Suad Ahmed entra a trabajar a las 10:00 pero conseguimos quedar con ella una hora antes: a las 09:00, en el paseo del Revellín, en pleno centro de Ceuta. Hace apenas una hora que ha amanecido y sobre las calles del casco histórico, ya despiertas, pasean vecinos yendo a trabajar. Las cafeterías, casi llenas, sirven cafés y los negocios que todavía no están abiertos les falta muy poco. La melodía que escuchamos a estas horas es la que provocan decenas de persianas metálicas abriéndose.
Fuera de contexto, parece que el centro poco a poco ha recuperado algo de normalidad, pero a cada paso que damos vemos un militar, un blindado del ejército o patrullas de la policía nacional. Recorren las calles agentes de la Guardia Civil y, sobre el cielo, drones y helicópteros recorren los 19 kilómetros cuadrados que ocupa Ceuta en el mapa. En menos de 100 metros vemos una ciudad completamente blindada, y en las bocacalles, a lo lejos, algunos menores descansan sobre bancos y otros, los que duermen en las playas, comienzan también el día.

“No estamos siendo un ejemplo de convivencia”
Suad es musulmana y española. Y desde hace dos meses ha visto como el equilibrio social histórico que ha habido en su ciudad natal se ha ido resquebrajando. “Es verdad que Ceuta ha sido un ejemplo de convivencia entre musulmanes, cristianos y hebreos”, dice. “Pero no creo que ahora mismo estemos siendo ejemplo de nada”, termina explicando.
Andamos con ella hasta la plaza donde termina el paseo del Revellín y comienza Gran Vía. El puerto, de fondo, tiene decenas de barcos atracados y si no fuera por la cantidad de militares, se respira cierta normalidad. Pero poco tarda Suad en desmentirlo: “Tú sales a tomarte algo después de trabajar y todas las mesas hablan de lo mismo. Sales por la noche a cenar con tu pareja e ídem”, nos explica sobre cómo ha afectado la crisis a una ciudad de apenas 80.000 habitantes.
Suad, que es “la primera que tiene interés en volver a ver Ceuta en la normalidad”, reconoce que está siendo complicado. Hoy se cumplen dos meses desde que, por la frontera sur de la ciudad autónoma, la puerta del Tarajal, entraron 80 mil migrantes marroquíes mientras las patrullas fronterizas -a uno y a otro lado- y completamente desbordadas, sólo miraban cómo cientos de personas cruzaban. Los que tenían más suerte lo hacían con aletas o flotadores, mientras la inmensa mayoría bordeaba el espigón en el que días mas tarde se supo que habían muerto al menos 140 personas.

“Hay una parte de la población ceutí que está sufriendo agresiones”
“Esto nos ha afectado a todos, pero es verdad que hay una parte de la ciudadanía que está sufriendo agresiones, humillaciones y comentarios islamófobos”, explica Suad. “Yo soy caballa, pero ahora sólo escucho lo mismo…” dice, antes de enumerar la cantidad de insultos que ha recibido en estos dos meses. “Traidores, lo lleváis en la sangre, es que todos sois iguales…”. Lo peor de todo es que muchos de estos comentarios, explica, los ha recibido de vecinos o compañeros de trabajo. “Personas con las que he ido de viaje o he compartido mesa tomándome unas cañas”.
Ceuta es, junto con Melilla, la ciudad española con mayor proporción de población musulmana. Las estimaciones de la Unión de Comunidades Islámicas de España (UCIDE) sitúan a esa comunidad en torno al 40% de los cerca de 80.000 habitantes de la ciudad, la inmensa mayoría de nacionalidad española y nacida ya en Ceuta. Es una convivencia que se remonta a generaciones y que, históricamente, se ha presentado como ejemplo de coexistencia entre culturas y religiones en un territorio de apenas 20 kilómetros cuadrados.
Pero la entrada masiva de migrantes marroquíes del pasado 30 de julio ha tensado ese equilibrio. Desde entonces, vecinos y asociaciones denuncian un repunte de comentarios y actitudes islamófobas contra la población musulmana ceutí, equiparada por parte de la ciudadanía con quienes protagonizaron la avalancha en la frontera pese a no tener relación alguna con ella. En las redes sociales locales circulan mensajes que alimentan la desconfianza mutua, mientras crece también el hartazgo de una ciudad pequeña, acostumbrada a vivir de cara al Estrecho, que ve cómo la crisis migratoria ocupa cada conversación, cada sobremesa y cada terraza, dos meses después de que la frontera se desbordara.

“Será complicado volver a la normalidad”
Son las 09:50 y Suad entra en apenas diez minutos a trabajar. Le hacemos la última pregunta.
– ¿Crees que Ceuta volverá a esa convivencia histórica?
– “Volverá, espero. Pero va a ser muy complicado…”, sentencia.

