Opinión

“Y tú, ¿cómo ligas?”

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Podría ser el título de uno de esos vídeos de la machosfera, que dan consejos sobre cómo conseguir más músculos, más coches y más mujeres (en ese orden), pero ha sido la respuesta del secretario general del PP de Madrid al preguntarle por un caso de posible abuso sexual dentro de su partido.

El eslogan es de Alfonso Serrano, número dos de Isabel Ayuso, para el desconcierto del periodista que formulaba la pregunta, del personal presente en la rueda de prensa y de quienes lo hemos leído en los medios. Con el nivel de campañas políticas de los últimos años, ya es imposible distinguir si es torpeza, ignorancia o una estrategia de marketing minuciosamente calculada.

La presidenta de la Comunidad de Madrid y presidenta del PP de Madrid, Isabel Díaz Ayuso junto con el secretario general del PP de Madrid, Alfonso Serrano. EFE/ Mariscal

Tanto la actitud de la presidenta del Partido Popular en Madrid como la de su círculo más cercano, el secretario general y la secretaria de organización, han sido similares y coordinadas: ignorar a la presunta víctima (nueve emails y casi ocho meses pidiendo ayuda y Ayuso ni la recibió), tratar de convencerla para que no denunciara, acusarla de complot y amenazarla por grabar las conversaciones que mantuvo con ellos. Del resto de integrantes del partido no hay una sola crítica y los medios afines están jugando al escondite con la noticia.

Este comportamiento del Partido Popular frente a un posible caso de abuso de poder o sexual dentro de sus filas, no solo demuestra una falta de empatía escalofriante hacia las posibles víctimas, sino que deja al descubierto que pueden considerarlo una práctica habitual. La expresión “y tú, ¿cómo ligas?” resume perfectamente su forma de interpretar el suceso. Primero restándole importancia: la frase es más propia de una barra de bar que de una comparecencia institucional. Segundo, no considerando abuso de poder que un superior se insinúe a una empleada. Y, por último, omitiendo del relato las represalias laborales que la denunciante señala, como relegarla de sus funciones, no convocarla a actos o negarle la palabra en los plenos.

Por si esto fuera poco, también caen en todos los tópicos machistas que se dan este tipo de casos: se quejan de que la demandante haya tardado demasiado en denunciar, que haya recurrido a la prensa y no en un juzgado, que en su pasado ya fue problemática, que ha manipulado, que es mala persona y que solo busca venganza… Les ha faltado citar a Soto Ivars.

La paja en el ojo ajeno

Aunque esperábamos impacientes que los del Partido Popular saliera en masa a condenar públicamente este tipo de actos, iniciando todas las acciones necesarias para esclarecer los hechos y que no vuelva a pasar… Aún seguimos esperando. No han sido tan lentos a la hora de criticar a todos los partidos de la oposición ante casos machistas, ni tampoco para acusar a las mujeres de esos partidos de ser cómplices, dedicándoles ríos y ríos de tinta. ¿Cuestión de ritmo o de hipocresía?

Continuaremos esperando también a conocer esos canales de denuncia de abusos habilitados en el Popular. Por lo pronto, su presidente Núñez Feijóo, ha salido a defender públicamente al alcalde de Móstoles, sin que se haya celebrado ningún juicio ni hayan compartido esas pruebas que demuestran que el reclamo de la exconcejala de Móstoles no tenía fundamento.

Si algo queda claro es que el machismo es un problema cultural que está presente en todos los partidos. Lo que diferencia a unos de otros no el número de casos, sino cómo actúan frente ellos.