El hantavirus ha pasado en pocos días de ser un patógeno casi desconocido para buena parte de la población a ocupar titulares, ruedas de prensa y conversaciones de sobremesa. El brote detectado en el crucero MV Hondius, con tres fallecidos y varios casos confirmados o sospechosos, ha obligado a activar una respuesta internacional coordinada por la Organización Mundial de la Salud. La embarcación, con pasajeros y tripulantes de distintas nacionalidades, tiene previsto poner rumbo a Canarias después de permanecer frente a las costas de Cabo Verde.
La OMS informó el pasado 4 de mayo de un grupo de casos con enfermedad respiratoria grave a bordo, con siete afectados confirmados o sospechosos en ese momento, incluidos tres fallecimientos.
La preocupación no nace solo del escenario —un crucero aislado, pasajeros mayores, evacuaciones médicas y varios países implicados—, sino de la naturaleza del virus. El médico especialista en enfermedades infecciosas Vicente Soriano ha explicado a Europa Press que el hantavirus pertenece a “un grupo de virus ARN, como el virus del COVID, el VIH, el virus del Ébola o de la fiebre amarilla”
Su reservorio natural son los roedores, especialmente ratones y ratas. Y el contagio habitual se produce al inhalar partículas contaminadas por orina, heces o saliva de animales infectados.
Un virus zoonótico que puede causar cuadros muy graves
El hantavirus no es nuevo. Los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades de Estados Unidos recuerdan que se trata de una familia de virus capaces de provocar enfermedades graves e incluso mortales, principalmente dos grandes síndromes:
- El síndrome pulmonar por hantavirus, más asociado a América.
- La fiebre hemorrágica con síndrome renal, más frecuente en Europa y Asia.
Soriano lo resume con una distinción sencilla: “La europeo-asiática produce daño en el riñón y la americana, norteamericana o sudamericana, produce daño en el pulmón”. Esa diferencia ayuda a entender por qué el brote del MV Hondius ha encendido las alertas. En los casos vinculados al crucero se ha identificado la variante Andes, relacionada con Sudamérica y con cuadros respiratorios potencialmente severos.

El problema, explica el especialista, es que no existe un tratamiento específico que permita neutralizar el virus de forma directa. “No hay antivirales, no hay vacunas y una tercera parte se pueden morir, o sea, el cuadro es grave”, advierte Soriano. El manejo clínico depende, por tanto, del diagnóstico temprano, el soporte hospitalario y la atención intensiva cuando aparecen complicaciones respiratorias graves.
La cepa Andes y la transmisión entre personas
La mayoría de los hantavirus no se transmiten de persona a persona. El contagio suele estar vinculado al contacto con roedores o con ambientes contaminados por sus excrementos. Sin embargo, la cepa Andes introduce un matiz relevante: es la única en la que se ha documentado transmisión entre humanos, aunque normalmente requiere contacto estrecho y prolongado.
El ECDC ha confirmado que el brote del crucero está relacionado con el hantavirus Andes y ha desplegado un experto de la EU Health Task Force en el barco para investigar lo ocurrido y coordinar la respuesta sanitaria. Su directora, Pamela Rendi-Wagner, ha pedido mantener un enfoque prudente porque todavía existen incertidumbres, aunque las medidas a bordo buscan reducir la posibilidad de nuevos contagios.
Esa capacidad limitada de transmisión entre personas explica el equilibrio del mensaje sanitario. El hantavirus puede ser muy grave para quien lo desarrolla. Pero no se comporta como un virus respiratorio de transmisión masiva al estilo de la covid. No basta con estar cerca de un caso de forma casual para asumir el mismo nivel de riesgo.
Por qué preocupa el caso del MV Hondius
El brote del MV Hondius reúne varios factores delicados. Hay fallecidos, hay personas enfermas, hay pasajeros de edad avanzada y todo ha ocurrido en un entorno cerrado, con convivencia prolongada y difícil acceso inmediato a recursos hospitalarios. Además, el crucero partió de Ushuaia, en Argentina, una zona vinculada geográficamente con la cepa Andes.
La investigación epidemiológica deberá aclarar si el contagio inicial se produjo antes de embarcar, durante alguna actividad en tierra o ya dentro de la dinámica del viaje.

Para Soriano, la edad de muchos pasajeros es uno de los elementos que más obliga a vigilar la evolución del brote. Las personas mayores pueden tener más riesgo de complicaciones ante un cuadro respiratorio grave. Por eso los protocolos separan contactos de alto, medio y bajo riesgo, revisan síntomas y establecen medidas de aislamiento o cuarentena cuando resulta necesario.
La OMS ha descrito síntomas compatibles con:
- Fiebre
- Molestias gastrointestinales
- Progresión rápida a neumonía
- Síndrome de dificultad respiratoria aguda
- Shock en los casos más graves detectados en el barco
Esa evolución explica la rapidez de las evacuaciones médicas y la decisión de mantener vigilancia estrecha sobre los pasajeros asintomáticos.
