Opinión

Confusión y estupor por el hantavirus

FOTODELDÍA Praia (Cabo Verde), 04/05/2026.- El crucero holandés MV Hondius se encuentra anclado frente a la costa de la ciudad de Praia, en la isla de Santiago, Cabo Verde, este lunes, tras la muerte de tres personas a bordo a causa de un síndrome respiratorio agudo. La Organización Mundial de la Salud (OMS) informó de un caso confirmado y cinco casos sospechosos adicionales de infección por hantavirus en el buque que navega en el océano Atlántico. Tres de los afectados han fallecido y uno se encuentra actualmente en cuidados intensivos en Sudáfrica. EFE/ Elton Monteiro
El crucero holandés MV Hondius, anclado frente a la costa de la ciudad de Praia, en la isla de Santiago, Cabo Verde.
EFE/ Elton Monteiro
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El brote de hantavirus detectado en el crucero MV Hondius ha reabierto una de las preguntas más inquietantes de la salud pública internacional: ¿sabemos de verdad cómo se transmite este virus? Los virólogos nos invitan a estar en calma, no tiene nada que ver con el covid-19. El hantavirus, especialmente la variante Andes presente en Argentina y Chile, se considera una enfermedad transmitida sobre todo por contacto con roedores infectados, sus excrementos o partículas contaminadas en el aire. La transmisión entre humanos se describía como extremadamente rara y limitada a contactos muy estrechos. Pero la situación actual y algunos estudios recientes han introducido dudas que alimentan la preocupación. Y confusión.

La Organización Mundial de la Salud insiste en que el riesgo global sigue siendo bajo y que, incluso en el caso de la variante Andes, la transmisión persona a persona es limitada. Sin embargo, al mismo tiempo, organismos internacionales y epidemiólogos trabajan a contrarreloj rastreando contactos internacionales, vuelos y cadenas de exposición vinculadas al crucero. Ese contraste entre los mensajes tranquilizadores y el despliegue de medidas extraordinarias está generando cierto desconcierto social.

Parte de la inquietud procede de un estudio clave publicado en The New England Journal of Medicine sobre un brote ocurrido entre 2018 y 2019 en la Patagonia argentina. Aquella investigación analizó 34 contagios y 11 muertes asociados a la cepa Andes del hantavirus. El brote comenzó tras el contagio inicial de una persona expuesta a roedores, pero posteriormente se propagó en eventos sociales como un cumpleaños, un funeral y consultas médicas. Los investigadores concluyeron que hubo transmisión entre personas mucho más allá del contacto íntimo tradicionalmente descrito.

Uno de los hallazgos más inquietantes fue la identificación de posibles “supercontagiadores”, personas con una carga viral especialmente alta capaces de infectar a múltiples individuos en poco tiempo. En algunos casos, los contagios ocurrieron tras encuentros relativamente breves en espacios cerrados. Esto no significa que el hantavirus tenga una capacidad de propagación comparable al covid, pero sí cuestiona la idea simplificada de que solo existe riesgo en convivencias extremadamente estrechas.

El problema es que la comunicación pública sobre el virus se mueve entre dos necesidades difíciles de equilibrar: evitar el alarmismo y, al mismo tiempo, no minimizar incertidumbres reales. Muchos expertos recalcan que el hantavirus no es “la próxima pandemia”. Pero también admiten que el conocimiento científico sobre la cepa Andes sigue siendo limitado y que existen muchos interrogantes abiertos sobre la transmisión respiratoria, los periodos de contagio y el papel de personas asintomáticas o con síntomas leves.

El brote del MV Hondius preocupa precisamente porque reproduce algunos patrones observados en Argentina en 2018: espacios cerrados, convivencia prolongada y posibles contagios encadenados. Aunque la hipótesis principal sigue apuntando a una exposición inicial a roedores durante una excursión en Argentina, los epidemiólogos no descartan que parte de los casos se hayan producido ya dentro del barco.

Lo que la incertidumbre no puede justificar de ninguna manera es que las autoridades no intervengan. Genera estupor la pretensión del presidente de Canarias, Fernando Clavijo, de impedir el desembarco en Tenerife de la tripulación y pasajeros para que sean atendidos. Esto no sólo es ilegal, sino que además es inmoral e impropio de un dirigente con conocimiento del marco legal. Ha conseguido que el crucero fondee ante las costas canarias en lugar de arribar a puerto, como un gesto que podrá vender ante su electorado. Una venta vacía teniendo en cuenta que los ocupantes del MV Hondius de algún modo deberán llegar al aeropuerto que los evacúe a Madrid o a sus países de destino. A lo mejor cree Clavijo que los lanzarán en catapulta para tenerlos lejos. En fin.

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