A diferencia de lo sucedido en la pasada edición de los Goya, cuando la Academia de Cine fue severamente cuestionada tanto por algunos de los títulos que resultaron nominados a la Mejor Película como por algunos de los que no lo hicieron, este año no parece haber ni mucha discusión acerca de la lista de largometrajes candidatos en la categoría reina -aunque sí es cierto que muchas predicciones adjudicaban un hueco a títulos como Romería, de Carla Simón, o Los Tigres, de Alberto Rodríguez- ni dudas razonables de que la ganadora de ese premio en particular y de buena parte de los que componen el palmarés de los Goya será Los domingos, de Alauda Ruiz de Azúa. En cualquier caso, habrá que esperar a mañana para conocer la decisión final de los académicos al respecto, y a continuación repasamos los argumentos a favor y en contra de cada candidata a Mejor Película que tal vez los habrán guiado a la hora de tomarla.
Los Domingos, de Alauda Ruiz de Azúa
No solo es la gran favorita a ganar el Goya a la Mejor Película, sino que lo es con una rotundidad casi insultante. Desde que ganó la Concha de Oro en el festival de San Sebastián el pasado septiembre ha logrado elogios superlativos y casi unánimes entre la crítica, ha triunfado en la taquilla y ha salido victoriosa de todas las ceremonias de entrega de premios cinematográficos celebradas hasta ahora.
Y, más allá de consideraciones artísticas, su capacidad para agradar a todo el mundo tiene que ver tanto con la relevancia social y el atractivo dramático del dilema que plantea -las divisiones que una chica de 17 años provoca en el seno de su familia al decidir que quiere ser monja de clausura- como con la posición que adopta al hacerlo. La ambigüedad y la equidistancia que adopta respecto al conflicto entre el mundo creyente y el mundo agnóstico le han ayudado a seducirlos a ambos, al ser atribuidas como un rechazo de los dogmatismos. Sea como sea, la de mañana va a ser su noche, y se espera que triunfe no soloen la categoría reina sino también én siete u ocho más.

Sirat, de Oliver Laxe
Llega a la gala de mañana después de ganar el Premio del Jurado en el festival de Cannes, de obtener dos nominaciones al Oscar, de ser incluida por numerosos medios especializados internacionales entre los mejores largometrajes de 2025 y de erigirse en fenómeno capaz de atraer una atención mediática enorme y provocar incontables debates en la calle. Y sin duda todo eso habrá favorecido la presencia tanto en la categoría reina como en otras 10 de una obra naturalmente divisiva y por tanto incapaz de generar consenso entre un jurado como el de la Academia, compuesto de unos 2000 miembros.
Es, después de todo, una película centrada en algo tan alejado del mainstream como la cultura ravera, que ignora las convenciones narrativas, que apoya su relato en varios elementos argumentales proclives a herir sensibilidades y cuya banda sonora incluye mucha música trance a todo trapo. Es favorita a ganar los goyas a la Mejor Música Original y al Mejor Sonido, y probablemente se lleve el premio en alguna categoría técnica más. Pero otorgar solo unos pocos premios menores a la que sin duda ha sido la película española más relevante de 2025 no solo sería injusto, sino que también dejaría en mal lugar a la Academia a ojos del resto del mundo, por lo que es posible -y deseable- que Sirât acabe llevándose el goya a la Mejor Dirección.

Maspalomas, de José Mari Goenaga y Aitor Arregi
En una hipotética edición de los Goya menos competitiva que la de este año, sus posibilidades de acabar la noche llevándose la victoria sin duda serían altísimas. Después de todo, es una película que sin duda habrá gustado incluso a los miembros más conservadores de la Academia, porque la explicitud y la frontalidad que exhibe al retratar el hedonismo homosexual durante su primer tercio van dando paso a un tipo de drama costumbrista socialmente concienciado idóneo para convencer tanto a un público adulto amplio como a quienes se encargan de adjudicar galardones.

En su centro mismo, además, cuenta con una interpretación prodigiosa, gracias a la que el actor José Ramón Soroiz ya ha ganado tanto la Concha de Plata en San Sebastián como el premio Feroz y el Forqué, y a la que sin duda ganará también el Goya. No es descartable que, además, la película resulte ganadora en la categoría de Mejor Actor de Reparto gracias al trabajo de Kandido Uranga, pero sus perspectivas de triunfo no van más allá.
La Cena, de Manuel Gómez Pereira
Sobre el papel, es la más débil entre todas las ficciones que aspiran al Goya a la Mejor Película. Pertenece a un género, la comedia, injustamente considerado menor y que por tanto no suele suscitar el interés de quienes reparten este tipo de premios. Y a lo largo de su metraje exhibe un tipo de puesta en escena ramplona más propia del teatro que del cine, quizá para hacer justicia al espíritu de la obra del dramaturgo José Luis Alonso de Santos en la que se basa, La cena de los generales.

De hecho, que haya sido incluida entre las cinco nominadas en la categoría reina de los Goya puede considerarse una sorpresa atribuible a varios motivos: funcionó lo suficientemente bien en taquilla como para que los miembros de la Academia se sintieran inclinados a recompensarla por ello; ha supuesto el regreso a la conversación pública de Manuel Gómez Pereira, director de algunas comedias icónicas del cine español –Boca a Boca (1995), El amor perjudica seriamente la salud (1996)- que ha pasado cierto tiempo de travesía por el desierto, y a los votantes les gusta contribuir a ese tipo de rehabilitaciones; es el resultado de un proyecto que empezó a tomar forma hace dos décadas y desde entonces ha adoptado formas diversas, y la familiaridad que despierta en el seno de la industria por ese motivo sin duda ha jugado a su favor; y es una película antifascista estrenada en pleno auge de idearios antidemocráticos o, dicho de otro modo, sincronizada con el zeitgeist. Sea como sea, sus posibilidades de triunfar en la gala son prácticamente nulas, aunque seguro que sus responsables ya se consideran suficientemente recompensados con las ocho nominaciones que ha logrado.
Sorda, de Eva Libertad
Está inspirada en la sordera desarrollada durante la niñez por Miriam Garlo, que es no solo su actriz protagonista sino también hermana de su directora, y el diálogo que propone de ese modo entre realidad y ficción la envuelve de un relato muy persuasivo cara a los repartos de premios. Y sin duda también habrá atraido a los votantes por el hecho de ser cine social de denuncia -en concreto, la de la incomprensión y la impotencia que la sordera sigue generando en nuestro presente- y porque, a diferencia de tantas otras ficciones sobre personas con discapacidad, en lugar de conformarse con dar sermones concienciadores se muestra orgullosa de proponer estilización formal y complejidad conceptual; en ese sentido, está avalada por los premios obtenidos en festivales como el de Málaga y la Berlinale.

Es gracias a todo ello, entre otras cosas, que tiene todos los números para proporcionarle a Libertad el Goya a la Mejor Dirección Novel, y el sentido común sugiere que los académicos habrán considerado que ese premio es suficiente para ella. Es cierto que algunas óperas primas recientes ganadoras de ese galardón también acabaron triunfando en la categoría de Mejor Película -sucedió en 2020 con Las niñas, de Pilar Palomero, y en 2016 con Tarde para la ira, de Raúl Arévalo–, pero ninguna de ellas se enfrentó a una competencia tan dura como la que Sorda ha afrontado.
