Las denuncias por abusos sexuales digitales contra niños, niñas y adolescentes en España han aumentado un 13% en apenas dos años: de 954 en 2022 a 1.078 en 2024. Es un crecimiento que confirma dos realidades incómodas. La primera, que internet se ha consolidado como un espacio donde también se ejerce violencia sexual contra la infancia. La segunda, que lo que llega a los juzgados es solo una fracción mínima de lo que ocurre realmente.
Save the Children insiste en ello: estamos ante la punta del iceberg. Una encuesta propia realizada a más de mil jóvenes en España revela que el 97% sufrió algún tipo de violencia sexual en el entorno digital cuando era menor de edad. Un dato abrumador. Un tercio de ellos y ellas, además, mantuvo contacto con una persona adulta con fines sexuales durante su infancia o adolescencia. La vergüenza, el miedo, la normalización del abuso o la falta de confianza en el sistema explican en gran medida por qué la mayoría de estos hechos nunca se denuncian.

El contexto ayuda a entender la magnitud del problema. La infancia accede cada vez antes a internet: casi el 58% lo usa de forma habitual desde los 11 años y uno de cada tres lo hace antes de cumplir los 10. La red es hoy un espacio central de socialización, ocio y aprendizaje, pero también un territorio de riesgo cuando no existen mecanismos de protección suficientes ni una supervisión adecuada. La violencia sexual no ha hecho más que adaptarse a este nuevo escenario.
Los datos del Ministerio del Interior correspondientes a 2024 son claros. El 68,6% de las víctimas de delitos sexuales digitales son chicas. No es un fenómeno neutro desde el punto de vista del género: ellas lo sufren mucho más que ellos. Además, estos delitos representan ya el 84,2% del total de la criminalidad sexual en internet, lo que da cuenta de hasta qué punto la infancia y la adolescencia se han convertido en el principal objetivo.
Todos los agresores eran hombres
El análisis más reciente de Save the Children, basado en 23 sentencias que recogen 28 casos de online grooming entre 2023 y 2024, permite poner rostro al patrón de esta violencia. La edad media de las víctimas es de 13 años. Las niñas vuelven a ser mayoría. Y hay un dato que no admite matices: en todos los casos analizados, el agresor era un hombre. Siempre.

Trece años, la edad media de las víctimas
“Los datos nos muestran una realidad preocupante. La mayoría de las víctimas son niñas y la edad media es de 13 años, una edad a la que, conforme a la legislación vigente, no deberían estar accediendo de manera autónoma a redes sociales”, explica Catalina Perazzo, directora de Influencia y Desarrollo Territorial.
El perfil del agresor también rompe algunos tópicos. En el 78,3% de los casos no tenía antecedentes penales. No son, por tanto, delincuentes fácilmente identificables, sino de hombres integrados en la sociedad. El 41,7% pertenecía al entorno conocido de la víctima y un preocupante 25% al ámbito familiar, una proporción muy superior a la detectada en periodos anteriores. Solo un tercio eran personas completamente desconocidas. La violencia digital, como la física, se produce muchas veces cerca, en espacios de confianza.
Qué es el online grooming
El online grooming -el contacto de una persona adulta con un menor a través de medios digitales con fines sexuales- reproduce los mismos mecanismos del abuso sexual tradicional: engaño, manipulación, aislamiento y control. La diferencia es la velocidad y el alcance. El informe constata que los procesos se aceleran, con peticiones sexuales inmediatas, a menudo sin llegar siquiera al entorno físico. Redes sociales, videojuegos, plataformas de streaming o aplicaciones de mensajería son hoy los escenarios habituales de esta violencia. “Internet continúa siendo un espacio inseguro para los niños y niñas”, asevera la directora de Influencia y Desarrollo Territorial.
A este panorama se suma una respuesta judicial que sigue sin estar a la altura de la infancia. “Desde Save the Children nos preocupa especialmente la duración de los procesos judiciales. Más de la mitad de los casos se alargan durante tres años o más, tiempo en el que las víctimas han tenido que prestar declaración en varias ocasiones, llegando a tener que relatar la violencia sufrida hasta tres veces antes del juicio. Esta repetición supone un riesgo de revictimización“, advierte Perazzo.

Aunque la grabación del testimonio ha aumentado, su uso aún no es sistemático, pese a que la ley ya establece la obligatoriedad de la prueba preconstituida para menores de 14 años. La Ley Orgánica de Protección Integral a la Infancia frente a la Violencia marca el camino, pero su aplicación sigue siendo desigual e insuficiente, tal y como denuncian.
La historia de Marta, acosada por su profesor de Música de 45 años
La historia de Marta es un ejemplo perfecto de cómo funciona el grooming digital. Marta estaba en 6º de primaria cuando Víctor, el profesor de Música de su colegio, la contactó a través de Instagram a través de un perfil falso. Ocultó su verdadera identidad, así como su aspecto y comenzó una relación virtual con la niña. Se presentó “como un apoyo emocional e intentando ayudarla a solucionar sus problemas, para después pedirle fotos y vídeos de contenido sexual. Él conocía perfectamente la situación problemática familiar de Marta y aprovechó su vulnerabilidad. Cuando, tras insistir ella, el profesor finalmente le reveló su verdadera identidad en el colegio, ella se quedó en estado de shock“. Según resumen, “a partir de ese momento, los abusos se produjeron en varias ocasiones en el entorno físico, tanto dentro como fuera del centro escolar, en ocasiones acompañados de otras formas de violencia física”.
Hasta que Marta bloqueó a Víctor en redes sociales, y al reanudarse el curso escolar, se atrevió a contar lo que pasó en el centro. “En compañía de su padre, Marta denunció lo sucedido ante las autoridades”. La sentencia, una de las que ha revisado Save The Children para hacer su informe, “reconoce cómo Víctor, que tenía 45 años cuando cometió los abusos, ostentaba una posición de superioridad derivada de la diferencia de edad, su condición de docente, y el ascendente que ejercía sobre la niña. El proceso duró tres años, y fue finalmente condenado a prisión por abusos sexuales continuados a través de las tecnologías”.
El aumento de denuncias puede interpretarse como un primer paso hacia la visibilización del problema. Pero no debe confundirse con una mejora real de la situación. Mientras internet siga siendo un espacio inseguro para niños y niñas, mientras los agresores sigan siendo mayoritariamente hombres y las víctimas, mayoritariamente chicas, y mientras la mayoría de los abusos permanezca en silencio, las cifras seguirán creciendo. Y con ellas, una deuda pendiente con la infancia.
Si algo de lo que has leído te ha removido o sospechas que alguien de tu entorno puede estar en una relación de violencia puedes llamar al 016, el teléfono que atiende a las víctimas de todas las violencias machistas. Es gratuito, accesible para personas con discapacidad auditiva o de habla y atiende en 53 idiomas. No deja rastro en la factura, pero debes borrar la llamada del terminal telefónico. También puedes ponerte en contacto a través del correo 016-online@igualdad.gob.es o por WhatsApp en el número 600 000 016. No estás sola.
