Pocas marcas españolas han logrado convertir un producto tan sencillo en una historia de crecimiento sostenido. Inés Rosales, la firma sevillana asociada a las tortas de aceite, cerró 2025 con una cifra que impresiona por su dimensión y por lo que implica: 12 millones de paquetes vendidos en un año marcado por la presión inflacionista y el encarecimiento de materias primas clave.
La compañía, además, elevó su facturación hasta 18,5 millones de euros en 2025, frente a los 14,7 millones registrados en 2022, consolidando un avance constante en los últimos cuatro ejercicios.
Detrás de esos números hay una combinación poco vistosa, pero muy eficaz: estabilidad productiva, presencia fuerte en gran distribución, una internacionalización que ya pesa en el negocio y una apuesta por inversión y estructura interna. En conjunto, el secreto de Inés Rosales no parece un golpe de suerte, sino una suma de decisiones orientadas a aguantar el temporal y crecer en el momento oportuno.
Crecer en plena inflación: volumen al alza y márgenes sostenidos
El primer dato que explica el momento de Inés Rosales es que el crecimiento no se limita a facturación: la empresa también incrementó un 3% el volumen durante el último ejercicio. En paralelo, según la propia compañía, se produjo un mantenimiento de los márgenes operativos pese a un contexto de costes al alza. No es un matiz menor. Cuando la inflación presiona sobre energía, transporte o salarios, sostener márgenes se convierte casi en una prueba de resistencia.
En su caso, la clave está en el equilibrio entre el aumento de ventas y la gestión del coste de producción. La empresa admite que se vio obligada a trasladar parcialmente el impacto de esa “espiral inflacionista” al precio final, pero lo relevante es que el negocio no se frenó. Al contrario: Inés Rosales no solo mantuvo el pulso, sino que siguió vendiendo millones de unidades de su producto estrella, además de alrededor de media tonelada de otros artículos de repostería tradicional andaluza.
El aceite de oliva, el gran riesgo… y la ventaja de un año estable
Si hay un factor que condiciona a Inés Rosales, es el aceite de oliva virgen extra (AOVE). La empresa lo identifica como su ingrediente principal y, por tanto, como el núcleo del problema cuando el mercado se encarece. En los últimos años, ese aumento provocó una “significativa crisis de costes” para la compañía, a la que se sumaron los ya citados incrementos en energía, transporte y costes laborales.

Sin embargo, el periodo 2022-2025 también deja una explicación concreta del acelerón: en 2025, siempre según la compañía, no se registraron variaciones imprevistas en el precio del AOVE, lo que habría contribuido a estabilizar el escenario productivo. Esa estabilidad importa porque permite planificar mejor, reducir sobresaltos, asegurar compras y ajustar precios sin el desgaste de una volatilidad constante. En un producto masivo, esa previsibilidad es casi oro.
Gran distribución: el 60% del negocio y un reto claro en España
Otro pilar del modelo de Inés Rosales está en dónde vende. Las ventas en grandes cadenas nacionales y regionales representan el 60% del total. Un porcentaje que la compañía enmarca como coherente con la estructura de la distribución alimentaria en España. Estar ahí significa volumen, visibilidad y presencia constante ante el consumidor, pero también obliga a competir con márgenes ajustados y a no fallar en suministro.
Aun así, la empresa insiste en que su reto estratégico es ganar más presencia en el territorio y reforzar su penetración en puntos de venta no abordados. Es una forma de decir que el mapa nacional aún tiene huecos por cubrir. Y ahí aparece otro dato que explica su autoridad: en España mantiene una cuota de mercado del 80% en su categoría, un dominio que le da músculo para negociar, resistir y planificar.
Internacionalización: 30 países y Estados Unidos como motor
La internacionalización es el otro gran “motor silencioso” del éxito de Inés Rosales. El mercado exterior ya supone el 20% de la facturación total y la compañía comercializa sus tortas de aceite en 30 países. El desglose, además, muestra una dependencia clara de un mercado: Estados Unidos concentra el 58,4% de las ventas exteriores. Le siguen Reino Unido (17,6%), Canadá (7,2%), Francia (5,8%) y Australia (3,5%).

El mensaje de la empresa es que seguirá empujando esa estrategia para aumentar el peso de la exportación dentro del negocio. Traducido a términos prácticos: menos dependencia del mercado nacional, más resiliencia y más oportunidades de crecimiento cuando el consumo interno se enfría.
Inversión y empleo: más capacidad, más estructura y plantilla al alza
El crecimiento de Inés Rosales también se apoya en la inversión. La compañía ha planificado 1,5 millones de euros para reposición y mejora de activos y estudia un proyecto de ampliación y modernización de instalaciones que, si fuera necesario, permitiría duplicar la capacidad de producción y almacenamiento. No es una promesa decorativa: es un mensaje al mercado de que el negocio tiene margen para escalar si la demanda lo exige.
En empleo, la empresa subraya su apuesta por trabajo estable. En 2024 contaba con 138 trabajadores, cifra que ascendió a 146 en 2025. En los últimos cinco años, la plantilla ha crecido un 28%, junto a un proceso de profesionalización y fortalecimiento de la estructura organizativa. Más manos, más organización y más capacidad para responder a un mercado que no perdona retrasos.
