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Avelina Prat: “La identidad no es algo fijo, se va construyendo con lo que vivimos”

Entrevista a la directora y guionista de 'Una quinta portuguesa', nominada al Goya a Mejor Guion Original

Avelina Prat.
KiloyCuarto

En Una quinta portuguesa, un hombre huye de su vida en España tras descubrir que su mujer ha abandonado el hogar que compartían, y acaba refugiándose en una finca del interior de Portugal, donde la calma, el silencio y una serie de personajes enigmáticos lo obligan a replantearse quién es y qué quiere ser. Dirigida y escrita por Avelina Prat, la película —nominada al Goya a Mejor Guion Original— construye un relato de identidad, misterio y pertenencia desde la contención y la atmósfera.

Con una trayectoria previa como script y autora de varios cortometrajes, Prat consolida aquí una mirada autoral marcada por el tempo pausado, la distancia emocional y una profunda reflexión sobre las segundas oportunidades.

La película está nominada al Goya a Mejor Guión Original. En un momento lleno de adaptaciones y remakes, ¿qué significa para ti defender una historia propia?

Adaptar bien también es difícil, pero con un guion original tienes que inventarlo todo. No descarto adaptar en el futuro, pero escribir tu propia historia refuerza la autoría. Para mí, la verdadera autoría surge al unir escritura y dirección. Escribir te permite volcar tus temas, tu mirada. Es lo único verdaderamente personal que puedes aportar como directora.

Como directora y guionista, ¿has notado diferencias en el acceso a financiación o en la confianza de la industria por ser mujer? ¿Sientes que algo está cambiando?

Está cambiando y se nota. En mi caso, desde que trabajo con la productora Miriam Porté no he tenido dificultades añadidas por ser mujer. Financiar una película siempre es complicado, pero no he sentido un obstáculo específico por género en estos últimos años. En festivales vemos cada vez más directoras y guionistas. Aún queda camino, pero la evolución es evidente.

El contraste entre Milena, que huye de su presente, y Fernando, que asume una nueva vida, habla de identidad y transformación. ¿Fue esa idea el motor del guion? ¿Cómo construiste esa historia?

El tema de la identidad estuvo presente desde el principio. Surgió al pensar en las personas que cambian de país, de vida o de trabajo, que lo dejan todo y desaparecen. A veces las razones son evidentes, pero otras no tanto. Me interesa qué tiene que ocurrir para que alguien tome esa decisión. En la película, casi todos los personajes, salvo Rita, tienen un origen distinto al lugar donde viven.

Me gustaba ese juego de espejos, plantear distintas formas de desplazamiento. Porque la identidad no es algo fijo: se va construyendo con lo que vivimos. Somos un cúmulo de nuestras experiencias. También me interesaba explorar si es posible encontrar tu lugar en un sitio que no tiene nada que ver con tus raíces. Yo creo que sí.

¿Te inspiraste en algún caso real?

Leí una noticia sobre un hombre que se fue de España a Venezuela, desapareció durante años y fue declarado legalmente fallecido. Cuando intentó volver, no podía entrar en el país porque oficialmente estaba muerto. Esa historia no está en la película, pero me abrió la imaginación hacia otras posibilidades. A veces no reproduces la noticia, pero te activa una idea.

Como película nominada al Goya a Mejor Guion Original, ¿qué significa para ti este reconocimiento a la escritura?

Sinceramente, ya estoy muy contenta. No esperaba llegar hasta aquí. La película salió de forma discreta y fue creciendo gracias al boca a oreja, a la crítica y al público. Los premios ayudan sobre todo a financiar la siguiente película. Cuando un proyecto anterior ha funcionado, los apoyos llegan con más confianza. Para mí, los premios sirven para poder seguir haciendo cine.

¿Por qué situaste la historia en Portugal?

Portugal es un lugar muy cercano al que, sin embargo, damos la espalda. Me parecía interesante que alguien pudiera desaparecer simplemente cruzando unos kilómetros. Además, tiene un halo de misterio y una autenticidad que encajaban muy bien con la historia. Esa mezcla de nostalgia, cierta decadencia y calma aporta mucho a la atmósfera. Era el escenario perfecto para hablar de identidad y extrañamiento.

