El viaje del MV Hondius comenzó como una expedición de aventura y terminó convertido en una emergencia sanitaria internacional. El crucero partió de Ushuaia el 1 de abril con destino a Georgia del Sur, las Islas Sandwich del Sur, Santa Elena y, finalmente, las Islas Canarias. A bordo viajaban cerca de 150 personas entre pasajeros y tripulación, de 23 nacionalidades distintas. Entre ellas, 14 españoles: 13 pasajeros y una tripulante.
Durante los primeros días, nada parecía anticipar la crisis. El itinerario avanzaba como una travesía remota por algunos de los territorios más aislados del Atlántico Sur. Sin embargo, la muerte repentina de un pasajero neerlandés el 11 de abril abrió una secuencia de hechos que, con el paso de las semanas, desembocaría en un brote de hantavirus, tres fallecidos, evacuaciones médicas y la intervención de la OMS, la Unión Europea y varios gobiernos. Reuters cifra el brote en tres muertos y al menos ocho casos confirmados o sospechosos vinculados al barco.
El primer fallecimiento a bordo
La cronología de la crisis del hantavirus arranca el 1 de abril, cuando el MV Hondius sale de Ushuaia, en el extremo sur de Argentina. El viaje debía ser una ruta de exploración por territorios remotos antes de alcanzar Canarias. Durante los primeros días, según la información disponible, la navegación transcurrió con normalidad.
El primer episodio grave se produjo el 11 de abril. Un pasajero neerlandés de 70 años murió de forma repentina en su camarote. A bordo no se pudo determinar la causa exacta del fallecimiento.
Su cuerpo permaneció en la morgue del crucero durante casi dos semanas, hasta que fue desembarcado el 24 de abril en Santa Elena, territorio británico de ultramar.
En ese traslado estaba presente su esposa, de 69 años. Al día siguiente, el 25 de abril, la mujer empezó a encontrarse mal y presentó síntomas gastrointestinales durante el viaje de regreso. La previsión era que volara desde Sudáfrica hacia Países Bajos. Sin embargo, el 26 de abril murió en un hospital sudafricano. En ese momento, todavía no estaba claro si ambas muertes estaban relacionadas con un mismo origen infeccioso.
Nuevos casos y primera confirmación

El 27 de abril, Oceanwide Expeditions recibió la noticia del fallecimiento de la esposa del primer pasajero muerto. Ese mismo día, otro pasajero del MV Hondius, de nacionalidad británica, enfermó gravemente. Fue evacuado a Sudáfrica y quedó ingresado en la UCI de un hospital de Johannesburgo, en estado crítico pero estable.
Ese caso fue decisivo porque en él sí se identificó una variante del hantavirus. La alarma dejó de ser una suma de episodios aislados y empezó a adquirir forma de brote. La posibilidad de que hubiera más personas afectadas a bordo obligó a reconstruir contactos, síntomas y movimientos dentro de un entorno especialmente delicado: un crucero, con espacios cerrados, convivencia prolongada y una tripulación expuesta.
El 2 de mayo se produjo otro golpe. Falleció a bordo un pasajero alemán de 70 años. Ese mismo día, el capitán del Hondius comunicó a la OMS lo que estaba ocurriendo: había un grupo de personas con enfermedad respiratoria grave y era necesario activar una respuesta sanitaria internacional. El barco llegó frente a las costas de Cabo Verde y quedó a la espera de una decisión sobre el desembarco.
Cabo Verde, la OMS y el bloqueo del barco
El 3 de mayo, Cabo Verde no autorizó el desembarco de los pasajeros que necesitaban atención médica ni colaboró en una evacuación amplia. Las autoridades sanitarias locales subieron al buque para evaluar a las personas con síntomas, pero el barco siguió fondeado frente a sus costas.
El 4 de mayo, la situación ya se había agravado. La OMS hablaba de siete casos confirmados o sospechosos: dos confirmados por laboratorio y cinco en investigación. Entre ellos había tres fallecimientos, un paciente crítico y tres personas con síntomas leves. La prioridad era aislar a los posibles contagiados y evitar nuevas exposiciones dentro del barco.
Mientras tanto, el resto de pasajeros y tripulantes seguía a bordo. El MV Hondius permanecía anclado sin un puerto claro de desembarco. La opción de Canarias empezó a tomar fuerza por proximidad geográfica y por capacidad sanitaria. El debate, sin embargo, no fue inmediato ni sencillo. España tenía que decidir si aceptaba el barco, bajo qué condiciones y con qué garantías para los pasajeros y para la población local.
La cepa Andes cambia la dimensión del caso

El 5 de mayo, la OMS y el Gobierno español negociaban la posibilidad de autorizar la llegada del MV Hondius a Canarias. Sanidad defendía que, si los casos sospechosos y los contactos de alto riesgo eran evacuados, no habría un “motivo clínico” para una escala en las islas. Aun así, Tenerife fue designada como referencia para atender cualquier necesidad médica urgente.
El 6 de mayo llegó una confirmación relevante: la cepa detectada era la variante Andes, un tipo de hantavirus asociado a Sudamérica y especialmente significativo porque es la única cepa en la que se ha documentado transmisión entre humanos en determinadas circunstancias. Reuters informó de que Sudáfrica identificó esa variante en víctimas del brote y de que un pasajero que había regresado a Suiza estaba siendo tratado en Zúrich tras confirmarse su infección.
Ese mismo día se activó el dispositivo internacional. Tres personas fueron evacuadas del barco en aviones medicalizados, entre ellas el médico del MV Hondius, que finalmente no fue trasladado a Tenerife, sino a Países Bajos. El crucero recibió autorización para poner rumbo a Canarias después de varios días retenido frente a Cabo Verde.

