Son las 09:00 de la mañana y Elena, todavía con el café sin acabar, sujeta el teléfono de Lucía en horizontal. A su amiga le sirve como espejo improvisado y mientras la puerta del Sol se convierte en un hervidero de gente que rodea la acampada, Lucía termina de retocarse el rímel.
Ha amanecido hace apenas una hora y Lucía y Elena, que llegaron a este campamento el viernes, acaban de despertarse. En la agenda de los acampados todavía queda una hora para la primera reunión. A las 10:00 de la mañana está prevista una asamblea para decidir los próximos movimientos, pero todo se adelanta y a las 10:30, los más activos de la ciudad improvisada, encabezan en la Carrera de San Jerónimo una marcha hacia el Congreso. Es la calle más rápida para ir a la Cámara Baja y los policías todavía no han cortado los accesos.

Ambas se despiertan, como el clima, algo enrarecidas. Quieren hacer todo que el sindicato marque y el resto de sus compañeros haga, pero saben que ya es tarde y que este viernes, la portada en todos los periódicos era la de Junts y su “no” a ambos decretos. “Más o menos nos podemos hacer a la idea de lo que va a pasar y bueno, nosotras aquí seguiremos luchando y haciendo todo lo que sea necesario“, dice Lucía.
Hacia un “Rodea el Congreso”
Furgones blindan toda la Puerta del Sol pero los agentes, sólo con orden para disuadir si fuera necesario, flanquean a los cientos de manifestantes que, calle arriba, se dirigen hacia el Congreso. La idea es estar allí a las 11:00 de la mañana, justo cuando el pleno comenzaba. Todavía faltaría mucho para que comenzara la votación, que Armengol ofició a las 15:01 de la tarde.

A esa hora, la Carrera de San Jerónimo ya no se puede cruzar de un lado a otro. La marcha que salió de Sol con un par de cientos de personas ha ido engordando a cada manzana, y a la altura del Congreso la calle entera es una masa compacta de pancartas, banderas sindicales y teléfonos en alto grabando.
Lucía explica a Artículo14 que la movilización es cada vez más grande. “No podemos ocupar más de la plaza. Nos han dicho que van a ir a Callao y a Ópera para no molestar más. Aquí estaremos para lo que sea”.
El Congreso blindado
Durante esas cuatro horas de espera, el cántico que más se repite no habla de un partido concreto, sino de una promesa incumplida. “¿Dónde está ese gobierno progresista?”, gritan en oleadas frente a la verja del Congreso, mezclado con consignas que apuntan a toda la clase política por igual, acusada de años de inacción mientras el precio de la vivienda sigue disparado.
El reproche no sólo se lanza a Junts por su “no”, también al “Gobierno proresista más rentista de la historia”, corean los manifestantes. “Nosotras estamos poniendo nuestro granito de arena y aunque no salgan los decretos esperamos que esto tenga resultados reales porque hasta aquí hemos llegado”.
A las 15:01, cuando Armengol da paso a la votación por llamamiento, la plaza de Cedaceros enmudece de golpe. Del ruido al silencio en apenas un minuto.
Cientos de personas dejan de gritar y sacan el móvil para seguir en directo cómo cada diputado dice en voz alta su voto. El silencio dura varios minutos, roto solo por algún nombre que se escucha mejor que otros.

La decepción
En voz alta y diciendo nombre y apellidos de cada diputado antes y después de su voto, la esquina de San Jerónimo con Cedaceros muy pendientes del voto de Pilar Calvo, la primera diputada de Junts que despejaría todas las dudas de golpe sólo 12 minutos más tarde de comenzar la votación. “No”.
Cuando se confirma que los dos decretos han caído, con los votos en contra de PP, Vox, Junts y UPN, el silencio se rompe de golpe: abucheos, algún llanto contenido y, enseguida, el grito que lleva semanas calentando motores entre los colectivos de inquilinos. Huelga general. Es la frase que empieza a corear la plaza entera, la misma que los sindicatos llevaban días dejando caer como amenaza si el Congreso tumbaba las medidas. Lo que hasta ayer era una posibilidad lejana, a media tarde ya sonaba, en la Carrera de San Jerónimo, como la siguiente cita en el calendario.

De momento, confirma el Sindicato de Inquilinas a este periódico que “nadie se mueve en Sol”. El siguiente paso, hoy, con una manifestación en Madrid. Y en pocos días con una huelga general, todavía sin concretar.