Avelina Prat con el director de fotografía Santiago Racaj en el rodaje de ‘Una quinta portuguesa’
Carlos Lobo

La música tiene un tono nostálgico y a la vez de misterio que acompaña el estado emocional de los personajes. ¿Cómo elegiste al compositor y cómo trabajasteis juntos ese universo sonoro?

Trabajo con el compositor Vincent Barrière desde mis primeros cortos. Hablamos del tono desde el propio guion, antes de rodar. La música es fundamental para construir la atmósfera. Aquí queríamos acompañar al protagonista en su viaje interior y subrayar su desubicación. Utilizamos el chelo de forma poco convencional, con pequeñas desviaciones de tono que generan una leve intranquilidad. Esa tensión sutil es la que vive el personaje.

La película tiene un componente casi de thriller, aunque esté narrada desde la calma. ¿El misterio fue intencionado desde el inicio?

Para mí, el misterio es el motor de cualquier historia. Siempre debe haber algo que no sabes del todo: un personaje, una situación, una intención. Quería combinar una narración tranquila, cotidiana, con una tensión interna constante. Esa dualidad me parecía muy atractiva: la calma exterior y el misterio interior.

La distancia entre los personajes y la cámara también construye esa atmósfera.

Sí. No hay primerísimos planos. Siempre mantenemos una cierta distancia, la misma que guardan los personajes entre ellos. Ese gesto ya cuenta algo: hay respeto, nadie invade al otro, nadie exige explicaciones. Esa forma de rodar acompaña el tono de la película. Hay un “dejar estar” que genera empatía y sensación de refugio.

Manolo Solo y María de Medeiros sostienen la película con interpretaciones muy contenidas y profundas. ¿Por qué pensaste en ellos? ¿Te dijeron que sí desde el principio?

Me siento tan afortunada de contar con todos los actores… hemos tenido un elenco increíble. Mientras escribía el guion, ya pensaba en Manolo Solo. Yo trabajé con él en un corto hace mil años, me imaginaba este personaje así, como alguien que te puedes imaginar como profesor de universidad, “poquita cosa”, un hombre anodino, común, pero al que le va a pasar algo más bien increíble.

Creo que él daba muy bien este papel de hombre normal, aunque es curioso porque siempre le proponen papeles bastante más bizarros. Y María Medeiros entró más adelante en el proyecto. Al principio, si piensas en una actriz portuguesa que habla español, la primera que se te viene a la cabeza es ella, la más internacional, que ha vivido en España, pero claro, la descartas… Pero luego hablando con el productor portugués, también el coproductor, dijeron de intentarlo, y leyó el guion, le gustó mucho, tenía un huequecito ahí de fechas que pudimos compaginar y los dos me dijeron que sí a la primera después de leer el guion.

¿Te planteaste en algún momento que la relación entre los protagonistas fuera romántica?

La tentación estaba ahí, porque es lo obvio. Pero desde el principio tuve claro que era más interesante contar una amistad entre un hombre y una mujer; es una relación que vemos poco en el cine. Me parecía más honesto y más bonito. Además, ella es un personaje profundamente independiente: no quiere pareja ni socio. Lo que se genera en la quinta es una familia encontrada, atípica, basada en la convivencia y el respeto, no en lazos de sangre.

Avelina Prat con Maria de Medeiros y Manolo Solo en el rodaje de ‘Una quinta portuguesa’
Carlos Lobo

Hay frases en la película que parecen condensar todo el sentido del relato: “A los fantasmas hay que atenderlos” o “No voy a buscar a alguien que no quiere ser encontrado”.

Me di cuenta después, cuando montamos el tráiler. De repente estaban esas cuatro o cinco frases clave y comprendí que resumían perfectamente la historia. Son frases que nacieron de forma natural, pero que concentran el conflicto: la necesidad de enfrentar el pasado y el respeto por la voluntad del otro.

En un contexto de consumo audiovisual acelerado, tu película apuesta por el tempo pausado. ¿Encuentras cabida en la industria española?

Es cierto que lo que más vende hoy es la velocidad, el montaje rápido. Pero creo que hay espacio para todo. Este tipo de cine quizá sea minoritario, pero tiene su público. Mientras el sistema del cine independiente permita que convivan distintas formas de narrar, vale la pena seguir apostando por ellas.

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