongada durante 25 años.
Europa
En Europa, el impacto no ha sido menor. El actor francés Gérard Depardieu fue declarado culpable en mayo de 2025 de dos agresiones sexuales durante un rodaje y condenado a 18 meses de cárcel exentos de cumplimiento, además de ser inscrito en el registro de delincuentes sexuales. En el Reino Unido, tras su muerte en 2011, la investigación sobre Jimmy Savile concluyó que había abusado de alrededor de 500 víctimas, algunas de apenas dos años.

España tampoco ha quedado al margen. En 2019, varias mujeres acusaron al tenor Plácido Domingo de acoso sexual en los años noventa. En 2020, el propio artista pidió perdón “por el dolor causado” y aceptó su responsabilidad por “comportamientos inaceptables”, aunque posteriormente matizó esas palabras. Más recientemente, el cineasta Carlos Vermut fue acusado en 2024 por seis mujeres de conductas sexuales violentas no consentidas.
El caso de Julio Iglesias, aún en una fase muy temprana, se suma a las denuncias. El MeToo ha puesto nombres, fechas y relatos sobre la mesa y ha obligado a la industria cultural y a la justicia a mirar de frente a la realidad del abuso sexual.


