Opinión

Mejor un bot que un novio

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¿Nos podemos enamorar de una inteligencia emocional? Lo digo ya, sí. Y por perturbador que parezca, nos lo muestra Replica, de Chouwa Liang, un documental que sigue a tres mujeres chinas que, por motivos distintos, han dejado de encontrar en los hombres un espacio de conexión, cuidado o admiración intelectual y mantienen una relación emocional con una IA.

Una está casada pero profundamente sola; otra es joven, urbana y desencantada con las dinámicas afectivas contemporáneas; la tercera, experta en tecnología y con una enorme curiosidad intelectual, siente que los hombres de su entorno no consiguen acompañarla ni emocional ni mentalmente. Todas encuentran en los avatares de inteligencia artificial algo inesperado: escucha. Replica se ha podido ver en DocsBarcelona, el festival internacional de documentales de Barcelona.

Hay algo profundamente incómodo en Replica. Y no tiene que ver con la inteligencia artificial. Tiene que ver con nosotros. Con cómo nos hablamos. Con cómo acompañamos —o dejamos de acompañar— a quienes tenemos delante. Porque lo perturbador no es que tres mujeres chinas acaben desarrollando vínculos emocionales con avatares de IA. Lo perturbador es entender perfectamente por qué ocurre: una máquina las escucha mejor que muchos hombres reales.

Dicho así parece ciencia ficción, pero basta mirar alrededor para comprobar que no lo es. Cada vez más mujeres hablan abiertamente de lo poco que compensan según qué relaciones. Ya no se conforman con tener pareja por inercia, por miedo o por mandato social.

Y en medio de esa fatiga emocional aparece la IA ofreciendo algo extremadamente básico: atención. Presencia. Escucha. El avatar responde. Pregunta cómo estás. Recuerda lo que dijiste ayer. Intenta reconfortarte cuando tienes un mal día. ¿Es real esa empatía? No. Claro que no. Pero aquí viene la pregunta incómoda: ¿cuántas personas reales lo hacen mejor?

Porque quizá el problema no sea que las máquinas aprendan a acompañarnos. Quizá el problema es que nosotros hemos desaprendido. Vivimos en una sociedad hiperconectada y emocionalmente torpe. Nos cuesta sostener el dolor ajeno. Nos incomoda la vulnerabilidad. Queremos relaciones intensas, pero sin esfuerzo emocional. Y mientras tanto, muchas mujeres llevan años haciendo de psicólogas, cuidadoras y mediadoras emocionales dentro de sus relaciones.

Hay una frase que escucho cada vez más entre amigas, y siempre aparece primero entre risas: “Con un bot sería más feliz”. Pero luego nadie se ríe tanto. Porque en realidad lo que están diciendo es algo muy sencillo: sería feliz con alguien que estuviera disponible emocionalmente. Alguien que no desaparezca cuando estás mal. Que no convierta cada conversación importante en una competición de egos. Que responda con cierta lógica y cierta ternura. Que tenga la voluntad —aunque sea programada— de hacerte sentir mejor.

Y eso es lo devastador de Replica. Que las protagonistas no parecen delirantes ni ingenuas. Son mujeres perfectamente conscientes de lo que están haciendo. No confunden un algoritmo con un ser humano. Lo que ocurre es peor: comparan cómo las hace sentir cada uno.

Las mujeres mediterráneas tenemos una ventaja cultural, las redes sociales de amigas y familiares -en el que caso de estar bien avenidas- que nos sostienen en nuestros peores momentos. Pero también estas redes se debilitan por efecto del estilo de vida hiper productivo en que nos vemos inmersas. En una dinámica diaria de exigencias constantes del trabajo, la crianza y el hogar, quedan pocas horas para tomarse un café con nuestra tribu.

Cuántas acabamos el día exhaustas en el sofá, con una pareja ajena, abducida por el móvil. Si entonces le pedimos a la IA que nos diga algo reconfortante, nos podría responder: “No tienes que demostrar tu valor todo el tiempo. Mereces descanso, ternura y alguien que te escuche incluso cuando no eres fuerte.” Qué queréis que os diga. A veces un bot, mejor que un novio.

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