Opinión

La campaña necesaria de Juanma Moreno

SEVILLA, 13/05/2026.- Captura tomada del presidente de la Junta de Andalucía y candidato del PP a la reelección, Juanma Moreno, mientras canta "Kilómetro sur", el himno de campaña de su partido, tema publicado en su cuenta oficial en la red social X. EFE/Cuenta oficial de Juanma Moreno en X SOLO USO EDITORIAL/SOLO DISPONIBLE PARA ILUSTRAR LA NOTICIA QUE ACOMPAÑA (CRÉDITO OBLIGATORIO)
Juanma Moreno, mientras canta "Kilómetro sur", el himno de campaña de su partido.
EFE/Cuenta oficial de Juanma Moreno en X
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Partamos de la vieja máxima política de que las elecciones no las gana nadie, siempre las pierde alguien. Y con ese miedo siempre se presenta el candidato que deja el Gobierno para convertirse en opositor durante la campaña electoral. Juanma Moreno venía de una legislatura con mayoría absoluta y va a terminar la campaña, según apuntan todos los sondeos, al borde de acariciar una nueva. Y lo va a hacer porque ha realizado una campaña muy medida, serena, en la que sus adversarios no lo han logrado mover de ese centro de acción en el que él se siente a gusto. No han conseguido desestabilizar su discurso ni su perfil ni sacarlo de sus casillas, consiguiendo así alterar la tendencia que el barón popular traía de serie; la de ganador.

Juanma en toda la campaña no se ha movido de un eje fundamental: solo hay dos opciones reales. O apostamos por la continuidad de una mayoría de progreso, estable y conocida; o apostamos por un nuevo horizonte de pactos. Y durante estos quince días, esa ha sido la dinámica. O Juanma, o los demás. O lo conocido, o la vuelta al pasado. En el imaginario del elector no había más que eso. Y la izquierda, como reclamo, solo ha podido jugar a que pierda la absoluta, no a ilusionar con un proyecto alternativo.

El gran acierto del malagueño ha sido imprimirle a la campaña esa normalidad que hace tiempo se extravío en algún war room, donde algunos lumbreras de esos que pierden el culo con anglicismos decidieron que era una gran idea ausentarse de los debates electorales. Ya les pasó recientemente a Alberto Núñez Feijóo o a María Guardiola, que se vieron penalizados al dejar sus atriles vacíos. O hace ya algún tiempo a Javier Arenas en esas elecciones autonómicas del ‘hasta aquí hemos llegado’, cuando el PP se quedó a las puertas de San Telmo.

El presidente de la Junta, con la lección más que aprendida, ha ido a los dos debates que había en liza. Y aunque no haya ganado ninguno de los dos, ha ganado yendo a los dos. Porque ha vuelto a esa senda de la racionalidad en la que el hombre que aspira a gobernar no se esconde y da la cara. Claro que tienen riesgo los debates, claro que abruma, claro que lo iban a acorralar porque es el enemigo a batir. Pero ha salido vivo de todos los envites. En el primero de ellos se notó que lo pasó mal, estaba nervioso y dejó la imagen de la copistería desparramada por el suelo. No obstante, no se llevó ningún revolcón significativo. Y en el segundo, se le vio más suelto e incisivo, seguro en el papel de líder a batir y con la respuesta preparada al que ha sido y es su gran talón de Aquiles: la sanidad y la crisis de los cribados en el cáncer de mama.

La izquierda no consiguió arrancarle ningún exabrupto ni lo pilló con el pie cambiado. Ni los debates ni la propia campaña en sí han conseguido alterar las intenciones de voto, que es uno de los grandes éxitos de esta campaña plana. Cuando se quiere derrocar a un Gobierno, conviene más el terreno farragoso, el mapa de la montaña rusa. Y Juanma Moreno no se ha desmarcado de la balsa, del mar en calma. El gran factor que ha alterado la campaña ha sido la tragedia de los dos agentes de la Guardia Civil en Huelva mientras luchaban contra el narco. Y en ese caso, la más penalizada ha sido María Jesús Montero, que en un error garrafal vinculó el suceso con los accidentes laborales, teniendo que rectificar horas después.

A los pocos sobresaltos de Moreno y a la fijeza de su tono en la serenidad, también hay que unirle que enfrente se ha encontrado a un Partido Socialista abonado a la sinrazón, obsesionado con hundirse a sí mismo. Prueba de ello fue el brutal resbalón de Montse Mínguez con el célebre tuit en el que se mostraba convencida de que los andaluces se levantarían del sofá. Una metida de pata digna de estudio, que no escribiría ni el peor de los enemigos.

Además, el gran vencedor de la campaña y de los debates, como ya avisamos la semana pasada, ha sido José Ignacio García. El de Adelante Andalucía ha hecho una campaña muy sólida y eléctrica, llegando con la flecha hacia arriba a la apertura de las urnas, sabiendo jugar con la ventaja que le daba su competidor directo, la formación de Maíllo, al ser rehén de los pactos con Madrid. García ha sabido explotar un andalucismo alegre y fresco que se ha nutrido de varios caladeros claves tanto del socialismo como de Izquierda Unida.

Y Vox, enfrascado en su cantinela de la Prioridad Nacional, ha hecho una campaña previsible que mejora por mucho la que realizaron en las anteriores elecciones autonómicas, en las que Álvaro Zancajo y Macarena Olona decidieron estampar el coche en un arrebato de soberbia y estulticia.

En resumen, Juanma Moreno ha hecho la campaña que necesitaba hacer. Una campaña sosegada, en ocasiones inmovilista, sin más riesgo que el que se precisaba. Ha llegado a la recta final con el mismo escenario del inicio. Nada parece haberse movido significativamente, por lo tanto, está en el punto de partida. Al borde de la absoluta. No news, good news.